La idea del progreso

John B. Bury · Capítulo 75 de 124

Páginas del PDF

La idea del progreso

Capítulo 5

anteriormente en esos países[81]. Este error está estrechamente ligado con el otro al que antes nos referimos, el de concebir al hombre aislado de su medio social y ejercitando su razón in vacuo.

 

5

 

El estudio de la historia de la civilización es doblemente útil en opinión de Condorcet. Nos permite establecer el hecho del Progreso y debería permitirnos determinar su dirección futura y acelerar, por tanto, el ritmo de progresión.

Mediante los hechos de la historia y los argumentos que sugieren,

Condorcet trata de mostrar que la naturaleza no ha puesto un término al proceso de mejoramiento de las facultades humanas y que el avance hacia la perfección no tiene más límite que la duración del planeta. El movimiento puede variar en velocidad, pero nunca retrocederá, en tanto que la Tierra siga ocupando su situación actual en el sistema cósmico y que las leyes generales de este sistema no produzcan una catástrofe o un cambio que desposea a la naturaleza humana de las facultades y los recursos que ha poseído hasta el presente. No habrá una recaída en la barbarie. Las garantías contra este peligro son el descubrimiento de los métodos verdaderos en las ciencias naturales, su aplicación a las necesidades del hombre, las líneas de comunicación interhumana, el gran número de los que las estudian, y, finalmente, el arte de imprimir. Y si estamos seguros de los progresos constantes de la ilustración podemos estar seguros de la mejoría continua de las condiciones sociales.

Es posible prever los acontecimientos si se conocen las leyes generales de

los fenómenos sociales, y estas leyes pueden inferirse de la historia del pasado. Con esta aseveración, Condorcet justifica su osada tentativa de esbozar el décimo período de la historia humana, que todavía está en el futuro; y anuncia así la idea que Comte elaboraría en la generación siguiente. Pero no puede decirse que Condorcet haya deducido él mismo alguna ley de desarrollo social. Su previsión del futuro se basa en las ideas y en las tendencias de su propio tiempo.

Además de los descubrimientos científicos y la difusión generalizada del

conocimiento de las leyes naturales, del que depende la mejora moral, incluye en su visión profética el cese de la guerra y la realización de la idea, menos frecuente, de la igualdad de los sexos. Si estuviera vivo hoy, podría señalar con aire de triunfo el hecho de que de esos proyectos a largo plazo uno de ellos está siendo realizado en alguno de los países más progresistas y que el otro ya no es considerado como un objetivo inalcanzable por estadistas que no sean visionarios. La igualdad de los sexos era sólo una inferencia lógica de la doctrina general de la igualdad a que es reductible toda la teoría social de Condorcet. Para él, la meta del progreso político es la igualdad; la igualdad ha de ser el fin del esfuerzo social, el ideal de la Revolución.

A quienes hay que tomar en cuenta es a la mayoría de los hombres —la

masa de los trabajadores— y no a la minoría que vive del trabajo de aquéllos. Hasta el presente, los trabajadores han sido olvidados tanto por el historiador como por el estadista. La verdadera historia de la humanidad no es sólo la de algunos hombres. El género humano está formado por una masa de familias que viven casi por completo de los frutos de su propio trabajo, y esta masa, no los grandes hombres, es el verdadero sujeto de la historia.

Se puede establecer la igualdad social por medio de leyes o instituciones,

y sin embargo la igualdad de la que verdaderamente se goce puede ser muy incompleta. Condorcet así lo reconoce y lo atribuye a tres causas principales: desigualdad en la riqueza; desigualdad de posición entre el hombre cuyos medios dependen de su trabajo y están limitados por el fin de su propia

vida[82] y el hombre cuyos medios de subsistencia están asegurados y pueden ser transmitidos a su familia; desigualdad en la educación. No propuso ningún método radical para resolver estas dificultades, que pensaba disminuirían con el tiempo, sin llegar por ello a desaparecer totalmente. Estaba demasiado influido por las ideas de los economistas para que pudieran seducirle las teorías de Rousseau, Mably, Babeuf y otros que abogaban por el comunismo o la abolición de la propiedad privada.