CON EL ENEMIGO ADENTRO

Sra. Sotto · Capítulo 32 de 42

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CON EL ENEMIGO ADENTRO

Capítulo 30

Karolyn despertó en el lecho con la piel

erizada por la brisa fresca que entraba por la

puerta abierta del balcón. Aún no amanecía del todo; pero fuera estaba comenzando a

aclarar. Encontró la cama a su lado vacía y se rascó la cabeza mientras sonreía recordando la reciente, mágica e inolvidable noche hacía apenas un par de horas antes.

―¡¿Amor?! ―llamó, mirando hacia la puerta semiabierta del baño―.

Regresa aquí, cielo. Es muy temprano ―remoloneó un poco y luego se preocupó de no escuchar nada.

«¡Mierda!», una alerta en su subconsciente la hizo de inmediato salir de la cama y se llevó ambas manos a la cabeza cuando constató que Juliana Conde no estaba en la habitación. De inmediato, salió corriendo al balcón mientras se cubría con una sábana y se esforzó por ver el muelle en donde recordaba que habían anclado el barco, su corazón inició a golpear fuerte en su pecho cuando vio que se encendieron algunas luces en él; luego fue rápido a vestirse…

Juliana se despidió de Paul en el muelle y le agradeció por la hospitalidad y sus buenos servicios. Estaba lista para subir al yate y partir cuando su atención fue atraída por la chica que se acercaba corriendo con pies descalzos.

―Oh, mierda ―murmuró, bajando la mirada.

Karolyn se detuvo y llenó sus pulmones de aire luego de aquella loca carrera para llegar antes que la otra encendiera el motor y la dejara en aquella isla.

―Karolyn… no…

La teniente alzó una mano, interrumpiéndola. ―¿Cuál era tu plan, Juliana?

―Yo…

―¿Marcharte y abandonarme aquí? ―la voz de la chica sonó bastante molesta.

―No, no te estoy abandonando… yo solo…

―¿Qué? ―la volvió a interrumpir, alzando la voz y hablando muy rápido sin darle tiempo a decir nada―. ¿Pensaste que era una buena idea?

¿Qué era lo mejor para mí? ¿Qué despertar sola en una maldita cama, en una maldita isla, lejos de todo, sabiendo que la mujer que amo se lanza sola en una misión suicida me pondría contenta? ¿Creíste de verdad que eso era lo mejor? ¿Cómo rayos pudiste…?

Juliana tuvo que alzar también la voz para poder ser escuchada. ―Yo no quiero que tú vengas conmigo ―dijo, haciendo finalmente callar a la otra―. No es tu guerra, Karolyn… no me perdo…

―¿No es mi guerra? ¿En serio? ―Karolyn se rio histérica y sacudió la cabeza incrédula―. ¡Dios, Juliana! ¡Estoy metida en esto hasta el cuello como tú! ¡Y si aún no te está claro; yo combatiré todas y cada una de tus guerras a tu lado y no me lo puedes impedir! ¡Me lo habías prometido, maldición! ¡Me prometiste que no nos separaríamos jamás!

―¡Yo solo quiero protegerte! ―gritó Juliana, usando el mismo tono de voz que la otra estaba usando con ella―. Si algo llegara a sucederte por mi causa no me lo perdonaría jamás, ni me alcanzaría la vida para recriminarme el haberte puesto en esa situación de peligro. ¡Debes comprender que tu seguridad para mí es lo más importante y no pienso ponerla en riesgo!... Haré lo que me toque hacer para mantenerte al seguro.

La teniente volvió a reír histérica y un tanto infantil. ―¿Y de qué modo? ¿Abandonándome?

―¡Cristo, no te estaba abandonando, no seas dramática! ―Juliana tomó un profundo respiro y bajó el tono de voz―. Regresaría una vez terminado todo y viviríamos en paz, aquí… en nuestro paraíso.

―No debes protegerme, Juliana ―Karolyn abordó la nave, muy seria―. Sabes perfectamente que no soy una mansa paloma y mucho menos débil ―la miró directamente a los ojos―. No necesito alguien que me proteja, lo que necesito es alguien con quien caminar de la mano toda la vida… en las buenas y en las malas, que tome en cuenta mis decisiones y no las pase por alto como si no fuera yo capaz de decidir por mí misma

―se dirigió hacia la puerta que conducía a las escaleras que llevaban al camarote; pero antes de atravesar el umbral se volteó una última vez―, y

sobre todo; alguien que cumpla sus promesas ―y tras estas palabras desapareció.

El tiempo transcurría muy lentamente para Juliana, le parecía como si se hubiera detenido por completo. No dejaba de pensar en la discusión con Karolyn esa misma mañana, fue una discusión bastante estúpida, por decir lo menos, ella solo quería protegerla porque la amaba más que a todo en la vida y no se perdonaría jamás que algo le sucediera por su culpa. Karolyn no podía castigarla con aquel insoportable silencio solo porque había tomado la decisión de partir sin ella por su seguridad. Sí, lo había hecho por su seguridad, porque era lo más importante para ella y la quería lejos de cualquier peligro…

Para Karolyn el tiempo también pasaba muy lento. Caminaba de un lado al otro en aquel camarote y ya le iniciaba a faltar el aire estando ahí encerrada, así que decidió finalmente salir de allí; pero no quería hablar con Juliana, odiaba la situación que se había creado por la pequeña discusión de esa mañana, ciertamente seguía molesta con ella dado que había tomado una decisión bastante estúpida; pero una parte de ella sabía que Juliana lo había hecho con buenas intenciones y tal vez su reacción había sido un poquito exagerada ya que sabía que Juliana la amaba más que a todo.

Sonrió involuntariamente al recordar la reciente noche y deseaba muchas noches como aquella, en los brazos de la mujer que amaba con todo su ser. Tomó un profundo respiro y decidió ir a hablarle, y tal vez podrían resolver por fin el pequeño problema que las había distanciado… pero sabía que Juliana volvería a intentarlo en cuanto tuviera la oportunidad y no estaba dispuesta a permitírselo. La seguiría tanto en aquel como en cualquier otro plan que se le ocurriera, por muy descabellado que fuera, porque sencillamente; su vida estaba unida a la de ella para siempre nada más y nada menos que por amor. Entró decidida al cuarto de los equipos y abrió una maleta enorme en donde sabía que estaban las armas. Comenzó a alistarse desde ya...

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