Madre de alquiler
Muere la Pareja Schomberg
de Falopio derecha, ¿o había sido la izquierda? ¿O ambas?
De cualquier modo, la semana se le había pasado como si fuera un mes… sin jugar, sin alcohol, sin mujeres. Y
consumido por el sentimiento de culpa. El rey había insistido en mantener un secreto absoluto, y Sweeney no había podido comunicarse con Christine ni con Cecil. Había sido un error mantenerse lejos de ese asunto durante tanto tiempo. Y ahora que había hecho escala en Londres a su regreso a Dallas, ¿a qué se dedicaba? A dar vueltas alrededor de una barra buscando a alguien que le llevara hasta el camerino de las chicas.
Sam tropezó con la pata de un taburete, se agarró a la parte superior de la barra para mantener el equilibrio y se encontró frente al titular de un periódico abandonado. No había leído la prensa desde que saliera de Dallas. No le importaba lo más mínimo lo que ocurriera en el mundo, aunque el nombre que se leía en grandes titulares le era familiar. Demasiado familiar. Recogió el periódico e intentó centrar su mirada de beodo en algún punto en que las letras impresas dejaran de dar vueltas, y adquirieran una forma racional y ordenada.
Le sonaba como a Schomberg. ¿Era ése un nombre corriente en Europa? No lo sabía. ¿Por qué estaba tan borracho? ¿Tan confuso? ¿Tan tambaleante? ¡Tan condenadamente estúpido! ¿Qué estarían haciendo ahora los Schomberg? Seguramente algo que él debería saber.
¿Había ido algo mal con Cecil? ¿Tan pronto? ¡Al cuerno con el rey, debería haberla llamado desde Ryad!
MUERE LA PAREJA SCHOMBERG
¿Muere? ¿La pareja? ¿Es que se habían separado?
¿Oficialmente? ¿Quizá divorciado? El corazón de Sam sintió un alivio momentáneo creyendo que Christine se había separado. No, el que una pareja hubiera muerto no significaba eso. Si no era la pareja la que estaba muriendo, entonces eran los componentes de esa pareja, las dos
personas que la formaban, sus brazos, sus piernas, corazones, bocas, genitales, todas esas cosas habían muerto, ya no eran tangibles, ya no eran más tocables ni podían palpar nada más. Dios, ¿qué Schombergs?
MUERE LA PAREJA SCHOMBERG
EN ACCIDENTE AÉREO
«Frederick Schomberg, industrial y director del conocido grupo de empresas SCHOMBERG MONDIAL, murió ayer, cuando su avión privado se estrelló mientras intentaba realizar un aterrizaje de emergencia durante una fuerte tormenta en el aeropuerto provincial de Clermont-Ferrand, en el centro de Francia. Acompañaba a Schomberg su esposa Christine, diseñadora de objetos de vidrio, mujer de negocios muy conocida en la alta sociedad, y los dos pilotos…»
El periódico se le cayó a Sam Sweeney de las manos, hasta ir a parar al serrín húmedo que cubría el suelo a sus pies. Esas manos que nunca titubeaban en las cavidades del cuerpo humano, ahora temblaban, y esa mente que sabía cómo producir la fertilidad a partir de la esterilidad, cómo crear vida cuando ésta no existía (aun cuando siempre había negado tal cosa), esa mente se ensombrecía y rechazaba completamente comprender que Christine había muerto. Lenta, silenciosamente, comenzó a sollozar. Él, que poseía el toque de Midas desde el día de su nacimiento,
¿dónde había ido a parar su suerte? No tenía ninguna respuesta. Era como un ordenador que se cerrara a todo lo que no fuera ese mensaje de luz verde y que se desvanece lentamente. «No hay información disponible», «No hay información disponible», «No hay información…»
El doctor Sweeney dejó su impermeable y su paraguas allí donde estaban, en el guardarropa, y a sus dos amigos viendo un sexteto de chicas procurando hacerse pedazos entre sí de la forma más erótica posible. Salió al exterior, y permaneció en medio de aquella cortina de lluvia cegadora,