Hellhole

Brian Herbert · Capítulo 101 de 106

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Hellhole

Capítulo 99

99

 

 

Después de años como técnico de mantenimiento de las rutas intergalácticas de la Constelación, Turlo Urvancik encontraba reconfortante trabajar para alguien que sabía lo que estaba haciendo, alguien en quien tanto él como su mujer podían creer.

Tras su declaración de independencia, el general Adolphus los había sacado de la nueva red de la Zona Profunda y había devuelto la Kerris al mismo anillo terminal de la ruta de Sonjeera. Recorrerían su vieja ruta.

—Tenemos tiempo, pero no mucho —dijo el general—. Para bien o para mal, la Diadema se sentirá obligada a responder con una violencia extrema, y debemos estar preparados.

—Haremos todo lo que podamos, señor —prometió Turlo—. Sólo tiene que darnos instrucciones.

Turlo había notado que su esposa parecía más fuerte y resuelta desde que habían cambiado de bando, más apasionada. Ella le decía: «Es lo mínimo que podemos hacer por la memoria de nuestro hijo. Siempre nos consideramos buenos ciudadanos. Nunca dudamos de la Diadema, nos creímos sus sonrisas, y ahora sólo de pensar en ella se me revuelve el estómago».

—Sí, General —dijo Turlo—. Nos engañó a todos, y a un número incontable de familias como la nuestra. ¿Cuántos padres como nosotros tienen un monumento dedicado a sus hijos o hijas caídos? ¿Cuántas familias como la nuestra creyeron la propaganda y sufrieron por ello?

—Si yo puedo evitarlo, no habrá ni una más —le prometió solemnemente el general Adolphus.

Turlo y Sunitha se marcharon de Hellhole en el que podría convertirse en el viaje más importante de sus trayectorias profesionales, y surcaron el espacio por la ruta intergaláctica de Sonjeera, siguiendo la senda de iperión que con tanto mimo habían cuidado durante su tiempo de servicio a la Constelación. Ambos tenían la sensación de que estaban emprendiendo una misión importante y de que desempeñarían un papel fundamental —muy distinto al de dejarse arrastrar por los acontecimientos— en unos cambios que debían haberse dado mucho antes…

Dos días después de haber partido de Hellhole, llegaron a la enorme subestación con la central energética y el colimador de iperión. Turlo desaceleró la Kerris, sacó la nave de la ruta y apagó el motor. Había que esperar.

—Nunca me había propuesto ser un héroe, ¿sabes? —comentó en voz alta—. Durante toda la vida nos hemos entrenado para ser justamente lo contrario.

Sunitha suavizó el gesto y sus ojos adquirieron un brillo húmedo.

—Todo aquel que planifica su vida con el propósito de convertirse en un héroe está perdido. Pero si eres una buena persona, una persona fuerte, puedes convertirte en un héroe cuando las circunstancias lo exijan. —Sonrió fríamente—. Como ahora.

—Hasta hoy no me había parecido que valiera especialmente la pena jugarme el pellejo. Es un nuevo sentimiento, y me llena de satisfacción.

Turlo empezaba a comprender el ardor y el optimismo que habían embargado a Kerris cuando se había alistado… aunque su hijo había perdido esa dedicación y ese impulso antes de su ignominiosa e innecesaria muerte.

Turlo atracó la nave para que Sunitha pudiera ponerse el traje —era su turno esta vez— y salir para instalar las cargas explosivas. Si se daba la necesidad, bastaba una orden del general para que cortaran la vieja ruta, y entonces cualquier nave que estuviera recorriéndola desde Sonjeera quedaría aislada y a la deriva.

Después de todos los años que habían pasado al cargo del mantenimiento de aquella ruta, Turlo esperaba que no fuera necesario llegar a ese extremo. Sin embargo, hacía tiempo que había abandonado la inocente creencia de que el gobierno de la Constelación respondería de un modo racional.