Dones
Cinco animales
I. ZORRO POLAR
Fue cosa de suerte, supongo
—aunque lo haya vivido de otro modo—,
cuando abandoné la carretera
y me orillé en el refugio de nieve
a estirar las piernas
y el zorro polar
se acercó sigiloso, desde la distancia;
no era verano aún, para entonces:
su plateado pelaje enhebrado
de castaño y marrón, el gesto
indiferente, aunque mirándome
por un momento fijamente,
olfateándome,
o tanteándome, quizá
—pensé—,
por cortesía,
sin sorpresa:
habituado,
al contrario que yo,
a la ley de la tundra,
a la lógica salvaje que dicta:
cuando nada parece que pasa,
lo que pasa, siempre,
es la ocasión
de que pueda pasar.