Dos soles
44. Elder
Me visto rápidamente y bajo las escaleras a toda prisa. Cuando llego al límite del poblado, Chris y Amy ya han atravesado el prado y se internan en el bosque. Deben de dirigirse a la lanzadera; tal vez a Amy se le haya ocurrido hacer algún análisis nuevo. Sí, tiene que ser eso.
Me detengo. Si los sigo, me oirán al cruzar el prado. Además, sería una imprudencia: meterme en el bosque desarmado y solo tal vez sea la mayor estupidez que podría cometer en este momento.
Y sin embargo, tengo la chulza de dudarlo por un instante.
Al final me contengo y vuelvo al poblado. Trato de convencerme de que debo estar al lado de mi gente, pero no dejo de pensar en Amy. Por más que lo intento, no logro desterrar de mi mente la pregunta de qué estarán haciendo Amy y Chris, solos, en la oscuridad. Juntos.
Bordeo los edificios donde roncan los terrícolas y me interno en la zona ocupada por mi gente. En cada edificio hay al menos una persona despierta. Heller, el antiguo alimentador, está sentado en el escalón del umbral, mirando el cielo. A su espalda se distinguen las siluetas de unas veinte personas dormidas. No tienen camas, pero han intentado acomodarse lo mejor posible sobre un montón de ropa y mantas.
—No puedo quitármela de la cabeza —dice Heller en voz baja cuando paso a su lado.
Dudo mucho que se refiera a la misma chica en la que yo estoy pensando, así que le pregunto de quién habla.
—De Lorin —responde. La primera que murió en este planeta; la víctima inicial de una amenaza que aún no hemos podido identificar—. Era una buena persona. No hubiera debido morir.
—No creo que lo uno tenga mucho que ver con lo otro —replico, y él suspira sin despegar la mirada del cielo.
Me pregunto si buscará la Fortuna, si deseará encontrarse aún allí.
Cuando acabo la ronda, vuelvo a la entrada del poblado y me acerco al edificio en el que Amy vive con sus padres. Me asomo con disimulo a su ventana y veo que no ha llegado todavía. ¿Cuánto tiempo llevan fuera? ¿Habrán tenido algún problema? No sé qué me da más miedo: si la idea de que les ha pasado algo o la de que están tan a gusto el uno con el otro que no quieren regresar.
Algo brilla un poco más allá. Me agacho y avanzo sin hacer ruido hasta la ventana por la que sale el resplandor.
—Estoy harta de mentiras —dice la madre de Amy, y la aplaudo mentalmente.
Me pongo de puntillas y atisbo el interior de la casa para ver con quién está. Como era de esperar, su interlocutor es el coronel Martin.
—No habrá más —responde él en tono sincero—. Solo intentaba cumplir órdenes.
—Tú y tus órdenes… —replica ella, en un tono exasperado pero casi comprensivo—. Entonces, ¿todo es por esto?
La luz de la estancia se hace más brillante, y veo que la doctora sostiene en la mano algo pequeño y plano que parece relucir. Contengo una exclamación: es la escama que encontré en el túnel y que el coronel me arrebató.
—¿Quién habría pensado que esto puede ser tan valioso? —se extraña la madre de Amy.
—Creo que… —el coronel se interrumpe—. ¿Qué ha sido eso?
Aguzo el oído hasta descubrir lo que le ha alarmado: en el otro lado del edificio suena un ruido de pasos.
—Debe de ser Amy; ya es hora de que vuelva —le tranquiliza su mujer.
La luz disminuye de intensidad y me doy cuenta de que han guardado la escama.
Rodeo con sigilo el edificio y llego a la fachada justo a tiempo de ver cómo Amy y Chris se detienen y se dan la vuelta para mirarse. Me aprieto contra la pared para que no me vean.
—Gracias por acompañarme —dice Amy—. En cuanto a lo de antes…
¿Antes? ¿Cómo que antes? ¿Qué ha pasado en el bosque?
—Olvídalo, ¿vale? Aunque… —dice Chris, removiéndose como si estuviera incómodo.
Y entonces…
… inclina la cabeza hacia Amy…
… cierra los ojos y se acerca un poco más…
Mis manos se cierran hasta convertirse en puños y, por un momento, lo veo todo rojo. Voy a arrancarle la cabeza a este cretino del frexo.
Amy da un paso atrás y ladea la cabeza.
—Amigos, ¿recuerdas? —le dice con voz suave.
Mis músculos se aflojan de golpe. Menuda chulza tengo.
Los labios de Chris dibujan una sonrisa desganada.
—Sí, amigos —responde, y se queda mirando cómo Amy desaparece por la puerta.
Sin embargo, su manera de mirarla deja claro que haría cualquier cosa por redefinir el término.