CON EL ENEMIGO ADENTRO

Sra. Sotto · Capítulo 36 de 42

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CON EL ENEMIGO ADENTRO

Capítulo 34

Cuando Karolyn arribó al muelle ya era demasiado tarde. El lugar estaba repleto de policías, bomberos y paramédicos que corrían de un lugar a otro. Las sirenas de las ambulancias y de las patrullas irrumpieron dolorosamente en sus oídos. Sintió que le faltaba el aire, sintió que todo su mundo se le derrumbaba en mil pedazos. Las lágrimas le nublaron la vista y sentía rabia; tanta rabia. Si tan solo Juliana hubiera seguido el plan a la letra todo sería diferente, en esos momentos ambas estarían bien lejos de ahí, festejando la victoria, felices de comenzar ese futuro que habían pronosticado… juntas. Pero no; al parecer la sed venganza fue más grande que el amor. Sí, sentía mucha rabia. No sabía que hacer, ni siquiera sabía si Juliana aún estaba viva, desde ahí no podía ver casi nada; pero tenía que estar viva. Le era más fácil sentir rabia, porque la rabia apaciguaba en algún modo ese dolor que le estaba oprimiendo el pecho.

Se volvió a sumergir en las aguas oscuras del mar, dejando todo aquel caos y ruido fastidioso tras de sí. No podía hacer nada en aquel momento.

Juliana había mandado todo a la mierda. ¿Por qué demonios tuvo que regresar? ¡Lo habían logrado, maldición! Habían salido ilesas, se habían lanzado al agua con el entero botín como previsto. Nadie las había seguido…

Faltaban apenas un par de horas para el amanecer cuando la lancha en donde viajaban Karolyn y Will llegó a donde estaba el yate, en medio del océano, lejos de alguna civilización. Ella fue la primera en abordar la embarcación más grande, seguida por Will, quien se ocupó de subir las bolsas con los millones mientras ella fue directo al cuarto de los equipos, donde se hallaba Rubén. El chico se puso de pie cuando la escuchó entrar.

―Pon la radio ―ordenó la chica muy seria―. Necesito escuchar las noticias.

El joven miró hacia la puerta y se preocupó al no ver entrar a nadie más. ―¿Los demás…?

―Will está fuera ―contestó, cruzándose de brazos y desviando la mirada.

―¿Dónde está la… patrona? ―preguntó el chico con un hilillo de voz, viendo de nuevo hacia la puerta.

―Pon la maldita radio ―volvió a ordenar la exteniente, conteniendo el llanto que la estaba ahogando.

―¿Ella está bien? ¿Qué sucedió? ―el chico la observaba preocupado.

―No te lo voy a repetir más, ¡pon la maldita radio, carajo! ―Karolyn perdió la paciencia por un segundo; pero se controló. Tenía que mantener la calma y permanecer lúcida. Tomó un profundo respiro y miró al joven―.

Hubo un cambio de planes al último minuto y… y Juliana no logró escapar… la policía llegó al lugar… ―se aclaró la garganta, continuando a luchar contra el llanto―. Pon las noticias, necesito saber lo que está sucediendo.

El chico no se lo hizo repetir una vez más y rápido fue a cumplir la orden.

«Aún no tenemos mucha información de la explosión que se produjo en uno de los muelles de la bahía de Santa Rita algunas horas atrás; pero se dice que el sitio fue el epicentro de un enfrentamiento entre las cabezas de dos grupos criminales. Una de estas era la tan buscada Juliana Conde, hija de Lucio Conde…»

Karolyn se enjugó algunas lágrimas y prestó más atención al escuchar aquel nombre.

«Sabemos que Juliana Conde ha sido trasladada a un hospital; aunque no sabemos con exactitud cuál sea su estado de salud tras el enfrentamiento… Al parecer la chica ha sido la única sobreviviente…»

Aquellas palabras fueron suficientes para que le regresara el alma al cuerpo. Estaba viva. Eso era lo único que le importaba. Juliana Conde estaba viva… Se volvió de espaldas, se cubrió el rostro con ambas manos y entonces sí dejó emerger aquel llanto desconsolado que había contenido con admirable coraje hasta ese momento.

―¿Ahora hacia dónde? ―preguntó Will, apareciendo en la puerta del camarote―. Usted dirá.

Karolyn se enjugó las lágrimas con torpeza, miró la hora en la pantalla del ordenador y respondió acomodándose el cabello muy en alto: ―A la isla, guardaremos el dinero en un lugar seguro y les pagaré lo acordado.

―¿Y la... patrona Conde? ¿No irá por ella?

―La pregunta está de más, Will ―respondió ella y salió apartándolo de la puerta―. Cuando les de sus partes y meta el resto del dinero en un lugar seguro, volveremos a embarcar; y me llevarás de nuevo a tierra firme... Al puerto de la ciudad.

―Pero... regresar ahí como están las cosas es...

―Es lo que tengo que hacer para sacar a Juliana de dónde está.

Estaba decidida y dispuesta a llegar a ella como fuera. Sabía que con todo lo sucedido y la vida al margen de la ley que había llevado la hija de Lucio Conde, era un preciado trofeo para la policía; y la refundirían en la cárcel de por vida si llegaba a ser juzgada. Tenía que sacarla mientras continuara en el hospital. Seguramente estaría muy custodiada; y lo más probable era que por sus excompañeros, su equipo era el encargado del caso Conde. Ahora le restaba averiguar en qué hospital estaba y ese dato, ya tenía idea de cómo lo conseguiría...

Juliana parpadeó un par de veces cuando sus ojos entraron en contacto directo con la luz del día. Le dolía terriblemente la cabeza, en realidad le dolía todo el cuerpo y su hombro. Deslizó de inmediato la mirada hacia su hombro vendado. Quiso mover su mano derecha; pero algo metálico alrededor de su muñeca se lo impidió. Estaba esposada a la camilla.

Reaccionó de súbito, rememorando todo lo sucedido y dándose cuenta que estaba en un maldito hospital bajo la custodia de la policía. Cerró con fuerza los ojos y maldijo para sus adentros. Se había metido en un gran lío… y ahora sí que no tenía idea de cómo salir. Y si no había muerto en el enfrentamiento, estaba más que segura de que Karolyn la mataría por haber mandado a la mierda el plan.

Se quedó con los ojos cerrados, visualizando en su mente la imagen de la chica. Un par de lágrimas corrieron por sus sienes. Sí que había mandado todo a la mierda y Karolyn no se lo perdonaría jamás. Lo único que la tranquilizaba era que sabía por cierto que la chica había logrado escapar con el botín, la última vez que la vio nadaba delante de ella veloz como un pez…

―Al fin despierta la “bella durmiente” ―el mismísimo capitán Scott había estado impaciente, esperando que despertara después de la intervención quirúrgica para extraer el proyectil que se había incrustado en su hombro izquierdo.

Ella abrió los ojos, viéndolo acercársele con pasos lentos y una sonrisa complacida en los labios. Se quedó observándolo con atención, dándose cuenta que su hija tenía sus mismos ojos. Inevitablemente volvió a pensar en ella; en Karolyn, cuestionándose como estaría la chica en aquellos momentos, tal vez desesperada, preocupada, adolorida… y seguramente muy enfadada con ella; pero lo único que deseaba saber era que se hallaba bien y lejos de todo aquello. El enfado y todas aquellas emociones que seguramente estaría sintiendo la chica se le pasarían con el tiempo, y hasta tal vez lograría olvidarla y recomenzar una vida sin ella… Sabía que ella ya estaba condenada y pasaría todo el resto de su vida en la cárcel.

―¿Dónde está mi hija? ―la pregunta salió de la garganta del capitán casi como un susurro y sus ojos se pusieron vidriosos, haciendo desaparecer aquella sonrisa arrogante con la cual se presentó.

Juliana esperaba vivamente que Karolyn estuviera bien lejos. ―No sé de quién me habla ―respondió, desviando la mirada, centrándola en la ventana semiabierta a su derecha, escuchando el insoportable tráfico de la ciudad.

El capitán Scott se le acercó aún más. ―Sé que estaban juntas, sé por cierto que mi hija no murió en aquella explosión… sé que tú, maldita hija de… ―se silenció y respiró profundo―. Te pudrirás en la cárcel, Juliana Conde… y yo me ocuparé de que tu estancia en ese lugar sea un verdadero martirio. Cargarás con todas las culpas de tu difunto padre; tráfico de drogas, blanqueo de activos y dinero… asesinato… trata de blanca…

Juliana lo miró y quería de verdad negar eso último porque de eso no sabía nada… pero de nada serviría, en el fondo sabía que dijera lo dijera, la culpabilizarían de eso también, y en parte hasta ella misma se sentía culpable por no haberse dado cuenta de que su padre era un… Igual ya no tenía importancia. Ella terminaría encerrada en una cárcel de máxima seguridad y, a juzgar del desprecio con que la miraba aquel hombre, la amenaza que le había hecho poco antes era ya un hecho. Algunas lágrimas luchaban por abandonar sus ojos; pero las contuvo. ¿Por qué diablos tuvo que regresar por Yasikov? Fue muy estúpido de su parte querer vengar a su padre cuando en realidad, y por vez primera lo pensó de verdad, su padre no merecía ser vengado.

Lo fulminó una vez más con la mirada y continuó intentando contener las lágrimas que amenazaban con escapar de sus ojos; lágrimas de rabia contra sí misma, contra la policía... contra el mundo.

―¿Qué?... ¿No dirás nada? ―preguntó el capitán y volvió a sonreír, autosuficiente.

―Aproveche su golpe de suerte, capitán Scott; haga lo que tenga que hacer ―respondió y le volteó la cara una vez más; y luego sí, aquel par de lágrimas rodaron por su rostro como si le quemaran la piel.

Lo escuchó reír y luego sus pasos lentos hacia la puerta, hasta que desapareció finalmente y ella pudo abandonarse por completo al llanto.

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