Frontera Sur
Capítulo 76
—Foucault. ¿Quieres decir, Vero, que el padre de Susana era el mismo tío que había metido en el negocio a Berta Gardes?
—Las grandes ciudades suelen ser muy pequeñas, Clara.
—¿Y la hija vivió con tu padre?
—Años, por lo que he podido averiguar. Es una parte de la historia que no le debo a mi madre. Sospecho que ella no sabe nada de aquello.
—¿Y tú? ¿Cómo lo has sabido?
—Fundamentalmente, por Beckman. Llegué a tratarle bastante. Tú ya conoces a su hija, Luna.
—¿La mujer de Tristan?
—Correcto. Ya ves cómo todo se ata. El viejo Beckman se suicidó en el setenta y uno… pero ese es otro asunto.
—Tu abuelo, Ramón, tiene que haber conocido esa relación.
—Sí, pero cuando mi padre se casó con su hija, aquello pertenecía por entero al pasado, y él prefirió no removerlo. Era un hombre tan leal como discreto. Quería mucho a mi padre, es cierto. Vero también es cierto que jamás dijo que el hijo de Nene Barrientos no fuera suyo. Yo me enteré de la verdad por Matías Glasberg, que pasó bajo el techo de la mujer los días que siguieron a la liberación de Jeved.
—¿Fueron felices?
—¿Glasberg y Jeved? Todo lo feliz que se puede ser, imagino. Siete hijos y dieciocho nietos. Uno de los nietos desapareció durante la dictadura. Otros viven en Buenos Aires. Otros, en Israel. Ellos murieron alrededor del ochenta.
—¿Gardel volvió a ver a su hijo?
—Aquel mismo año veinticinco.
—Intensísimo, por lo que se ve.
—Nació mi madre. Además, fue un año de triunfo para el anarquismo. El 6 de junio, Severino Di Giovanni le hundió al embajador de Italia la celebración del aniversario de la coronación de Vittorio Emanuele, y de Mussolini. Él se había exiliado después de la Marcha sobre Roma, la cosa fue en el Teatro Colón: no se pudo pasar del himno de apertura… Gardel aún cantaba en dúo con Razzano cuando visitó Buenos Aires el príncipe heredero de Inglaterra, Eduardo de Windsor, quien, como se sabe, hubo de renunciar al trono por sus compromisos con el fascismo: los dos actuaron para él. En septiembre, se disolvió la sociedad. El 17 de octubre, Gardel vino para Barcelona, solo. Mientras estuvo en la ciudad, visitó al chico y le llevó regalos. Lo mismo sucedió en el veintiséis, y en el veintisiete, aunque con menor frecuencia. En el veintiocho, se acabó.
—¿Cómo conoces tantos detalles?
—Cuando Glasberg me explicó lo que sabía, fui a has Flores. Nene, como era lógico, había muerto. Pero encontré a mi tío putativo, lorenzo, que me dejó leer cartas y me saturó de minucias.
—¿Cómo vive?
—Es maestro. Y el único argentino que no escucha a Gardel.]