Dones
IV. Collie
Sol en el cruce de Spalefields, llovizna
en el puente de Beley,
doradas que refulgen en la oscuridad
de los estanques de las piscifactorías.
Hay tres hombres que cortan el heno
en el camino a Kinaldy
y ese aroma inunda mi coche
de camino al trabajo,
un tractor bloquea la callejuela
y no deja pasar el furgón del correo;
un perro corretea entre las casas
entre ruidos torpes
que espantan a los faisanes.
Por momentos pienso que ese perro sabe
lo que nadie puede saber:
si el futuro será afortunado o amargo,
lo que explicaría su repentino frenesí;
e imagino, por momentos,
su mundo entero oloroso a miasma,
el intrincado dulzor del aceite,
las variedades de la lluvia,
la pelota de pelos y de moho
atrapada en el desagüe del muelle, y arrancado de su escondrijo, ese animal que se agacha bajo la hoz,
sorprendido entre la hierba,
incapaz de huir.