La compañía

Joseph Finder · Capítulo 59 de 111

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La compañía

Capítulo 58

 

 

A Audrey le sorprendió encontrar a Bugbee sentado ya en su cubículo, charlando por teléfono. Al acercarse, oyó que su compañero hablaba con una empresa de productos para el césped, preguntándoles acerca de las hidrosemillas. «Vaya, vaya —pensó Audrey—. Se está poniendo las pilas con este caso».

Bugbee llevaba su acostumbrada chaqueta de sport, de color verde pálido con un llamativo dibujo escocés, una camisa azul celeste y una corbata roja. Cuando estaba sosegado, no era un hombre mal parecido, aunque vistiera como un vendedor de coches de segunda mano. Al ver a Audrey, siguió hablando por teléfono sin saludarla. Al fin alzó un dedo, y al cabo de un rato le dirigió un movimiento brusco de la cabeza.

Audrey esperó a que Bugbee colgara, tras lo cual le mostró en silencio el frasquito de plástico transparente.

Bugbee contempló el pellizco de tierra y preguntó con recelo:

—¿Qué es eso?

—Lo cogí ayer del césped de Conover. —Audrey se detuvo—. Lo han sembrado recientemente con hidrosemillas.

Bugbee empezó a comprender la situación y la miró atónito.

—Eso no es admisible —dijo—. Es una prueba ilegal.

—Lo sé. Pero merece la pena que le echemos un vistazo. A mí me parece el mismo material que tenía Stadler debajo de las uñas.

—Han transcurrido dos semanas desde el asesinato. Lo más probable es que se haya desintegrado mucho desde entonces. Esas bolitas se deshacen.

—Hace dos semanas que no llueve. La única agua que habrán recibido seguramente proviene del sistema de aspersión. Lo interesante es que conseguí echar una ojeada al sistema de seguridad de Conover mientras éste me preparaba un café. —Audrey entregó a Bugbee un papelito para mensajes telefónicos sobre el que había escrito unas notas—. Es muy sofisticado. Dieciséis cámaras. Aquí tienes el nombre de la compañía que monitoriza la alarma de Conover. Y las marcas y modelos del equipo, incluyendo la grabadora de vídeo digital.

—Quieres que hable con uno de los técnicos —apuntó Bugbee.

Audrey observó que por primera vez no le llevaba la contraria.

—Creo que deberíamos ir allí y echar un vistazo a la cámara de vídeo. Y de paso comprobar si hay sangre y huellas dactilares, dentro y fuera de la casa.

Bugbee asintió con un gesto.

—Crees que el asesinato se produjo en la casa de Conover, o cerca de allí, y que las cámaras de seguridad lo grabaron.

—No podemos prescindir de esa posibilidad.

—Sería una estupidez por su parte olvidar ese pequeño detalle.

—Los dos hemos visto muchas estupideces. A veces la gente no tiene en cuenta lo evidente. Además, no es como antes: las cintas de vídeo se podían eliminar fácilmente. Debe de ser mucho más complicado borrar la grabación de una cámara digital. Requiere ciertos conocimientos.

—Eddie Rinaldi sabe lo que se hace.

—Es posible.

—No te quepa duda —insistió Bugbee—. ¿Crees que lo hizo Conover?

—Creo que lo hizo Eddie. —Ahora que se había convertido en un sospechoso, observó Audrey, Rinaldi había pasado a ser Eddie—. Creo que Conover vio u oyó a Stadler merodeando alrededor de su casa. Quizá sonó la alarma, quizá no.

—Es probable que la compañía del sistema de alarma tenga constancia de eso.

—De acuerdo, pero el caso es que Conover llama a Eddie y le dice que hay un tipo que trata de entrar en su casa. Eddie se presenta, se enfrenta a Stadler y lo mata.

—Y se deshace del cadáver.

—Es un expolicía. Es lo bastante inteligente, o experimentado, para asegurarse de no dejar ninguna prueba en el cadáver…

—Salvo en las uñas.

—Es de noche, son las dos de la mañana, es tarde, está oscuro y ambos están aterrorizados. Es natural que pasaran por alto un detalle como ése.

—Uno de ellos traslada el cadáver a Hastings.

—Creo que fue Eddie.

—En la garita del guardia, en la urbanización Fenwicke, probablemente tienen un registro en el que consta quién salió y a qué hora —dijo Bugbee tras reflexionar unos instantes—. Comprobaremos si Conover salió de allí poco después de que Eddie acudiera en su coche. O si sólo salió Eddie.

—¿Y eso qué nos indicaría?

—Si el tiroteo se produjo dentro o fuera de la casa de Conover, tuvieron que trasladar el cadáver hasta el contenedor. Y para ello tuvieron que utilizar un coche. Si tanto Conover como Rinaldi abandonaron la urbanización Fenwicke entre las dos y las tres de la madrugada, cualquiera de los dos pudo hacerlo. Pero si sólo salió Eddie, eso demostraría que fue él quien trasladó el cadáver.

—Exactamente —asintió Audrey. Tras unos momentos de silencio, añadió—: Hay cámaras instaladas en toda la urbanización.

Bugbee sonrió.

—En tal caso, son nuestros.

—No me refiero a eso. Si conseguimos las cintas de las cámaras de seguridad, podremos confirmar a qué hora entró y salió Eddie.

—O Eddie y Conover.

—De acuerdo. Pero lo más importante es comprobar si Stadler fue a casa de Conover. Si Andrew Stadler entró en la urbanización. Entonces podremos precisar el paradero de Stadler.

Bugbee asintió con la cabeza.

—Sí. —Otra pausa—. Lo cual significa que Eddie tiene una 38 que no está registrada.

—¿Cómo sabes que no está registrada?

—Porque examiné los archivos de los certificados de inspección de seguridad del departamento del sheriff del condado. Eddie tiene permiso para una Ruger, una Glock, un rifle de caza y un par de escopetas. Pero no para una 38. De modo que tiene una 38, y no está registrada.

—He estado presionando al laboratorio estatal de homicidios —dijo Audrey—. Quiero comprobar si pueden utilizar su base de datos para cotejar las balas que hallamos en el cadáver de Stadler con algún otro caso en que no haya aparecido el arma.

Bugbee la miró impresionado, pero se limitó a asentir con la cabeza.

—La cuestión es que necesitaremos una orden de registro para averiguar qué armas de fuego tiene Rinaldi.

—Eso no será difícil de conseguir.

—De acuerdo. Si encontramos una calibre 38 y coincide con el arma utilizada en otro caso… —Audrey empezaba a disfrutar con ese intercambio, aunque Bugbee seguía mostrándose un tanto arisco y a la defensiva.

—Estás soñando. Eddie no es tan estúpido.

—La esperanza es lo último que se pierde. ¿Qué dijo sobre esa llamada telefónica?

—Estuvo muy hábil. Reconoció que había recibido una llamada de Conover esa noche, que había sonado la alarma y que había ido a comprobar si estaba defectuosa. Dijo que esa llamada a una hora tan intempestiva le había cabreado, pero que había ido a casa de Conover para comprobar lo ocurrido. Recalcó que hay que procurar tener contento al jefe. No reveló nada de particular. ¿Qué hizo Conover? ¿Metió la pata?

—No. Conover… bueno, modificó un poco su versión.

—¿En qué sentido?

—No la cambió de inmediato. Yo le recordé que, según sus propias palabras, esa noche había dormido de un tirón, y cuando le pregunté sobre la llamada telefónica que había hecho a las dos de la mañana, lo reconoció enseguida. Dijo que debió de confundirse de día.

—Son cosas que ocurren. ¿Tú le crees?

—No lo sé.

—¿Te pareció que había ensayado su versión?

—Es difícil de precisar. O decía la verdad, o había hecho bien los deberes.

—Eso se nota.

—Generalmente, sí. Yo no percibí nada raro.

—Quizá sepa mentir bien.

—O dice la verdad. En mi opinión, dice parte de la verdad. Conover llamó a Eddie, Eddie se presentó en su casa, y ahí es donde termina la parte de verdad. ¿Te dijo Eddie si había encontrado algo cuando registró el jardín de Conover?

—Sí. Dijo que no había encontrado nada.

—Ese punto lo tienen claro —comentó Audrey.

—Quizá demasiado.

—No sé a qué te refieres. Lo que está claro, está claro. ¿Sabes que pienso? Creo que deberíamos actuar con rapidez. Conover y Eddie pueden manipular fácilmente cosas como la pistola y la cámara de vídeo, suponiendo que no lo hayan hecho ya. Es posible que se hayan deshecho de la pistola, que hayan borrado la grabación o algo por el estilo. Ahora que hemos hablado con ellos por separado, al mismo tiempo, los dos sospecharán. Si piensan destruir alguna prueba, lo harán ahora.

Bugbee asintió con la cabeza.

—Habla con Noyce, y solicita las órdenes de registro por si las necesitamos. Yo haré un par de llamadas. ¿Puedes organizar tu agenda para ocuparte hoy del caso?

—Ningún problema.

—Por cierto, llamé a la hija de Stadler para hablar de nuevo con ella.

—¿Y?

—No tiene ni la más remota idea de lo que hizo su padre la noche en que fue asesinado. Me aseguró que su padre nunca le había comentado nada sobre Conover.

—¿Piensas que dice la verdad?

—No tengo motivos para suponer lo contrario. Mi intuición me dice que es sincera.

Audrey asintió.

—Yo también lo creo.

Al cabo de unos minutos, Bugbee apareció en el cubículo de Audrey con aspecto satisfecho.

—¡Adivina qué he averiguado! Nicholas Conover utiliza una empresa de productos para césped llamada Elite Professional Lawn Care. Hace dieciséis días sembraron el jardín de la casa perteneciente al director general de Stratton Corporation. El chico lo recordaba perfectamente; mencionó que el arquitecto, un hombre llamado Claflin, especificó que querían Compost Penn. Dijo que tenían que instalar una nueva línea de gas o algo parecido, que habían levantado el césped anterior, y que su cliente había decidido sembrar un césped de mayor calidad para sustituir al antiguo. El chico de la empresa comentó que era tirar el dinero utilizar ese tipo de producto en un terreno embarrado, pero no quiso discutir con un cliente que está forrado.