Dones

John Burnside · Capítulo 37 de 46

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Dones

II. Idir eathara

 

y los muertos siguen entre nosotros,

cada día

vienen tierra adentro desde el cabo: los magros muertos tocados con la sal de la distancia,

marcados con el azul

de los lechos de ostras,

sus caras entrevistas y extraviadas

entre los árboles, en otra costa;

y seguro que también están aquí aquellos otros,

los no nacidos aún,

con el rastro del mundo que vendrá

en los párpados y los dedos,

con los nombres que han de recibir y que llevarán hinchándose al viento, o quemados por el sol;

aunque no lo parezca, la quietud de la tarde

continúa, mientras un hombre vestido con ropa de trabajo

se afana en su barca;

una joven se dirige a la orilla

empujando una silla de ruedas: su madre, digamos,

o una amiga

de la familia, envejecida y pobre,

que sobrevive,

quizá,

gracias a algo

lejano: una frecuencia,

un cielo

que nadie más puede ver

otro tiempo

que se abre en la luz que la acompaña a la calle y pasa por el ojo de una aguja:

una forma

tan incolora como el nacimiento

de la memoria.

Quizás ella sabe que va

a encontrarse de nuevo con ellos, y quizás hasta sabe sus nombres: niños que se ahogaron en el mar en los límites de Port aux Rocs,

la tía abuela que cayó en un sueño

de manzanas y de impoluto lino

en Le Paradis.

El hombre de la barca hace a un lado

sus herramientas, se quita

las gafas protectoras y observa

lo que queda por hacer; tiene manchas de pintura y aceite en los dedos, los ojos del color del mar

ahondados por años

de luz marina,

pertenece a otro tiempo, al oficio y las conjeturas de algún viejo clan de marineros, preparados para partir

en todo momento, muchas veces

dados por perdidos, negociados con el cielo

en cada oración o canto que encargaron

a otros cantar o murmurar en la oscuridad

mientras ellos salían al océano, con los muertos y los nonatos,

prometidos al espacio que han atisbado

pero que no pueden explicar,

a kilómetros de distancia de lo que conocen: la capilla, el puerto, la risa de las mujeres, la música de las tardes de verano.