CON EL ENEMIGO ADENTRO
Capítulo 31
Luego de navegar por un par de horas, Juliana
apagó el motor y tomó los pequeños
binoculares que llevaba colgando de su cuello,
observando hacia el horizonte. Ya estaba en las coordenadas señaladas por Will y ahí debía esperarlos; a él y a Rubén, para abordar la lancha rápida que los llevaría hasta el viejo muelle cercano a los almacenes de Yasikov al caer la noche. Tenían todo el día para ultimar los detalles, y al caer el sol pondrían en marcha el más descabellado plan de toda su vida. Miró la hora en su reloj y luego dirigió la mirada hacia el camarote, la puerta estaba cerrada, eso solo significaba una cosa; Karolyn continuaba resentida con ella y para nada le gustaba la situación. Aquellas podrían ser las últimas horas que pasara con ella si algo por cualquier motivo no salía bien y, aunque se negara a contemplar esa posibilidad, en el fondo sabía que existía.
Sacudió la cabeza y respiró profundo, decidida a ir por su chica y arreglar lo que hubiera de ser arreglado para volver a tenerla abrazada; pero antes de que diera los primeros pasos, la puerta se abrió y apareció Karolyn en cubierta.
―Amor...
―¿A qué hora llegan los demás? Necesito que ya hagamos esto
―respondió la teniente muy seria, llevándose las manos a la cintura.
Juliana reparó rápidamente en las armas y reconoció en su tono de voz que aún estaba molesta. ―Deben estar por llegar.
―Bien ―murmuró Karolyn y caminó hacia el borde mientras su mirada se perdió en la lejanía.
―Karolyn... ―Juliana se le acercó con pasos lentos.
La teniente suspiró sin dejar de contemplar el océano que se extendía ante ella.
Juliana, algo cansada de ser ignorada y de toda aquella situación entre ambas, intentó tomarla por una mano; pero la chica la esquivó sin apartar la
mirada del mar.
―Te estás comportando como una chiquilla, Karolyn.
La agente no hizo caso al efecto que le causaba cada vez que aquella mujer pronunciaba su nombre y soltó una risita algo histérica. ―¿Yo? ―se volvió finalmente a mirarla―. Que yo sepa no fui yo quien quería irse escurridiza para llevar a cabo el plan más descabellado del mundo sola. Ese sí que es el comportamiento de una chiquilla, que, además, se cree invencible ―quiso alejarse; pero esta vez Juliana sí logró aferrarla por una mano, deteniéndola.
―No podemos simplemente hacer las… ―pero la heredera fue interrumpida por el ruido de una lancha que se acercaba.
―Deben ser Will y el genio ―dijo Karolyn, zafándose del agarre en su mano para voltearse a mirar.
―¿“Genio”? ―preguntó Juliana con recelo.
―¿Qué? Así le dijiste tú ―respondió la otra, encogiéndose de hombros como una adolescente y se alejó hasta la popa del barco.
Juliana quedó con la palabra en la boca y sacudió la cabeza, frustrada; en verdad aquella mujer lograba sacudirla toda con su comportamiento.
Tomó los binoculares para asegurarse de que no fuera alguna visita desagradable y, al reconocer a Will al volante de la lancha, caminó hasta una de las barandas, deseosa de ultimar detalles y terminar de una vez con todo aquello.
En unos minutos los dos hombres atracaron la lancha junto al barco y les alcanzaron a las chicas unas enormes bolsas.
―¿Todo bien, chicas? ―preguntó Will al subir a bordo.
―Perfecto ―respondió la teniente y sonrió―. No veo la hora de que todo esto termine.
―Terminará esta noche y luego... ¡seremos millonarios! ―exclamó Rubén, quien sujetaba con cuidado una maleta donde seguramente traería algunos equipos.
―¿Trajiste lo que te pedí? ―preguntó Juliana, dirigiéndose directamente a Will.
―Tal como me indicaste; completamente impermeables ―contestó él entregándole las bolsas que al parecer venían vacías.
―Los equipos del yate están listos como los preparaste antes de irte, revisa bien el oxígeno ―ordenó la heredera Conde y se colocó las gafas antes de caminar hacia el cuarto de equipos―. Ahora vamos adentro… y tracemos un plan perfecto.
Karolyn la vio alejarse y no pudo dejar de pensar en el día que la conoció, autoritaria y tajante. Amaba a aquella mujer con toda su alma y estaba convencida que la seguiría hasta el mismo infierno...
Ya iniciaba a caer la noche. El momento del “gran golpe” estaba muy cerca. Karolyn necesitaba un poco de aire fresco, así que salió. Llevaban toda la tarde encerrados en aquel cuarto de los equipos, trazando y estudiado cada detalle de aquel descabellado plan que no era para nada simple, ya que el lugar donde Yasikov escondía sus millones estaba bien custodiado con enormes sujetos armados hasta los dientes y prestos a morir por su patrón. La chica inició a caminar de un lado al otro. Le sudaban las manos y el corazón le latía aceleradamente como si quisiera abandonar su pecho.
―¿Estás nerviosa? ―Juliana apareció a sus espaldas haciéndola sobresaltar, lo cual la hizo sonreír.
Karolyn se volvió a mirarla. ―¿Tú no?
Si Juliana estaba nerviosa no lo daba a ver. En realidad, estaba serena, relajada, inmutable como siempre… tal parecía que a aquella mujer nada lograra perturbarla en lo absoluto.
La teniente sacudió la cabeza y se llevó las manos sudadas a la cintura.
―Prácticamente estamos por asaltar un banco… No, ¡peor!
La heredera Conde se humedeció los labios, viéndola. ―¿Sabes?... Te ves muy bonita nerviosa ―sonrió al verla sonrojar.
―Yo creo que no te das cuenta de la peligrosidad del asunto, Juliana
―suspiró, desviando la mirada y caminó un poco hacia la baranda.
Juliana llenó sus pulmones de aire y fue tras ella. ―Karolyn, no es tarde para que de…
―¡Ni lo digas! ―la agente la interrumpió de inmediato y se volvió a mirarla―. Esto, aun sabiendo que es una tremenda locura, lo haremos juntas y nada de lo que digas me hará desistir… porque yo…
―Ey, chicas… es hora ―anunció Will, interrumpiéndolas.
La heredera Conde volvió a llenar sus pulmones de aire y miró a Karolyn a los ojos. ―Todo saldrá bien.
Karolyn asintió levemente no muy convencida y se dispuso a seguir a Will hacia la lancha que las acercaría al muelle; pero Juliana la aferró de un brazo, deteniéndola con un poco de brusquedad.
―Tienes que decirme que todo saldrá bien, necesito que estés convencida de eso, porque de lo contrario no subiremos a esa lancha, Karolyn. No pienso hacer esto si tú crees que se irá todo a la mierda.
Karolyn la miró por unos instantes, se perdía en sus ojos con una facilidad inexplicable y en ellos encontraba todo cuanto necesitaba para continuar hacia lo que fuera; hacia donde fuera. Sus labios se curvaron por un segundo en una sutil sonrisa y luego se zafó del agarre en su brazo sin hallar resistencia.
―Vámonos, ya escuchaste a Will; es hora ―dijo y sin más le dio la espalda para saltar hacia la lancha.
Juliana rodó los ojos en señal de frustración y la observó detenidamente, quién sabe lo que pasaba por su mente. Luego volteó a mirar atrás y levantó una mano hacia Rubén, que se quedaba en el barco.
―Todo el tiempo en contacto, ¿ok? Ya puedes soltar el juguetito.
―Estoy listo, no se preocupe ―respondió el chico y, mientras ella saltaba a la lancha, él regresó al camarote en donde estaba su ordenador.
El sitio en donde estaba el dinero de los Yasikov se hallaba a unas cincuenta millas apenas de aquel punto en que se encontraban; con buena marcha llegarían en breve.
―Bien, ¿estamos listos? ―preguntó Juliana mirando a Will, que asintió de inmediato; y luego más detenidamente a Karolyn, quien se colocaba un dispositivo de escucha al oído al igual que los demás.
―Lista ―respondió la teniente muy seria, revisando las armas que llevaba encima.
―Ok, en marcha, Will... Sigue al juguetito.
Justo en ese momento un pequeño dron partió desde el yate, monitoreado por Rubén y ellos lo siguieron. A través de una cámara instalada en el sofisticado “juguete”, el chico podría espiar de cerca el objetivo y guiarlos sorteando la mayor cantidad de peligro posible.
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