Dones

John Burnside · Capítulo 35 de 46

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Dones

V. Comienzo

 

Lo peor es llegar al fin

y no saberlo;

mi madre, por ejemplo,

a punto de morir, actuando

como si el futuro

existiera, cuando para ella no había

sino un presente absoluto,

un vaticinio, que rondaba por sus ojos,

idénticos al frío, o al hollín,

un entierro

que ya se ensayaba entre sus dedos;

o ese buitre; que destripa a su presa

sobre la vía abandonada,

con su último invierno

desplegándose alrededor:

rastros de ovejas

y nieve sucia

y el hondo cielo encima

delatado

por el blanco primigenio

de las estrellas.

Sin duda, la tierra

nos olvida, mientras cruzamos

de un lado al otro:

vivos y muertos,

hermanos, errantes,

desvaneciéndonos a los pies del muro,

como la nieve, o como un imperceptible

cambio en la dirección del viento;

pero no hay fin,

sin embargo,

ni tampoco resurrección,

sino el trabajo sutil

de ser:

nacer

mutabilitie;

el negro

entre el piñón y la nieve;

la carne dispersa,

la dulce interjección del rocío

llegando

a una obvia conclusión:

logos y agua, omphalodes,

huesos cantores,

calor carroñero

que emerge del frío.