Dones
X. Más allá
Cuando hayamos partido
nuestras vidas seguirán sin nosotros;
cuando menos eso creemos,
y hasta tratamos de imaginar
el hueco que dejaremos, lleno
del fulgor de algún otro:
a otro recogiendo los frutos
del ciruelo del jardín;
a otro a lo suyo, en un cuarto
repleto de estrellas,
sin sacar nada en claro
que no sea
el fallido goce, la inarticulada
convicción de que el después no vendrá
sin que aceptemos
desapegarnos de las cosas
y dejemos escapar
el fantasma de un alma
que solo aparentaba ser
al pasar.