La idea del progreso

John B. Bury · Capítulo 91 de 124

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La idea del progreso

Capítulo 7

sobre [115] Filosofía de la Historia. Schlegel atacaba a Condorcet y oponía a la idea de perfectibilidad la naturaleza corruptible del hombre. Pero mantenía que hemos de encontrar los fundamentos de la filosofía de la historia en «los

principios del progreso social[116]». Estos principios son tres: las vías escondidas de la Providencia que liberan al género humano; la libre voluntad del hombre, y el poder que Dios permite que tengan los agentes del mal. Principios éstos que Bossuet podría mantener pero cuya novedad estriba en que Schlegel los trata como fuerzas del Progreso. De hecho, la intención, del pretencioso y mediocre trabajo de von Schlegel consiste en rehabilitar a la cristiandad convirtiéndola en la clave de esta nueva concepción de la vida que se había forjado entre enemigos de la Iglesia.

 

7

 

Como el desarrollo biológico era una de las preocupaciones constantes de Goethe, cuya doctrina de la metamorfosis y de los «tipos» ayudó a preparar el camino de la hipótesis evolucionista, podríamos pensar que le interesarían las teorías del progreso social, en las que encuentran su final lógico las teorías del desarrollo biológico. Pero las especulaciones francesas sobre el Progreso no le afectaron; le dejaron frío y escéptico. Hacia el fin de su vida, en una conversación con Eckermann apuntó algunos temas que ilustran su

actitud[117].

 

El mundo no alcanzará su meta tan rápidamente como lo pensamos y

deseamos. Los demonios del retraso siguen estando presentes,

interviniendo y resistiendo en todo momento de modo que, aunque hay

progreso en conjunto, su ritmo es muy lento. Viva más tiempo y verá que

tengo razón.

 

«El desarrollo de la Humanidad —dijo Eckermann— parece ser cuestión

de miles de años».

 

¿Quién sabe? —repuso Goethe—, tal vez de millones. Pero dejemos que la

Humanidad tarde tanto como desee y aun así siempre habrá dificultades en

su camino, y toda clase de obstáculos, para conseguir que desarrolle sus

poderes. Los hombres serán más inteligentes y juiciosos, pero no serán

mejores, ni más felices ni tendrán mayores energías, salvo en algunos

períodos de tiempo. Veo que llega un tiempo en que Dios no obtendrá ya

placer de mantener nuestra especie y deberá proceder de nuevo a

rejuvenecer a la creación. Estoy seguro de que esto ocurrirá, de que el

tiempo y la hora están ya fijados en un futuro lejano, en que comenzará esa

época de rejuvenecimiento. Pero ese tiempo todavía tardará en llegar, por lo

que podemos gozar de nosotros mismos durante miles y miles de años en

este querido y viejo escenario que se mantendrá justamente como es.

 

Esta tesis es, a la vez, una lisa y llana refutación de la perfectibilidad y

una opinión sobre que el desarrollo intelectual no es un camino real que lleve directamente a las puertas de una ciudad dorada.