CON EL ENEMIGO ADENTRO
Capítulo 16
Juliana había pasado todo el día y gran parte de la noche encerrada en el despacho arreglándolo todo para el día siguiente, donde se reuniría con los capos. Sería ella quien llevaría a la grande mesa el prestigioso apellido Conde ya que el viejo no se hallaba en condiciones de abandonar la cama; en las últimas horas su salud se había agravado por la improvisa infección de la herida. Así que le tocaba a ella tomar las riendas de la situación y estaba preparada para eso; Juliana Conde había pasado toda su vida preparándose para convertirse un día en la cabeza de esa familia…
Casi a la una de la madrugada abandonó finalmente el despacho y, antes de ir a su alcoba, fue a ver su padre. Entró muy atenta y silenciosa para no despertarlo. Se le acercó y le dio un beso en la frente. Amaba a su padre y daría la vida por él sin pensarlo dos veces. Él la había criado prácticamente solo y nunca le hizo faltar nada, sobre todo nunca le hizo faltar el amor paterno…
―Ey, tesoro… ¿qué hora es? ―el viejo abrió los ojos cuando ella estaba por abandonar la habitación.
―Papá… es muy tarde ―respondió ella en voz baja, regresando de nuevo adonde su padre―. Pasé solo a saludarte… ya me voy a la cama.
―Te ves cansada… la reunión de mañana te tiene bajo mucha presión
―dijo él, apretándole una mano―. Quizás… no deberías ir, cielo, es una oportunidad perfecta para que la policía haga una redada; si se filtra la información de que estarán todos reunidos mañana…
―Shsh… No se filtrará nada, todo está organizado perfectamente, incluso el “plan B” para los imprevistos… No sucederá nada; solo descansa.
―Oh, no vayas tesoro ―suplicó Lucio, interrumpido por una tos fea, llevaba algunos días en la cama y eso no le hacía bien a sus pulmones.
Juliana le tomó una mano entre las suyas y la besó. ―Ya quiero cerrar ese asunto, por tu seguridad; por la de todos. Las horas de Yasikov están contadas, y eso no lo postergaremos más, confía en mí y descansa. Mañana a esta hora te daré buenas noticias ―dijo, tratando de tranquilizarlo y forzó
una sonrisa mientras volvía a besarle la mano―. Ahora me iré a dormir un rato, en cuanto amanezca debo ultimar todo para esa reunión ―y sin decir más, abandonó la habitación bajo la mirada preocupada de su padre que la siguió hasta que atravesó la puerta.
La hora tan esperada llegó. Varios autos estacionados en el enorme patio trasero de la Villa quedaban ocultos a la vista de la calle. Felina estaba encargada de recibir cada uno de los cuatro poderosos invitados y conducirlos al privado principal, condicionado meticulosamente para este tipo de eventos.
Juliana fue la última en llegar, en el auto de su padre. En cuanto entró a la casa caminó de prisa por el corredor que llevaba al enorme salón, ya estaba abierto para el público esa noche; lo cual era fachada para no llamar la atención mientras sucedía el importante encuentro. Sus ojos barrieron el sitio de inmediato, buscaba algo; alguien, a quien no halló y se deslizó con pasos apresurados hasta su habitación… Tocó la puerta y de inmediato Carolina abrió, llevándose gran sorpresa.
―H-hola ―saludó parada en la puerta entreabierta cerrándole el paso.
―Hola ―respondió Juliana, viendo hacia ambos lados del pasillo y se apoderó de sus labios por un instante, un instante bastante intenso, por cierto―. ¿Te sucede algo? Te he buscado en el salón y no estabas. ¿Te sientes mal esta noche?
―No… no, es que… se me quebró un tacón justo antes de iniciar el primer baile así que… vine a cambiarme ―dijo, mostrándole los pies desnudos.
Juliana sonrió y la besó otra vez. ―Oh, debes tener cuidado ―luego le tomó una mano y la sujetó fuerte―. Esta noche tengo algo muy importante que hacer; pero en cuanto termine vengo por ti… Te tengo una sorpresa.
―Una… ¿sorpresa? ―preguntó Carol, sintiendo como se le estrujaba el corazón al ver aquellos ojos ilusionados sobre ella.
―Mj… una sorpresa… fuera de aquí. Te gustará ―respondió la mujer a la que estaba a punto de apresar junto a su padre y le besó la mejilla―.
Ahora me voy, se me hace tarde. Nos veremos… más tarde.
―O-ok.
En cuanto Juliana se alejó, Karolyn cerró la puerta y se llevó ambas manos a la cabeza. En su interior se debatía una lucha intensa que estaba mellándole hasta el alma. Estaba ahí por una razón y había llegado el día de cumplir definitivamente su misión. Tomó la bolsa oscura que escondía bajo su cama y que había obtenido gracia a la ayuda de Lucy y de su amante. Le había prometido a Lucy que, una vez terminada esa historia, pondría una buena palabra para Jonas, les diría a sus superiores que él la había ayudado… No sería una mentira, ya que en verdad el chico se había arriesgado en más de una ocasión para ayudarla.
Abrió la bolsa y sacó unas ropas que comenzó a cambiarse por las que traía de inmediato, se colocó unas botas y tomó el arma que también venía en la bolsa, caminó hasta el espejo y por último se metió en el chaleco con enormes letras grises atravesándole el pecho… “POLICÍA”.
Cuando Juliana llegó a la sala de reuniones, dos puestos a la mesa estaban vacíos; el suyo y el de su padre. Caminó hasta el del centro y todos se miraron contrariados.
―Caballeros, como saben… mi padre está delicado de salud y por obvias razones decidimos que no asistiría esta noche; sin embargo, he quedado a cargo de esta importante junta y ya todos nos conocemos. Espero no haya problemas.
En lo que acontecía la importante junta en aquel local privado y aislado del ruido del salón, las chicas entretenían a los clientes con bebida, música y coqueteo; y una figura sigilosa se deslizaba como una sombra por el corredor que llevaba al patio del fondo. Al llegar a la cocina, Carolina se asomó por una de las ventanas con cuidado y arma en mano, contando unos diez hombres dispersos en el patio y sin poder asegurar que se hallaran otros en los autos. Era la hora de la señal, no podía perder un minuto más.
Presionó el botón del intercomunicador en su oído. ―Empieza la fiesta, chicos ―dijo y tomó la pistola con silenciador que llevaba, disparando contra la farola del alumbrado en la entrada, causando alarma entre los guardias del patio segundos antes de que un camión de operaciones especiales de la policía irrumpiera a la fuerza, tirando al suelo la enorme puerta de hierro.
Una balacera incontenible inició entre ambas fuerzas hasta que finalmente los agentes lograron irrumpir dentro de la residencia, eliminando a su paso todo el guarura que se interponía. Los clientes salían por donde podían y los gritos y el revuelo de las chicas hacían todo un caos.
―¡Al suelo, todas las chicas al suelo! ―gritaba Carolina mientras avanzaba hacia el salón con el arma presta y los cinco sentidos aguzados.
―¡Scott! ―gritó entre el bullicio otro agente que se acercó corriendo hasta ella.
―¡Mi capitán! ―contestó Karolyn mientras disparaba contra un par de guardias que aparecieron por uno de los pasillos.
―¡Este es su operativo, teniente, vaya por los Conde!
Ella lo miró y frunció el ceño, asintiendo y tragando en seco. ―¡Sí, mi capitán!
―¡Atenta, Scott!
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