CON EL ENEMIGO ADENTRO

Sra. Sotto · Capítulo 23 de 42

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CON EL ENEMIGO ADENTRO

Capítulo 21

Cuando la teniente abrió los ojos se asustó

mucho al darse cuenta que se hallaba amarrada

en una silla en medio de una habitación poco iluminada y pequeña, sin ventanas y bastante asquerosa. Había un hedor horrible en aquel lugar. No sabía qué diablos le había sucedido.

Dirigió la mirada hacia la única puerta frente a ella cuando escuchó unos pasos y luego se abrió de par en par, dando paso a dos tipos con muy mal aspecto.

―Bien, ya está despierta ―dijo uno que llevaba un sobre entre las manos.

―¿Quiénes…? ―comenzó a decir ella; mas la llegada de otro hombre la interrumpió―. ¿Yasikov? ―murmuró, viéndolo a la cara.

Pero él no le prestó mucha atención, su mirada se clavó en uno de los tipos. ―¿Quién es esta? Yo di la orden de traerme a Juliana Conde y ―dio un par de zancadas hasta ella, tomándola bruscamente del pelo y levantándole la cabeza de modo tal que sus hombres la vieran a la cara―, esta no es Juliana Conde. ¡¿Quién cojones es esta puta?! ―rugió enfurecido.

―Patrón… ―uno de los tipos le entregó el sobre y luego le dijo algo en ruso que Karolyn no entendió.

Yasikov soltó la chica y tomó el sobre, abriéndolo y sonriendo al ver las fotos que se hallaban en este, fotos tomadas ese mismo día, fotos en donde se veía cuán importante podría ser esa chica para Juliana Conde.

―Podría ser este el incentivo que necesita para que la Condesa se entregue por voluntad propia y le de las informaciones que busca ―el matón de Yasikov se acercó a la chica y la tomó de la barbilla―. No creo que la Condesa querrá ver esta linda carita maltratada… No las viste en la cama, patrón ―se rio con malicia, seguramente recordando lo que vio en aquel apartamento; las dos chicas haciendo el amor―, las dos perras parecían muy; pero muy enamoraditas.

Karolyn escuchaba en silencio y sintió asco al saber que aquel tipo las había observado mientras hacían el amor.

Mijail dirigió la mirada hacia la chica amarrada en aquella silla.

―¿Cómo te llamas, cariño?

―Si no detienes este circo ahora... me puedo convertir en tu peor pesadilla ―respondió Karolyn, forcejeando en la silla.

Yasikov rio a carcajadas, luego tomó algo que le entregó uno de sus hombres; era la placa de la chica, evidentemente se la habían quitado al secuestrarla. Abrió la pequeña charretera de cuero con la estrella incrustada e hizo una mueca de sorpresa.

―¡Vaya, vaya! Qué sorpresas tenemos por aquí ―la miró y sonrió―.

“Scott, Karolyn, Teniente del Departamento de Operaciones Especiales de la Policía Nacional”; ¡pero qué estupendo regalo! ―exclamó, golpeándose la palma de la mano con la identificación y luego la lanzó a un lado―. Y

cuéntame, bizcocho, ¿qué hace una teniente de operaciones especiales con la perra Conde? ¿M?

―¡Púdrete, idiota! ―respondió la chica, fulminándolo con la mirada.

―¡No son modales, perra! ―gritó uno de los tipos y le dio una fuerte cachetada.

―Teniente.... teniente... teniente... ―tarareó Yasikov, caminando a su alrededor y de repente se detuvo, la tomó del cabello, alzándole la cabeza para obligarla a mirarlo a los ojos―. No quieras comenzar tu calvario antes de tiempo, aún no ideo un plan perfecto para usarte... contigo mataré dos pájaros de un tiro: a la perra Conde, la cual vendrá en bandeja de plata hacia mí; y le daré una muestra a tu querido departamento de lo que hacemos con los policías.

―¡Juliana Conde no vendrá por mí! ¡Yo la traicioné, yo me infiltré en su organización y dirigí el operativo en la Villa!

―Menudas hazañas ―el tipo volvió a sonreír―. Pero eso ya pasó por lo que veo... Hoy estuvieron revolcándose y dándose mucho cariñito. Ella vendrá.

―Infeliz...

―Infeliz es el destino que te espera en breve, créeme ―amenazó Yasikov, arreglándose el traje y luego se dirigió a sus muchachos―.

Tómenle una foto con el diario de hoy y llévenmela a mi despacho; pero no le hagan daño… aún. Luego apaguen la luz y déjenla sola, que tenga tiempo

de pensar si valió la pena enredarse con quien la ha puesto en esta situación antes de volver a verla. ¡Dense prisa!

Cuando el timbre de la puerta de Juliana sonó, esta cerró de golpe el ordenador y caminó hacia la puerta, arma en mano.

―¿Quién? ―preguntó y sonrió, esperando escuchar la voz de la mujer que no salía de su cabeza; pero al mirar al suelo y ver un sobre amarillo con un saludo escrito en ruso se le heló la sangre, presintiendo algo terrible por venir.

Tomó el sobre y colocó la mano en el llavín, respiró profundo y abrió de golpe, apuntando al frente; mas el pasillo estaba desierto.

―¡Mierda! ―exclamó y entró, cerrando rápidamente mientras retiraba la USB de su ordenador y luego inició a borrar una serie de archivos en la máquina.

Rasgó el sobre en un costado y metió la mano, encontrando una foto con una nota escrita a su reverso:

«Buen gusto, Condesa; si no accedes pronto a lo que te pido habrá que ver qué opinan mis muchachos».

La foto de Karolyn atada en una silla, con el diario actual sobre sus piernas la hizo temblar. El grito que emergió de su garganta a la vez que golpeó la mesa compaginó con sus ojos y la expresión de rabia que adoptó rompiendo la foto.

«¡Voy a acabar contigo y con toda tu maldita mierda, Yasikov!

Desearás jamás haber salido de Rusia, asqueroso infeliz...»

Sintió su pulso dispararse cuando sonó su teléfono, era de origen desconocido aquella llamada; sin embargo, ella sabía que eran ellos.

―Maldito perro ―dijo casi moliendo cada palabra entre dientes―,

¿qué quieres?

― Veo que estabas esperando mi llamada rápida ―Mijail sonrió―.

Mejor, así terminamos pronto todo esto. Tu novia querrá ya irse a casa, o tal vez sus colegas se preocupen e inicien a buscar; a nadie le conviene...

―¡Ya no des más vueltas y ponte los pantalones de una vez! Dime qué quieres, rata, cómo y dónde y terminemos con esto.

Aquella forma de sonreír que tenía Mijail era lo que más desesperaba a Juliana hasta por teléfono. Era como si lo estuviera viendo frente a ella, y el deseo que recorría su piel era retorcerle el cuello hasta que una mueca de dolor tomara el lugar de aquella sonrisa.

― Por más que disimules no puedes negar que tengo cómo joderte, perra... Esta zorrita es tu punto débil; ahora que no está más el viejo Conde. ¿Sabes? Hubiera preferido terminar con él de otra manera, más lenta... poder enviarte fotos... más a mi estilo...

―¡Cállate, imbécil!

― Pero las circunstancias jugaron a su favor y tuvo una muerte rápida... Me pregunto cuál habrá sido su último pensamiento, sus últimos instantes, de seguro fue tan rápido que tal vez no pensó en su cachorra...

―Te juro… ¡te juro que te vas a tragar cada palabra! Vas a desear que termine de una vez contigo... voy a encargarme de que sufras como un perro.

― Ah, querida, no estás en posición de amenazar; mejor vayamos al grano... entrégame la información con que tu padre nos tenía de los cojones, y tráela tú... sola... Estaré en mis oficinas del muelle, ya sabes dónde es.

―¿Y Karolyn, dónde estará? Sin que la sueltes no hay trato.

― La dejaré ir en cuanto aparezcas, te toca confiar... Y tienes exactamente... cuatro horas; o empezaré a enviarte... pedacitos ―soltó una carcajada―. “Tic tac, tic tac.”

Cuando la llamada se cortó, Juliana maldijo en ruso y revisó de inmediato un programa en su ordenador conectado a su móvil, sonrió y golpeó la mesa.

―¡Te tengo, maldito perro!

Había logrado rastrear la llamada y reconoció las coordenadas; una construcción a medias en un sitio bastante desolado, ahí estaba Karolyn... lo intuía. Si Yasikov la había citado en uno de los muelles que él usaba para sus sucios negocios era porque solo pretendía conducirla a una trampa, y obviamente no le entregaría a la teniente y las mataría a ambas... Tenía muy poco tiempo y mucho en juego; el amor de su vida. Debía pensar bien y

rápido si quería salir bien librada; pero estaba preparada para tales situaciones, puesto que pasó toda su vida viviendo al límite.

Caminó hacia el armario y tomó una valija mediana que había en el fondo, la acarició y sonrió.

―Las extrañaba, chicas ―eran armas.

Luego se cambió de ropa y se sentó frente al ordenador. Tenía un plan y poco tiempo para ponerlo en marcha.

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