Hellhole

Brian Herbert · Capítulo 76 de 106

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Hellhole

Capítulo 74

74

 

Adolphus llevaba mucho tiempo esperando aquel día. Por fin se había completado la primera ruta de la nueva red intergaláctica de la Zona Profunda. ¡Un día histórico! Aunque pudiera sonar exagerado, se trataba realmente del principio de una nueva era para los planetas fronterizos.

El socavón que se había abierto en el complejo de Ankor ya se había reparado, y se habían pavimentado las extensas pistas de aterrizaje. Si las pruebas seguían arrojando resultados positivos, muy pronto empezarían a lanzarse los contenedores de subida hasta la nueva estación espacial central para su posterior distribución a los planetas de la Zona Profunda, y los contenedores de bajada entregarían las mercancías traídas por las naves que atracaran en sus puertos de acoplamiento.

Aquel día marcaba el inicio de todo. Las miradas curiosas, atraídas por las historias sobre resurrecciones y por las multitudes que acudían a las charcas alienígenas, se dirigían a Fuenteviscosa y al cada vez más extenso asentamiento de xayanos sombra vecino. Nadie prestaba atención al complejo de Ankor ni a las actividades que se llevaban a cabo allí.

Adolphus todavía esperaba obtener unos beneficios más directos de los conversos y de la raza alienígena resucitada; sus poderes telemánticos poseían un potencial tremendo, y esperaba poder añadirlos a las medidas defensivas de Hellhole. Sophie Vence le había dejado atónito cuando le había explicado que los conversos se habían unido para desviar una tormenta electrostática que había estado a punto de arrasar Fuenteviscosa. Sin embargo, contara o no con la ayuda de la telemancia alienígena en Hellhole, tenía que elaborar un plan estratégico completo para la defensa de la totalidad de la Zona Profunda.

Adolphus no había perdido de vista dónde había depositado sus sueños y su destino. En efecto, la civilización xayana le fascinaba, y fantaseaba con su descomunal potencial —tanto para el desarrollo de su colonia como para la defensa de Hallholme —, pero la red de rutas intergalácticas independiente era muchísimo más importante. Ya tendría tiempo para estudiar la raza extinguida cuando la independencia de la Zona Profunda se consolidara.

Si alguien sobrevivía para verlo.

Ahora, durante las horas previas al amanecer, el complejo aparecía profusamente iluminado. Adolphus había acabado de prepararse dos horas antes de la hora estimada para la llegada, pues había sabido que esa noche no iba a poder dormir. A pesar de que los ingenieros de la ruta habían calculado y recalculado el tiempo que duraría el viaje desde Candela, era la primera vez que se probaba la ruta, y Adolphus sabía perfectamente que la práctica no siempre era fiel a la teoría.

Rendo Theris, el hombre que se había hecho cargo de la administración de Ankor tras la renuncia del afligido Tel Clovis, deambulaba por la cabaña de la gerencia hecho un manojo de nervios. Había estado bebiendo café local para aguantar despierto toda la noche.

—Ningún mensaje todavía, señor. Esperamos que se esté cumpliendo lo programado.

Hacía cinco días había llegado un mensaje en una nave MRL en el que se comunicaba que la primera trazadora había finalizado con éxito el establecimiento de una senda de iperión que conectaba Hellhole con Candela: la primera línea de la nueva red de transporte de la Zona Profunda. La trascendencia de la noticia era equivalente al «Remache de Oro» del ferrocarril transcontinental; un acontecimiento sobre el que Adolphus había leído en los libros de historia antigua de la Tierra. A lo largo de las siguientes semanas, toda la flota de sus naves trazadoras minuciosamente coordinadas llegaría a sus destinos, repartidos por toda la Zona Profunda, y todos los planetas quedarían unidos por la nueva red. Sin embargo, ahora estaba realizándose el viaje de prueba.

—¿Cree que Candela sólo enviará a un voluntario para probar si funciona? — inquirió inquieto Rendo—. La ruta no se ha verificado aún.

Adolphus esbozó una sonrisa apenas perceptible y meneó la cabeza.

—La administradora Hu estará a bordo de esta primera nave. Sería capaz de despedir a quienquiera que le sugiriera lo contrario. ¿La estación central orbital ya funciona a pleno rendimiento?

—Ocho de los doce nodos ya están operativos, General, y al resto no les queda nada. Cada pocos días se pone uno en funcionamiento y se realizan las pruebas pertinentes. Todo estará listo para el día S, señor. No se preocupe.

Aun así, Adolphus tenía muchas cuestiones de las que preocuparse. Aquella provocativa situación prácticamente garantizaba el estallido de una guerra contra la Constelación, de modo que tenía que poner los cimientos de su victoria con la celeridad suficiente para que las poderosas fuerzas de la Diadema no tuvieran tiempo de reaccionar… incluso aunque al final se viera obligado a recurrir a la destrucción de las conexiones de la red de rutas intergalácticas que unía Sonjeera con la Zona Profunda.

Tanja Hu, una de sus aliadas de más confianza, se encargaría de la primera ruta de prueba, seguida de cerca por Ian Walfor y los otros nueve compañeros en la conspiración. Habían comprado sus naves discretamente y éstas estarían listas para defender los anillos terminales, un único punto vulnerable, sin importar lo grande que fuera la flota que el ejército de la Constelación enviara contra ellos.

Adolphus había recibido informes de sus células clandestinas instaladas en el resto de los planetas de la Zona Profunda. Según decían, desde hacía seis meses se había incrementado el número de ciudadanos locales reclutados, y entre el pueblo no dejaba de crecer el descontento con la opresión que ejercía la Diadema, si bien en ninguno de los planetas a sus habitantes se les pasaba por la imaginación que podían estar tan cerca de la independencia.

Adolphus sabía que estaba a punto de desencadenar una tormenta. Las naves trazadoras debían llegar a sus destinos, tan lejanos entre sí, con la simultaneidad que permitían planificar unas distancias tan grandes. Lo harían sin que nadie se enterara, e instalarían un anillo terminal en la órbita de sus respectivos planetas de llegada de la Zona Profunda. Había que tener en cuenta cualquier eventualidad y estar preparado. Con esa idea en mente se habían desplegado operativos secretos en todos los planetas de la Zona Profunda de cuyos administradores Adolphus y sus socios conspiradores sospechaban que podían alinearse con la Constelación y oponerse a la independencia. Dichos operativos estaban armados y listos para tomar el poder de un modo inmediato.

—¿Qué me dice de la nueva conexión con Buktu? ¿Alguna noticia de Ian Walfor? Se alegrará de poder cambiar sus lentos cacharros MRL por naves comerciales veloces.

Theris revisó sus archivos, aunque sin duda no le hacía falta ni pensar la respuesta.

—El administrador Walfor iba a bordo de la nave trazadora y debía haber llegado a Buktu ayer o anteayer. Se espera la llegada de su viaje de regreso inaugural en cualquier momento. Si los cálculos son correctos, la enlazadora de Candela arribará en menos de una hora, señor.

Setenta minutos después, justo antes del alba, la nave de la ruta intergaláctica de Candela entró en el sistema de Hallholme; un error de diez minutos en el cálculo que desconcertó a los ingenieros y deleitó al pragmático general. Todo estaba transcurriendo según el plan. Adolphus habría deseado más que cualquier otra cosa en el mundo estar sentado en la sala de control de la estación central y dar la bienvenida personalmente a Tanja Hu. De momento, sin embargo, debería seguir cumpliendo la promesa que había realizado a la Diadema y permanecer en el planeta; era una cuestión de honor.

Excepto por su puñado de aliados, el resto de los administradores planetarios de la Zona Profunda habían permanecido ajenos a su atrevido plan. Pero en cuanto quedara al descubierto el sinfín de oportunidades que ofrecía, cualquier persona sensata vería las ventajas de una red de transporte alternativa, incluso aquellos que todavía se consideraban súbditos patrióticos de la Constelación de la diadema Michella.

No obstante, Adolphus debía ofrecerles algo más concreto que simples palabras. Era imprescindible demostrar la superioridad de su visión de futuro. Tenía que funcionar.

Rendo Theris se tocó el auricular intercomunicador y una sonrisa iluminó su rostro.

—¡La administradora Tanja Hu ha acoplado con éxito su nave en el anillo terminal!

En la pantalla de comunicaciones de la cabaña, la morena administradora de Candela se inclinó para asomarse a la zona encuadrada por la cámara. Parecía tremendamente satisfecha.

—Solicito permiso para bajar a la superficie, general Adolphus.

—Se lo concedo con todo mi entusiasmo.

—Entonces en seguida estaré ahí abajo.

Rendo deambulaba hecho un manojo de nervios por la zona de aterrizaje mientras el módulo de pasajeros descendía de la estación orbital. Adolphus, sin embargo, permanecía tranquilo bajo los focos reflectores. Al este, el horizonte aparecía teñido por una luz brillante.

—Relájese, señor Theris. Si hemos sido capaces de construir toda una red de rutas intergalácticas, no deberíamos tener muchos problemas para hacer aterrizar un módulo de pasajeros.

Adolphus escudriñó el cielo verdoso intentando encontrar el destello del vehículo espacial. Un resplandor precedió el estruendo de motores desacelerando, y casi acto seguido, el módulo de pasajeros se posó en una de las pistas pavimentadas de Ankor, sin sobrepasar cinco metros el lugar previsto para su aterrizaje.

Adolphus, con todo el decoro que pudo reunir dado el orgullo y la emoción que lo embargaban, enfiló a trancos hacia el vehículo para recibir a Tanja Hu. Se abrió la puerta del módulo y apareció la morena administradora de Candela, deslumbrada por la luz matinal.

—Bienvenida a nuestro nuevo aeropuerto espacial de Hellhole, administradora — dijo Adolphus, estrechándole con brusquedad la mano.

Tanja paseó la mirada por el paisaje escabroso que rodeaba Ankor, todavía cubierto por las sombras del alba.

—Permítame saborear este momento, General. —Dio unos golpecitos con los nudillos en el casco humeante del módulo; si el metal todavía caliente le quemó la piel, Tanja no dio muestras de ello—. Desde hoy, la Zona Profunda ya no necesita a la Constelación.