Dones

John Burnside · Capítulo 26 de 46

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Dones

Cuatro cuartetos

SAINT-NAZAIRE[*]

 

I. L’IMPASSE DE L’OCÉAN

 

Hay hojas a la deriva por los callejones

que rodean la iglesia católica

de Saint-Nazaire,

liofilizadas, silenciosas, del color del papel de estraza, se amontonan en los rincones, entre farmacias enrejadas y peluquerías desiertas,

o revolotean por las callejuelas rotas

hasta que todo se vuelve polvo: hojas y tallos

y montones de arena, todo

in pulverem , menos

las crestas rocosas de los guardacantones

y los ganglios nerviosos de los ciclamores caídos.

Camino por barrios pobres, sin viento

—bloques, perros, cristales rotos, chantiers—, en dirección al cielo y al olor de la marea,

y leyendo los nombres en un mapa: rue Lumière, impasse de Toutes Aides,

impasse de l’Océan.

En algún sitio tañe una campana,

aunque no puedo precisar

si es en la iglesia

o en altamar;

cuando cae la tarde, el agua se desangra

en el rosado horizonte por el que los barcos parten

hacia las pesquerías, o hacia otras ciudades portuarias como esta;

las luces solo brillan

en la distancia, y no importa donde estemos

el mar siempre queda en otro sitio. La constancia de las gaviotas y de las focas está

fuera de lugar cuando la luna sale

y flota sobre los neones centelleantes, letreros

de Europop o de supermercados Champion;

los niños pedalean por los hangares abandonados de los submarinos alemanes, hay muros bombardeados por motores y fumarolas exhaustas que coronan los muelles

y luces que tiñen el agua de azul.

En el puente a Petit Maroc,

un letrero: VAGUER LA NUIT

DANS DES LUMIÈRES NARRATIVES,

una invocación, tal vez, o una oración,

aunque en realidad no hay más que lo que dice:

el viento en mis ojos

y la helada luz del aire

mientras vago de una lámpara a otra hasta el borde de la noche,

y me detengo sobre el quai des Marées

a mirar

el océano.