Dones

John Burnside · Capítulo 30 de 46

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Dones

V. La brière

 

Resulta que lo que llamamos alma

es sobre todo sonido;

no canto, sino evocación de pájaros

o de agua que corre,

de un remo que chapotea

y se hunde,

de barcazas que golpean el muelle

en la tranquilidad de sus amarras;

la muerte será, por tanto, el más lento

y más seguro apagarse que podamos imaginar; no mera extinción, como la del silencio

de la ciénaga, cuando por la noche los patos, en grupos de tres y de cuatro, llegan a chapotear, buscando la tierra oscura; no la pausa de un momento: la decadencia absoluta en que la ausencia es una forma

de generación.

Afuera, en la oscuridad de esta noche,

nuestras voces vienen y van

como abejas al acecho;

no hay sitio para el que parte, sino el lugar

de su propio comienzo:

un nombre cualquiera, una palabra, la variación sutil de lo durable, el fulgor indecible,

no cielo, tierra o carne,

sino algo aún más fino:

la llamada a cruzar el lago que creías

la nada, aunque continuamente acontece;

principio y fin,

pisada, hoja que cae, silencio.