La idea del progreso
Capítulo 5
Este sentimiento o actitud estaba en conexión con la idea de la Moira. Si
tuviésemos que señalar una idea que, en general, haya controlado o penetrado
el pensamiento griego desde Homero hasta los estoicos[11], habría de ser esta idea de la Moira para la cual carecemos de equivalente. Su traducción común por «sino» es equívoca. La Moira suponía un orden fijo en el universo. Pero como hecho ante el cual los hombres tenían que inclinarse, tenía bastante en común con la fatalidad como para exigir una filosofía de la resignación y para impedir la creación de una atmósfera optimista de esperanza. Era éste el orden que mantenía las cosas en su lugar, asignaba a cada una su propia esfera y función y mantenía una línea divisoria, por ejemplo, entre hombres y dioses. El progreso humano hacia la perfección —hacia un ideal de omnisciencia o de felicidad— hubiera sido una ruptura de los límites que separaban lo humano de lo divino. La naturaleza humana no puede sufrir alteraciones, está ya prefijada por la Moira.
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Ahora podemos explicar por qué la mente especulativa de los griegos no
se topó nunca con la idea del Progreso. En primer lugar, su limitada experiencia histórica no podía sugerirles fácilmente semejante síntesis, y, en segundo lugar, los axiomas de su pensamiento, sus aprensiones hacia el cambio, sus teorías de la Moira, de la degeneración y de los ciclos les sugerían una visión del mundo que era la antítesis misma de la del desarrollo progresivo. Los epicúreos dieron un paso, que podría haber sido importante, en dirección de la doctrina del Progreso, al descartar la teoría de la degeneración y al reconocer que la civilización había sido creada por medio de una serie de mejoras sucesivas logradas por el exclusivo esfuerzo humano. Pero al llegar aquí se detuvieron. La razón es que tenían la mirada fija en la suerte del individuo aquí y ahora, y que su estudio de la historia humana se hallaba totalmente subordinado al interés personal. El valor de su reconocimiento del progreso humano en el pasado está condicionado por el tono general y el propósito de su teoría de la vida. La idea de que el hombre no debía nada a una intervención sobrenatural y nada tenía que temer de los poderes sobrenaturales, no era más que una parte de su demostración. Sin embargo, no fue una casualidad que la escuela de pensamiento que se encontró sobre un camino que podría haber conducido a una concepción del Progreso fuera el mayor y más declarado enemigo de la superstición que Grecia había producido.