La idea del progreso
Capítulo 2
Al repasar las influencias que contribuyeron a formar una nueva opinión
pública durante los cuarenta años que precedieron a la Revolución, nos conviene, para nuestros propósitos, agrupar a los pensadores (incluyendo a Voltaire) relacionados con la Enciclopedia, que representaban una fuerza crítica y conscientemente agresiva contra las teorías tradicionales y las instituciones existentes. Rousseau, pensador constructivo, no era menos agresivo, pero debe ser considerado aparte y como opuesto, por su hostilidad hacia la civilización moderna. En tercer lugar, hemos de distinguir la escuela de los economistas, también reformadores y optimistas, pero con un carácter más conservador que los enciclopedistas típicos.
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La Enciclopedia (1751-1765) ha sido señalada con razón como la obra principal del movimiento racionalista que convirtió a la Francia de 1789 en una Francia muy diferente de la de 1715. Era la sección organizada de una vasta propaganda, especulativa y práctica, realizada por hombres de las más varias opiniones, la mayoría de los cuales estaban directamente asociados con ella. Como se ha observado con razón, la Enciclopedia fue para el racionalismo francés del siglo XVIII algo muy semejante a lo que la Fortnightly Review, bajo la dirección de Mr. Morley (de 1868 a 1882), fue para el inglés del XIX, como órgano de crítica penetrante de las creencias tradicionales. Si Diderot, que dirigió la Enciclopedia con la ayuda de d’Alembert, el matemático, hubiera vivido cien años más tarde, probablemente habría dirigido un periódico.
Vimos que la «solidaridad» de las ciencias era una de las concepciones
asociadas a la teoría del progreso intelectual y que la otra era la popularización del saber. Ambas ideas inspiraron a la Enciclopedia, que debía recoger y concentrar la ilustración de la Edad Moderna. Trataba de establecer líneas de comunicación entre todas las ramas de la ciencia, «para encerrar en la unidad de un sistema la infinita variedad de las ramas del conocimiento». Y debía ser una biblioteca de instrucción popular. Pero también estaba pensada como órgano de propaganda. Dentro de la historia de la revolución intelectual es, en algunos aspectos, la sucesora del Diccionario de Bayle, que, dos generaciones antes, recogió material de guerra para demoler las doctrinas tradicionales. La Enciclopedia realizó la campaña contra la autoridad y la superstición por medios indirectos, pero no fue obra de hombres escépticos como Bayle, sino llenos de ideales, propósitos positivos y esperanzas sociales. No sólo confiaban en la razón y en la ciencia, sino que la mayoría de ellos tenían también una idea más o menos definida acerca de la posibilidad de un avance de la humanidad hacia la perfección.