La idea del progreso
Capítulo 7
sobre [115] Filosofía de la Historia. Schlegel atacaba a Condorcet y oponía a la idea de perfectibilidad la naturaleza corruptible del hombre. Pero mantenía que hemos de encontrar los fundamentos de la filosofía de la historia en «los
principios del progreso social[116]». Estos principios son tres: las vías escondidas de la Providencia que liberan al género humano; la libre voluntad del hombre, y el poder que Dios permite que tengan los agentes del mal. Principios éstos que Bossuet podría mantener pero cuya novedad estriba en que Schlegel los trata como fuerzas del Progreso. De hecho, la intención, del pretencioso y mediocre trabajo de von Schlegel consiste en rehabilitar a la cristiandad convirtiéndola en la clave de esta nueva concepción de la vida que se había forjado entre enemigos de la Iglesia.
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Como el desarrollo biológico era una de las preocupaciones constantes de Goethe, cuya doctrina de la metamorfosis y de los «tipos» ayudó a preparar el camino de la hipótesis evolucionista, podríamos pensar que le interesarían las teorías del progreso social, en las que encuentran su final lógico las teorías del desarrollo biológico. Pero las especulaciones francesas sobre el Progreso no le afectaron; le dejaron frío y escéptico. Hacia el fin de su vida, en una conversación con Eckermann apuntó algunos temas que ilustran su
actitud[117].
El mundo no alcanzará su meta tan rápidamente como lo pensamos y
deseamos. Los demonios del retraso siguen estando presentes,
interviniendo y resistiendo en todo momento de modo que, aunque hay
progreso en conjunto, su ritmo es muy lento. Viva más tiempo y verá que
tengo razón.
«El desarrollo de la Humanidad —dijo Eckermann— parece ser cuestión
de miles de años».
¿Quién sabe? —repuso Goethe—, tal vez de millones. Pero dejemos que la
Humanidad tarde tanto como desee y aun así siempre habrá dificultades en
su camino, y toda clase de obstáculos, para conseguir que desarrolle sus
poderes. Los hombres serán más inteligentes y juiciosos, pero no serán
mejores, ni más felices ni tendrán mayores energías, salvo en algunos
períodos de tiempo. Veo que llega un tiempo en que Dios no obtendrá ya
placer de mantener nuestra especie y deberá proceder de nuevo a
rejuvenecer a la creación. Estoy seguro de que esto ocurrirá, de que el
tiempo y la hora están ya fijados en un futuro lejano, en que comenzará esa
época de rejuvenecimiento. Pero ese tiempo todavía tardará en llegar, por lo
que podemos gozar de nosotros mismos durante miles y miles de años en
este querido y viejo escenario que se mantendrá justamente como es.
Esta tesis es, a la vez, una lisa y llana refutación de la perfectibilidad y
una opinión sobre que el desarrollo intelectual no es un camino real que lleve directamente a las puertas de una ciudad dorada.