La idea del progreso
Capítulo 5
Pero todo esto es sólo aplicable a los estudios científicos, tales como las
matemáticas, la física y la medicina, que dependen parcialmente de un razonamiento correcto y parcialmente de la experiencia. Los métodos de razonar progresan lentamente y el mayor avance que se ha hecho en nuestros tiempos es el método elaborado por Descartes. Antes de él, el razonar era inconcreto; él introdujo un método más rígido y preciso cuya influencia no sólo se manifiesta en nuestros mejores tratados de física y filosofía, sino también en libros que se ocupan de ética y religión.
Tenemos que esperar que la posteridad nos aventaje del mismo modo que
nosotros aventajamos a los antiguos, mejorando el método, que en sí mismo es una ciencia —la más difícil y la menos estudiada de todas— y acumulando experiencias. Evidentemente este proceso es interminable (il est évident que tout cela ría point de fin), y los últimos hombres de ciencia han de ser los más competentes.
Pero esto no es aplicable a la poesía o a la oratoria, temas en torno a los
cuales ha sido más violenta la controversia. Pues la poesía y la oratoria no dependen de un razonamiento correcto. Dependen principalmente de la vivacidad de la imaginación y «la vivacidad de la imaginación no requiere una amplia gama de experimentos o una gran cantidad de reglas para alcanzar toda la perfección de que es capaz». Una perfección semejante podría ser alcanzada en unos pocos siglos. Si los antiguos lograron la perfección en literatura imaginativa, habrá que admitir que no pueden ser sobrepasados; pero no tenemos derecho a decir, como lo hacen sus admiradores, que no pueden ser igualados.
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Además de la naturaleza misma del tiempo, tenemos que tomar en cuenta circunstancias externas cuando consideramos esta cuestión.
Si las fuerzas de la naturaleza son permanentes, ¿cómo explicaremos el
hecho de que durante los siglos bárbaros, tras la decadencia de Roma —el término Edad Media no había aparecido aún— la ignorancia fuese tan densa y profunda? Esta solución de la continuidad es uno de los más plausibles argumentos de los abogados de los antiguos. Estos siglos, dicen, fueron ignorantes y bárbaros porque los escritores griegos y latinos habían dejado de ser leídos. Tan pronto como revivió el estudio de los modelos clásicos hubo un renacimiento de la razón y del buen gusto. Esto es cierto, pero no prueba nada. La Naturaleza nunca olvidó cómo moldear la cabeza de Cicerón o de Livio. Ella produce en cada época hombres que pueden ser grandes; pero su tiempo no les permite siempre ejercitar sus talentos. Las invasiones de los bárbaros, las guerras universales, los gobiernos que desalientan o no favorecen las ciencias y el arte, los prejuicios que asumen una ingente variedad de formas —como el prejuicio chino contra la disección de los cuerpos— pueden imponer largos períodos de ignorancia o de mal gusto.