CON EL ENEMIGO ADENTRO
Capítulo 24
Luego de conducir por un par de horas, la
camioneta en que viajaban las chicas se
adentró en lo que parecían unos viejos
muelles. Juliana detuvo la marcha a varios metros y descendió del auto.
―Vamos, cariño, llegamos a “casa” ―dijo sonriendo mientras rodeaba el vehículo para tomar la enorme bolsa que había guardado antes de dejar el apartamento.
―¿Casa? ¿Aquí? ―preguntó Karolyn mientras se bajaba, inspeccionando el lugar con la vista.
―Te gustará... ven, te muestro ―le extendió una mano que la otra se apresuró en tomar y caminaron por el muelle de madera hasta llegar frente a unos barcos viejos, justo entre estos; uno más moderno encendió algunas luces.
―¡Bienvenida, patrona!
―¡Will! ―exclamó Juliana y fue a saludar al hombre que saltó del barco al muelle―. ¿Cómo estás? ¿Tu esposa ya dio a luz?
―Sí, señorita... Muchas gracias por ayudarnos con las consultas, hubiera sido imposible sin usted.
―No debes agradecer, eres leal y sabes que te tengo aprecio... y este
“niño”, ¿cómo está? ―preguntó, refiriéndose al barco.
―Oh, listo para lo que usted mande, doña... Instalé todo lo que me pidió, hay comida y agua para una semana y ya terminaron los arreglos en el camarote... Usted dirá adónde la llevo o...
―No... ―Juliana sonrió y señaló hacia donde estaba Karolyn que los observa en silencio―. Nos quedaremos solas, no te preocupes; ve a casa y disfruta de tu familia, te llamaré muy pronto y entonces sí... haremos un largo viaje.
―Como ordene usted, nos vemos entonces.
―Hasta pronto, Will.
Ambas lo vieron tomar una pequeña lancha muy cercana al barco y alejarse de prisa.
―Wow... ¿Qué es todo esto? ―preguntó Karolyn mientras se acercaba a Juliana.
―Es... nuestro lugar seguro, mi amor, no hay cómo asociarnos con este sitio ni con este barco... Estamos seguras aquí... ¿Subimos?
―Te sigo ―dijo Karolyn y la siguió hasta el interior del yate―. Es…
wow… ―no encontró palabras para describirlo; mas sus ojos evidenciaban su emoción.
Juliana dejó la grande bolsa en el suelo y fue hasta ella, tomándola de la cintura. ―¿Estás cansada? ―preguntó y la besó suavemente en los labios―. Puedes ir a ducharte y cambiarte mientras yo emprendo la marcha.
―¿Adónde iremos? Pensé que nos quedaríamos… aquí.
Juliana sonrió. ―El viaje dura algunas horas, dos o tres al máximo ―la volvió a besar―. Es mejor estar lejos de la civilización por el momento.
Mientras Karolyn fue a acomodarse en el camarote que era más grande de lo que imaginaba y bastante lujoso, Juliana tomó el control del yate y lo condujo por algunas millas, lejos de la tierra firme…
La teniente tomó una ducha y encontró en el armario unos cuantos nuevos juegos de bikinis, pareos, y shorts de su talla. Al parecer Juliana había pensado en todo. Sonrió y se vistió muy cómoda, quedando a pies desnudos. Salió del camarote y decidió explorar el lugar, hallado un cuarto con algunos equipos informáticos y una buena cantidad de armamento. Sus ojos se clavaron en el teléfono satelital junto a los demás equipos… La idea de llamar a su madre le pasó por la cabeza; pero no podía, sabía que era demasiado arriesgado y que lo mejor era que sus padres pensaran que estaba muerta…Tan inmiscuida estaba en sus pensamientos que no escuchó el motor detenerse.
―Ey, ven, quiero mostrarte algo ―dijo Juliana asomándose a la puerta del cuarto de los equipos, mientras sus ojos se clavaron en el teléfono satelital y luego nuevamente en Karolyn.
―Tesoro, te juro que yo no...
―Imaginé que podrías llegar hasta este lugar, y aquí está este teléfono; muy a la vista... ―la heredera Conde sonrió―. Está ahí precisamente
porque no pienso impedirte usarlo; es un teléfono irrastreable, solo... piensa bien si estás lista para hablar con alguien... si no, ahí estará; para cuando lo necesites.
Karolyn comprendió que ciertamente no estaba lista para enfrentar a su padre. Quizás lo mejor era dejar las cosas así de momento, y por más que le doliera que tanto él como su madre la creyeran muerta, no era el momento de hablarles.
―¿Qué es eso que me quieres mostrar? ―preguntó acercándose a la puerta.
―Ven rápido; te va a encantar ―respondió la otra y le sonrió mientras le extendía una mano.
Juliana la hizo ir hasta la popa y una vez allí la abrazó por detrás, señalando el oscuro horizonte, iluminado apenas por un leve resplandor naranja pálido que se reflejaba en el mar.
―¡Oh! ¿Es...?
―Mj... es la cosa más bonita que había visto antes que aparecieras tú
―respondió Juliana y la estrechó más fuerte mientras le besaba la mejilla―. Es la luna llena que está por salir, es todo un espectáculo verla estando en alta mar.
Permanecieron unos segundos más en silencio, viéndola “emerger”
poco a poco, como si saliera del fondo del mar.
―Cielos... es... hermosa... ―murmuró Karolyn, sonriendo.
―Mj... pero yo ya tengo mi luna y está justo aquí frente de mí... en mis brazos.
―Mujer... ―dijo Karolyn, volteándose para verla a los ojos con la misma emoción como si aún estuviera mirando a la luna―. No sé en verdad cómo pude vivir tanto sin conocerte. ¡Te amo! ―exclamó y la besó en los labios mientras la abrazaba.
―¿Tienes hambre? ―preguntó Juliana luego de aquel beso, conteniéndose para no hacerle el amor en aquel mismo instante.
―Oh, muero de hambre... tengo mucha, mucha hambre ―respondió la teniente, mordiéndose el labio inferior; pero Juliana la soltó sonriendo y comenzó a alejarse.
―¡Entonces ven! ―se rio―. Cenemos algo que ya Will dejó listo y luego...
―¿Luego? ¡Oh sí, sí, luego, sí!
―Ven a cenar, muchacha ―dijo, dirigiéndose al interior por la cena, soltando una risa cómplice.
Un rato después, las dos contemplaban el cielo acostadas sobre una manta en la cubierta. Juliana apoyaba la cabeza sobre un hombro de la teniente y jugaba a dibujar círculos sobre su vientre con un dedo.
―Quiero vivir por siempre así, contigo... solas... es tan... perfecto
―suspiró Karolyn y le besó sobre el cabello.
―Yo también... y tú eres quien lo hace perfecto, eres tú la magia de esta historia... mi final feliz, solo contigo; para siempre ―respondió Juliana y se apoyó sobre un codo para verla a los ojos, le apartó el cabello del rostro y la acarició delicadamente―. Te amo, cielo... te amo más que a mi vida.
―Yo más... te amo... ¡y si no me besas ahora voy a formar un lío!
Juliana sonrió y fue por sus labios, mientras le sujetaba de la barbilla e iba encima de ella. Aquellos labios tenían el poder de atarla a ellos y hacerla sentir adicta una vez que los tenía. Sintió las manos de Karolyn sacándole la ropa y alzó las manos para ayudarla, sin perder su boca más que un par de segundos hasta que la otra logró sacarle la camiseta.
―Me encanta tu olor ―susurró Juliana junto al oído de Karolyn mientras una de sus manos la sujetaba del cuello y la otra le apartaba el pelo para besarla en el cuello.
―Te deseo. Por Dios; ¡cuánto te deseo! ―casi gimió la teniente, sintiendo arder aquella hoguera dentro de ella como cada vez que estaban así de cerca.
―Y yo te deseo a ti, mi amor ―contestó Juliana y la besó una vez más antes de sacarse de inmediato lo que le quedaba de ropa. Luego regresó sobre ella y metió una mano entre su espalda y el suelo para tirar de la cinta de la parte posterior de su traje de baño, dejándole el pecho al desnudo en apenas segundos―. Dios… ―murmuró, deslizando la lengua entre sus labios ante la mirada suplicante de su amante, llevó una mano a aquellos senos y los acarició despacio mientras volvió a besarla en los labios.
―Te necesito, tesoro... Mmmmmmmm... ven... ―gimió la teniente al sentir la lengua de Juliana rodar sobre sus pezones y luego atrapar uno entre sus labios y succionarlo deliciosamente―. Me encantas... ¡Oh!... ―sintió una pequeña descarga eléctrica entre sus piernas cuando percibió una mano de la chica acariciándole la entrada de su sexo, y arqueó las caderas hacia arriba en busca de más.
―Yo también te necesito, mujer... necesito de ti... en mi boca...
Aquellas palabras bastaron para que la ya espesa humedad de Karolyn, se convirtiera en lava hirviendo entre sus piernas. Abrió los muslos de golpe cuando sintió aquella lengua y aquellos besos deslizándose de prisa a través de su vientre, y se mordió los labios para ahogar el grito que casi se le escapa al sentir un dedo jugando en su interior, resbalando dentro de ella como quien busca un tesoro en el fondo del mar. No pudo controlarse más y gimió, tomando a Juliana del cabello, quien ya la besaba por los bordes de su abertura, rozando la entrada con la lengua de vez en cuando.
Los labios de Juliana se apoderaron de aquellos más gruesos en un beso intenso en cuanto retiró su dedo, y sus manos aferraron sus piernas abriéndola más para ella... Sentía fluir sus ganas desde su propio sexo embarrando sus muslos, cada embate de su lengua contra el clítoris de Karolyn le propinaba más adrenalina ante la respuesta de la chica. Aferró el pequeño botón de aquella rosa abierta para ella entre sus labios y lo golpeó fuerte con la lengua, una y otra vez, hundiéndole las uñas en el trasero para poder controlarla mientras ella se contorsionaba, dejando escapar un grito y mojándole el rostro con el elixir mágico que le sabía a gloria, luego la sintió tirar fuerte de sus hombros y la besó en la boca.
―Te amo ―murmuró la teniente y justo antes de que ella pudiera siquiera responder, la empujó, haciéndola caer de espaldas y trepó sobre ella.
Juliana la aferró de las caderas y la acomodó entre sus piernas, justo ahí donde la deseaba en aquel momento que las volvía esclavas de aquel intenso amor. Deseaba fundirse con ella y jadeó cuando sus clítoris hinchados y empapados se encontraron en una caricia ardiente. Sus cuerpos desnudos y sudados ondeaban como las olas del mar que las circundaba.
Sus labios se devoraban, fundiéndose en un beso que parecía no tener fin.
Poco a poco, los gemidos de ambas se fueron intensificando al compás del ritmo de sus cuerpos. Ya lo podían sentir… estaba cerca, muy cerca… y
Juliana gritó el nombre de aquella mujer al entregarse por completo a aquel orgasmo que llegó como un maremoto, dejándole solo las fuerzas para otro beso, uno pequeño pero repleto de significado…
Karolyn cayó de espaldas con el cabello revuelto y una sonrisa muy auténtica en los labios. ―Te dejaré descansar unos minutos ―murmuró, volteando la cabeza para ver a su amante que se rio.
―Ven aquí, muchacha ―ordenó Juliana, haciéndola acomodar encima de su hombro―. Te amo… yo te amo, Karolyn ―dijo, posando luego un beso en su frente, un beso dulce y tierno.
―Yo te amo más, mi amor ―respondió, sintiendo sus propios ojos humedecerse y por más que quiso no pudo controlar el par de lágrimas que brotaron de estos.
―Ey… ―Juliana se volteó para verla, apoyándose sobre un codo―.
¿Qué sucede, chiquita? ¿Acaso no…?
―No es nada… es solo que… yo soy feliz ―otro par de lágrimas abandonaron su prisión―. Tú me haces feliz.
Juliana sonrió y rápido enjugó aquellas lágrimas, besándola luego en la boca. ―Tú también me haces feliz, hermosa.
―No quisiera que este momento terminara jamás ―murmuró, entregándose por completo a aquellos labios―. Yo ya no puedo vivir sin ti.
Esta vez las lágrimas aparecieron en los ojos de Juliana. ―Ni yo sin ti, mi amor… te amo ―y se fundieron en otro beso, más largo, más intenso.
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