Dones
II. Liturgia
… el instante en que nos reconocemos
solos en el azul del níspero, el dorado del membrillo, y en esas bolsas de muselina en la penumbra, blancas como una declaración;
con la cesura del año, las frutas
se pudren en el tejado,
magulladas y ásperas,
mientras soñamos y trabajamos,
y todo en busca
de una esencia:
un destilado ámbar
y agridulce, no del verano, sino
de la mañana definitiva
rocío, hojas nuevas, frío—;
huellas de zorro pespuntan el prado
con la promesa de la muerte,
pero allá lejos, en los campos de remolacha,
lo irreductible
se mezcla en el verdor plural,
inculto, y recomenzando.