CON EL ENEMIGO ADENTRO

Sra. Sotto · Capítulo 11 de 42

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CON EL ENEMIGO ADENTRO

Capítulo 9

Una vez que Carolina envió el email a su gente

y dio una veloz ojeada a algunos documentos

que estaban encima del escritorio, apagó el aparato y salió de allí inmediatamente; pero,

para su desgracia, antes que lograra llegar a la puerta que conducía al salón, una voz femenina y autoritaria la inmovilizó en el lugar…

―¿Tú qué haces aquí?

Carolina reconoció de inmediato la voz de Juliana y quiso que la tierra se la tragara en ese preciso instante. ―Yo... la verdad es que... ―dijo, girándose lentamente mientras dirigió una última mirada a Lucy que se hallaba oculta entre unas cortinas del salón.

―Entra ―ordenó la patrona mientras abría la puerta del despacho.

―No; pero no es necesario que yo...

―Detesto tratar asuntos en los pasillos ―dijo Juliana, fulminándola y a la otra chica no le quedó de otra que obedecer.

Sintió cada vello de su cuerpo responder cuando la puerta se cerró de un golpe. Se quedó de pie frente al escritorio como la primera vez que estuvo ahí, solo que en esta ocasión la jefa no estaba en la poltrona. La vio abrir una gaveta y tomar un celular, luego se dirigió nuevamente a ella.

―Ahora sí... me dirás que hacías aquí arriba y precisamente... en este despacho ―espetó, fulminándola con la mirada una vez más, aquella mirada fría que a Carolina continuaba pareciéndole todo lo contrario.

―Yo... la estaba buscando, supe que Felina no estaba y supuse que estaría usted y... pues vine a... ―sin saber cómo, la primera idea que cruzó por su mente atravesó el umbral de sus labios―. Quería verla porque me parece excesiva la suma que anexó a mi contrato y quiero solicitarle su reducción.

―Oh ―Juliana sonrió y sacudió la cabeza―. ¿Es en serio?

Carolina se aclaró la voz y prosiguió, no podía dar marcha atrás ahora.

―Absolutamente sí... lo considero abusivo; ya hasta tuve que cambiar de tareas para poder ganar un poco más...

―Sí, ya lo sé que ahora haces “table-dance”... te he visto.

A la mente de Carolina regresaron el par de ocasiones en que la vio mostrándole toda su atención; fija en ella, atenta, imperturbable, como al acecho.

―Trabajo que para nada es de mi agrado; pero me veo obligada a hacer para poder pagar esas… cuotas.

―No me pareciera que fuera de tu desagrado... te ves... cómoda

―Juliana no desviaba la mirada de la chica que tenía en frente.

―No es para nada cómodo trepar a exhibirse en una mesa en medio de ojos lujuriosos fijos en una, créame.

Juliana metió el celular en el bolsillo de su chaqueta y sacudió la cabeza. ―Lo siento; pero... el anexo es legal, has firmado, y no voy a bajarle un céntimo ―dijo con aquella prepotencia característica suya.

―¡Oh! Pero es inhumano, usted debe comprender, ¿qué clase de mujer es usted? Tal vez sí sea eso que comentan por ahí... ―comenzó a decir Carolina cuando, sin darse cuenta, tenía un agarre fuerte en la muñeca y aquellos ojos de acero en los suyos. Tal vez debió solo callar y marcharse de allí lo antes posible; pero no sabía tener la boca cerrada.

―¿Y qué es lo que dicen por ahí? ¿Mh?

―O-olvídelo... no es importante, igual... ya no insistiré con el contrato, déjelo así, mejor me voy y...

―¿Qué piensas tú?

De repente Carol sintió aquella mirada hurgando en sus ojos como si pudiera verle el alma. ―¿Cómo dice?

―Me escuchaste... quiero saber, ¿qué es lo que piensas tú de mí? La verdad.

Agente o no, Carolina era una mujer que no acostumbraba a dar rodeos, y le gustaba decir siempre lo que pensaba, así viviera metiéndose en problemas por ello.

―Pues me resulta demasiado prepotente, usa y abusa del poder que le da ser hija de quien es y no le importa más que imponerse pasando por encima de lo que sea; aunque sean personas, donde me incluyo, además de tener esa forma de mirar como si fuera superior y...

De repente no pudo hablar más, un beso inesperado cayó en sus labios dejándola tan sorprendida que tardó algunos segundos en reaccionar.

―¡¿Qué hace?! ―exclamó luego de separarse violentamente y descargar una fuerte cachetada sobre el rostro de Juliana que solo quedó mirándola, sin entender ni creer aún lo que acababa de ocurrir―. ¡Está loca!

La patrona dio un paso atrás; pero era incapaz de pedir perdón, aun cuando quiso que se la tragara la tierra y regresar el tiempo un minuto antes... No entendía qué estaba sucediendo con ella; pero estar cerca de aquella chica lograba perturbarla. ¡Le había pegado! Sonrió para sus adentros mientras su cara parecía de mármol, inmutable... y lo que fuera que esa chica despertara en ella tomó el control, haciéndola olvidar de todo lo demás.

―Te puedes ir ahora... si entiendes que es lo que deseas ―dijo la patrona con el pecho agitado y la mirada oscura, más seria e indescifrable que de costumbre―, o te puedes quedar y me ayudas a saber si de verdad estoy loca.

Carolina no tuvo tiempo para pensar, vaciló un par de segundos y miró a la puerta; pero no dio un paso, y para cuando regresó la mirada adonde Juliana, esta volvió a besarla, un poco más atrevida esta vez, un poco más intenso... y en esta ocasión no la empujó con el mismo ímpetu lejos de sí.

Se despegó luego de unos segundos que parecieron más largos y alzó una mano nuevamente, solo que esta vez la patrona la sujetó antes de que volviera a pegarle.

―No tientes más al diablo, muchacha ―dijo Juliana en tono amenazante mientras intentaba recuperar el aliento, luego la haló con brusquedad y fue nuevamente por sus labios, sin hallar esta vez resistencia.

Sin saber cómo, ni si fue una o la otra, solo escucharon caer al suelo varias cosas y de repente Carolina estaba sentada encima del buró, rodeando la cintura de la otra chica con las piernas mientras se besaban violentamente. Algunos botones de la blusa de la heredera Conde saltaron al vacío cuando la agente la abrió desesperadamente y comenzó a dibujarle besos ardientes en el busto semidesnudo, lo cual le provocó un gemido que ahogó al deslizar una de sus traviesas manos entre sus muslos y notar la humedad en las bragas de la chica.

Juliana aferró el vestido y lo alzó, sacándoselo por completo, y regresó por aquellos labios que recibían los suyos con el mismo ardor. ―Te deseo

―murmuró junto al oído de Carol, jugando con la lengua alrededor de su

oreja y cubriéndole el cuello de besos y pequeños mordiscos, luego la tomó del cabello y deslizó la punta de su dedo por la humedad de aquel sexo que palpitaba a la par del suyo.

―Mmmmm… ―gimió la agente, aferrándose a su espalda con las uñas mientras le mordió un hombro para ahogar el rugido de placer que luchaba por escaparse de su interior.

Fue justo en ese instante que un toque inesperado en la puerta las hizo detenerse.

―¡¿Quién rayos es?! ―rugió Juliana mientras observaba como la otra chica descendía del buró e iniciaba a ponerse el vestido a toda prisa.

―Jonas, patrona... debo consultarle algo importante.

―Mierda ―se quejó Juliana con los ojos fijos en Carol que se pasaba torpemente las manos por el cabello desordenado y no atinaba a decir nada―. Un momento ―sus palabras fueron dirigidas al chico que aguardaba detrás de la puerta.

Carolina abrió la boca para decir algo; pero creyó que lo mejor era callar y tal vez hacer todo lo posible y hasta lo imposible para olvidar aquel malentendido, porque eso, lo que acababa de suceder ahí entre ellas, fue sin sombra de duda un terrible malentendido. Bajó la cabeza y se precipitó hacia la puerta, tropezando con Jonas al salir; pero ni disculpas pidió, siguió su camino, deseando con todas sus fuerzas que se la tragara la tierra en aquel preciso instante.

Juliana tomó un profundo respiro mientras en sus labios se dibujó una rara sonrisa e involuntariamente se los humedeció con la punta de la lengua, sintiendo en ellos el sabor de los de la otra.

―¿Patrona? ―Jonas no se atrevió a atravesar el umbral.

―¿Qué demonios quieres? ―y de nuevo Juliana adoptó aquella expresión autoritaria y déspota.

El chico avanzó de un paso y se aclaró la voz viéndola de espaldas.

―Hum… yo…

―Escucha, Jonas ―lo interrumpió de inmediato; pero sin darle el frente ya que se percató de los botones faltantes en su chaqueta y hasta

estaba un poco desgarrada y muy estrujada―. Ahora tengo prisa, hablaremos de lo que sea esta noche… Ahora vuelve a tu puesto de trabajo y pon a dos chicos a vigilar esta área.

―Sí patrona ―el chico desapareció de inmediato.

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