Madre de alquiler
Capítulo 17
–Cecil. Cecil Gutman.
¿Fue cosa de su imaginación, o un atisbo de reconocimiento apareció en aquellos ojos oscuros? No, era parte de su técnica de seducción, como la sonrisa traviesa con que ahora intentaba inundarla mientras murmuraba, de una manera tan insinuante:
–No tan contento como yo lo estoy de haberte encontrado a ti, Cecil Gutman.
Capítulo 17
Saint-Cloud
-¿Podría hablar con el señor Frederick Schomberg?
–¿Quién pregunta por él? – fue la fría respuesta.
–Aquí la firma legal de McNaught, Muncheon, Sandlin y Doss, de Dallas, Tejas.
–¿Podría hablar con más claridad? No comprendo una palabra de lo que dice.
Hubo un silencio, y a continuación el acento sureño lento y arrastrado de Denise O'Neil se oyó al aparato, hablando de manera fragmentada como si luchara contra un satélite defectuoso.
–Aquí… los Estados Unidos… llamando… Frederick… o…
–Frederick Schomberg no está aquí. ¿Quién desea hablar con él?
–El señor E. Z. Jeffrey Sandlin. ¿Podría la señora Christine Schomberg hablar con el señor Sandlin?
La irritación de Bayard crecía a pasos agigantados.
–No, yo soy Bayard Schomberg. Soy el hermano mayor de Frederick Schomberg, y soy yo quien maneja los negocios de la familia. Si me dice usted el motivo de su llamada, quizá pueda ayudarle.
–Un momento, señor. Veré si el señor Sandlin desea hablar con usted.
¡Si desea hablar conmigo! ¿Quién se habrá creído que es ese rufián? ¡Alguien debería decirle que preguntara antes si yo quiero hablar con él!
- Señor, le pongo.
–Señor Schomberg, quiero que sepa que es un verdadero placer hablar con usted, aunque sea por teléfono. Como sin duda ya sabrá, me he encargado de algunos asuntos legales por cuenta de su hermano.
–Naturalmente. Puesto que Frederick es mi hermano menor, es normal que me consulte los asuntos importantes referentes a la familia -la voz de Bayard había vuelto a adquirir un tono agradable, pero sus pensamientos eran un torbellino. ¿Quién es esté tai Sandlin? ¿Por qué pregunta por Frederick y Christine en casa de Rita? ¿Tiene algo que ver con la chica?
-¿En qué puedo servirle, señor Sandlin?
–Bueno, verá, desde ayer por la tarde intento ponerme en contacto con su hermano o con su esposa. Ha surgido una especie de… contratiempo. El doctor Samuel Sweeney, que es mi contacto aquí, está fuera del país, y en su oficina no quieren darme su número de teléfono en el extranjero.
He dejado varios mensajes urgentes para él, pero aún no me ha llamado, de modo que creí que lo mejor era hablar con un miembro de la familia.
–¿Por casualidad se trata de algo referente a la señorita Gutman?
–Pues de hecho así es. – Sandlin pareció sentirse aliviado al descubrir que hablaba con un interlocutor válido-. Nadie responde en la casa de su hermano en París, y en la oficina de Christine Schomberg nadie quiere decirme dónde está.
–El servicio de mi hermano le acompañó a Gstaad durante sus vacaciones, pero me temo que ya no pueda encontrarle allí. La razón es que ha ocurrido una tragedia, señor Sandlin. Mi madre sufrió un grave ataque el martes por la noche. Ahora se encuentra bastante grave… su vida está en manos de Dios. Sin embargo, mi obstinado hermano y su mujer insistieron en llevarla ayer a un centro especializado cerca de Toulouse en su avión privado.
–No sabe cuanto lamento lo ocurrido, señor Schomberg.
Su madre debe de ser una mujer maravillosa, y comprendo perfectamente que toda la familia esté dominada por la angustia. Eso hace que sea mucho más difícil para mí perturbarle en estos momentos tan delicados con otro problema.
La emoción que había en la voz de Bayard cuando hablaba de su madre se había desvanecido para convertirse en una fría reserva cuando preguntó:
–¿Cuál es exactamente el problema?
–Bueno, señor Schomberg, ayer recibí una llamada bastante histérica de la señorita Gutman. Es una persona excitable, como ya habrá averiguado por sí mismo. He de confesar que no la critico por ello, ya que se trata de una joven maravillosa y de un carácter intachable, pero…
bueno, tiene inclinación a ponerse nerviosa. Ayer me llamó y estaba muy inquieta.
Sandlin no creyó necesario añadir que Cecil había intentado encontrar a Sam Sweeney durante veinticuatro horas, antes de llamarlo a él completamente desesperada.
–La señorita Gutman dice que le han ocurrido algunas cosas ciertamente extrañas mientras estaba en París. Lo más desconcertante es que se quedó encerrada en una sauna durante más de una hora. Parece opinar que de hecho se trató de un atentado contra su vida. Sé que todo esto parece inverosímil, señor Schomberg, ya que de hecho sucedió en casa de su madre, pero lo cierto es que no puedo pasar por alto este incidente. Soy responsable del bienestar de la muchacha.
–Señor Sandlin, aprecio mucho su preocupación. El accidente a que usted se refiere ocurrió en el momento en que mi madre era sacada de casa en camilla. Puede imaginarse la confusión reinante. Mi primo y su mujer estaban conmigo; nos turnamos para contactar con mi hermano en Suiza. La pobre Rita estaba inconsciente. Y en medio de todo esto nos olvidamos de la señorita Gutman,
debo admitirlo, pero no estuvo «encerrada en la sauna», tal como ella lo expresa de modo dramático, durante más de quince minutos. Me temo que ha hecho una montaña de un grano de arena y le ha hecho perder buena parte de su precioso tiempo.
–Bien, señor Schomberg, lo que me cuenta ciertamente me tranquiliza, aunque yo no creí ni por un momento que ninguna negligencia pudiera haber ocurrido en casa de su madre. Aun con todo, como la señorita Gutman está tan afectada por el incidente, creo que sería una buena idea que cogiera un avión y fuera a hablar con ella. Ya he hecho una reserva en el vuelo Dallas-Fort Worth de mañana a las…
–Creo que eso no será realmente necesario Mi cuñada tiene un número de teléfono donde encontrar al doctor Sweeney. Es atención médica lo que más falta le hace a la señorita Gutman… para sus nervios, quiero decir. Creo recordar que Christine dijo que Sweeney ya estaba de camino hacia aquí.
–No sé -dijo Sandlin dubitativo-. Soy su abogado y…
–Hagamos lo siguiente. Llamaré personalmente a la señorita Gutman y procuraré calmarla. Si necesita de su presencia, entonces o bien ella o yo le llamaremos de inmediato. Mientras tanto, espero que me mande la factura de todo el tiempo que ha perdido con la señorita Gutman y sus problemas. Envíela a la dirección de Saint-Cloud, a mi nombre, y me encargaré de que mi cuenta bancaria en Suiza se ocupe de ello.
–Aun así creo que debería hablar con Christine Schomberg en cuanto regrese de Toulouse. Además, le agradecería que le dijera a la señorita Gutman que me llame si vuelve a surgir algún problema.
–Desde luego que lo haré. Nada más acabar esta comunicación pienso llamar inmediatamente a esa pobre joven. Oh, por cierto, señor Sandlin, como no estoy en mi oficina, no tengo aquí su número, me pregunto si sería usted tan amable de dármelo.