La idea del progreso

John B. Bury · Capítulo 104 de 124

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La idea del progreso

Capítulo 2

Pero Comte tenía una mente más metódica y científica y pensó que Saint-

Simon se había adelantado al proponer conclusiones para la reforma de la sociedad y de las industrias sin haber construido una filosofía positiva. Publicó en 1822 —con veintidós años— un Plan de las operaciones científicas necesarias para la reorganización de la sociedad, que, al ser publicado dos años más tarde bajo otro título por Saint-Simon, fue la causa de la disputa entre ambos. Esta obra contiene los principios de la filosofía positiva que pronto comenzaría a elaborar y en ella se anuncia ya la «ley de los tres estadios».

El primer volumen del Cours de philosophie positive apareció en 1830; la

exposición completa de su sistema le llevó aún doce años más[131].

 

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La «ley de los tres estadios» es conocida por muchas personas que no han leído siquiera una línea de sus escritos. Que los hombres habían tratado, en primer lugar, de explicar los fenómenos naturales recurriendo a imaginarias divinidades, luego mediante abstracciones y, finalmente, llegando a comprender que sólo podrían ser captados a través de métodos científicos como la observación y la experimentación, era una generalización que ya había sido realizada por Turgot. Comte la adoptó como una ley psicológica fundamental que ha dominado todos los terrenos de la actividad espiritual y que explica toda la historia del desarrollo humano. Cada una de nuestras principales concepciones, cada rama del saber pasa sucesivamente por esos tres estadios que Comte denomina teológico, metafísico y positivo o científico. En el primero, la mente inventa; en el segundo, abstrae; en el tercero se somete a los hechos positivos. La prueba de que ninguna rama del saber ha llegado a este tercer estadio es el reconocimiento de que existen leyes naturales invariables.

Pero, aun concediendo que ésta sea la clave de la historia de las ciencias,

de la física o la botánica, ¿cómo puede explicarse la historia del hombre, la secuencia de los acontecimientos históricos? Comte contesta que la historia ha sido dirigida por las ideas; «la totalidad del mecanismo social se basa, en última instancia, en las opiniones». Así, la historia del hombre es esencialmente una historia de sus opiniones; opiniones que están sometidas a aquella ley psicológica fundamental.

Conviene observar, sin embargo, que no todas las ramas del saber se

encuentran en el mismo estadio de desarrollo. Algunas han llegado al metafísico mientras que otras permanecen aún en el teológico; algunas han alcanzado el científico mientras que otras no han pasado del metafísico. Por ejemplo, el estudio de los fenómenos físicos ha alcanzado ya el estadio positivo a diferencia del estudio de los fenómenos sociales. El deseo radical de Comte y su gran obra, según su propia opinión, fue la de elevar el estudio de los fenómenos sociales desde el segundo hasta el tercer estadio.

Cuando aplicamos la ley de los tres estadios al curso general del

desarrollo histórico nos encontramos con la dificultad de que el avance no es simultáneo en todos los terrenos de la actividad humana. Si en un período determinado el pensamiento y las opiniones están en parte en el estadio teológico, en parte en el metafísico y en parte en el científico, ¿cómo hemos de aplicar la ley al desarrollo general? Debemos tomar una clase de ideas como criterio, dice Comte, y esa clase ha de ser la de las ideas sociales y morales por dos razones. La primera es que la ciencia social es la de mayor rango en la jerarquía de las ciencias, lo que Comte subrayaba vigorosamente. La segunda porque esas ideas tienen un papel fundamental para la mayoría de los hombres y precisamente son los fenómenos más comunes los que hemos de tomar en consideración. Cuando, en otra clase de ideas, el avance es más rápido en cualquier momento, significa tan sólo que ese avance era una preparación indispensable para el período siguiente.

El movimiento de la historia se debe a un instinto, profundamente

enraizado y complejo, que impulsa al hombre a mejorar constantemente su situación, a desarrollar por todos los medios su vida física, moral e intelectual. Además todos los fenómenos de su vida social se hallan estrechamente interrelacionados, como señaló Saint-Simon. En virtud de esta cohesión, el progreso político, moral e intelectual son inseparables del progreso material, por lo que las fases de desarrollo material se corresponden con cambios intelectuales.