CON EL ENEMIGO ADENTRO
Capítulo 15
El timbre tedioso del celular despertó a Juliana, que se había quedado rendida entre los brazos
de Carol con la cabeza en su pecho. Abrió los
ojos de golpe y al ver que aún la chica dormía
se escabulló del lecho, luego de contemplarla un segundo y besarla en el hombro suavemente.
Tomó el celular y entró al cuarto de baño, dejando la puerta entreabierta para verla cuando despertara si lo hacía. ―Papá… ―dijo Juliana―. Ya lo sé; pero necesitaba salir, estaba enloqueciendo encerrada en casa... Un sitio seguro, no te preocupes...
No se percató cuando Carol despertó, ni que desde la cama podía escuchar toda su conversación.
―Esa fecha me parece estupenda; tres días bastan para organizar la seguridad al máximo y poder reunirnos sin problemas, me urge terminar esta situación... Ok, no te preocupes, dentro de poco estaré en casa y desde ahí me comunico con todos para confirmarles el día... También te quiero, cuídate; nos vemos pronto.
Cuando cortó la llamada y se giró, vio a Carolina revolviéndose en la cama mientras estiraba los brazos. La contempló por un momento y se quedó inmóvil. Se sentía... no sabía exactamente como describirlo si hubiera tenido que hacerlo; solo podría haber dicho que jamás se había sentido igual.
―Buenos días ―dijo, acercándose a la cama mientras de camino recogía del suelo sus ropas―. ¿Has... dormido bien? ―preguntó y se inclinó para besarle la frente.
―Mj... ―asintió Carolina, sonriendo un poco atontada ante aquella nueva personalidad de Juliana que no conocía―. Buenos días para ti también.
―Tengo... tengo que irme ya... ―dijo la “patrona” mientras iniciaba a meterse en la ropa―. Pero es temprano aún, así que podrás continuar con el sueño ―sonrió, sin esa frialdad con que lo hacía siempre ni usaba el tono de voz que todos conocían; a Carol más bien le recordaba el mismo tono
que usó en la madrugada cuando metida en su cama se olvidaban del resto del mundo.
―Sí, es... temprano, aún quedan un par de horas para que comience el ajetreo aquí ―contestó la chica y sonrió. Sin saber exactamente el por qué, estaba nerviosa... un poco apenada.
Juliana terminó de vestirse y caminó hasta el baño, se echó un poco de agua en el rostro y se acomodó un poco el cabello usando una liga que encontró entre las cosas de la chica. Carol solo la observaba... se veía tan distinta... y tan hermosa...
Cuando Juliana terminó de verse al espejo volteó a mirarla, sus labios dibujaron una casi imperceptible sonrisa y se dirigió al lecho, sentándose en el borde mientras le acariciaba el cabello a la chica aún desnuda bajo las sábanas.
―Espero que tengas un buen día... yo... regresaré, en cuanto pueda.
Hay un asunto que me tendrá muy liada un par de días; pero... pensaré siempre en ti ―dijo y la miró con aquel brillo inusual en los ojos mientras le tomaba una mano para besarla.
―¿Problemas? ―preguntó Carol.
―No, nada que no pueda resolver; y nada por lo que debas preocuparte... Ya me voy ―Juliana se agachó un poco y la besó en los labios, tan agradable, tan intenso a pesar de lo breve, que el corazón de ambas se disparó―. Hum... ―se aclaró la voz luego y se puso de pie, colgándose su bolsa al hombro―. Cuídate y no te metas en líos con Felina... ya veremos luego cómo hacer con ella para que no te moleste.
¿Cómo hacer para que no la moleste?... ¿Acaso Juliana se estaba responsabilizando de algún modo por ella? ¿Acaso no era solo sexo lo que las unía de vez en cuando? Mil cosas pasaban por la cabeza de Carolina.
Sentía que estaba llevando un juego doble que no era justo para nadie, que no debió siquiera comenzar; pero no había cómo dar marcha atrás, y menos se sentía capaz de hacerlo ahora que viera aquella Juliana diferente con ella a la que todos conocían... Se sintió muy mal; sin embargo, le sonrió cuando la vio dirigirle la mirada por última vez antes de marcharse y una punzada de preocupación se alojó en su pecho.
―¡Juliana! ―exclamó antes de que abriera la puerta―. Cuídate mucho
―dijo y le sonrió.
―Mj ―asintió la heredera Conde con una sonrisa y finalmente abandonó la habitación, dejándola con esa sensación extraña de angustia que le arrancó dos lágrimas mientras cerraba fuerte los ojos.
¿Qué diablos tenía en esa cabeza? ¿Por qué rayos no lograba concentrarse en lo que la había llevado hasta ahí? Nunca le pasó por la mente que se enredaría de esa manera, si lo hubiera sabido se habría mantenido bien lejos de aquella mujer, y no comprendía aún qué era lo que tenía que le hacía perder la razón, haciéndole olvidar quien era y por qué estaba ahí. Se enjugó las lágrimas que la hacían ver vulnerable y hasta se sentía perdida. Respiró profundo y se acurrucó bajo las sábanas, cerrando los ojos y repitiéndose que lo más importante era la misión, lo más importante era salvar todas esas mujeres que sufrían por causa de esos animales…
Esa misma noche, Carolina volvió a encontrarse con un agente. Poco antes del encuentro había platicado con Lucy, quien le confirmó que dentro de tres días se tendría una importante reunión en el lugar, se lo había dicho Jonas entre las sábanas, no muy diferente del modo en el cual ella había obtenido también esa información, y eso la hacía sentir bastante mal y sabía cuál era la causa, solo que no quería admitirlo y mucho menos aceptarlo.
La teniente entró en el cuarto privado seguida por el agente que se fingía ebrio y extremamente excitado de aquella mujer.
―El encuentro se tendrá el viernes en la noche ―dijo ella luego de cerciorarse que el lugar fuera seguro.
―Bien ―el tipo la vio sentarse y bajar la cabeza, cubriéndose el rostro con ambas manos y apoyando los codos en las rodillas―. Ya todo está por terminar, Karolyn…
Ella levantó la cabeza, lo miró y le sonrió. ―Eran meses que no escuchaba mi verdadero nombre…
―Carolina es un nombre muy bonito y se parece mucho al tuyo…
además que era el nombre de tu abuela materna…
La teniente sonrió de nuevo; pero luego volvió a bajar la cabeza.
Él se sentó a su lado y le tomó una mano. ―Karolyn, dentro de poco saldrás de este infierno.
―Mj ―asintió ella y luego lo miró, cambiando expresión―. Estoy muy contenta de verte, Adrian.
―Pensé que desearías ver un rostro conocido… y, además ―él sonrió―, quería decirte que dentro de unos meses serás… tía.
Ella lo abrazó de repente ya que él era su mejor amigo, casi como un hermano. ―¡Eso me pone muy feliz! ―luego dejó de abrazarlo y volvió a bajar la cabeza.
―¿Qué sucede, Karolyn? Te conozco muy bien y sé por cierto que algo te atormenta y no es la misión…
Una lágrima estaba por abandonar los ojos de la chica; pero ella se apresuró a enjugarla. ―No es nada… quiero solo que todo esto termine de una maldita vez.
El chico se puso de pie. ―Pues eso sucederá dentro de poco, y regresarás a retomar la rutina aburrida y solitaria de tu vida.
Ella se rio y se levantó también. ―Lo espero ansiosa… y mi vida no es para nada aburrida ―lo volvió a abrazar.
―Nos vemos pronto, teniente Scott ―sonrió mientras ella seguía abrazándolo―. Mañana enviarán otro agente con las instrucciones y con algo para ti.
―No ―la chica sacudió negativamente la cabeza―, no puedo entrar nada en este lugar, nos revisan antes de retirarnos a las habitaciones… sería un suicidio ―luego suspiró y lo vio a los ojos―. Tal vez… tal vez puedo hallar el modo… Di al agente que deje el paquete escondido en algún lugar fuera… fuera de la cerca… Ya veré como rayos hacer… ―su mirada viajó al suelo algo sombría.
―Resiste un poco más, ya casi lo logramos y será gracias a ti… Te ganarás una medalla por esto.
Ella sonrió. ―Ahora ve y salúdame a Sara ―lo besó en la mejilla y luego lo vio abandonar el cuarto.
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