CON EL ENEMIGO ADENTRO
Capítulo 23
Karolyn despertó a media mañana con una
sonrisa en los labios y el olor de la mujer con
la cual pretendía transcurrir el resto de su vida en todo su cuerpo. Tocó a su lado y exorbitó los ojos al hallarse sola en aquella cama; pero suspiró aliviada cuando sus ojos encontraron a la otra chica.
―Ey… buenos días, preciosa ―se sentó, sonriendo y cubriendo su desnudez con la sábana, viendo a Juliana que estaba al otro extremo de la habitación, bebiendo un café y observándola con aquella mirada que parecía devorarla.
Se mordió los labios instintivamente. Aquella mujer se le había metido en las entrañas…
―Buenos días a ti ―Juliana también se mordió los labios mientras dejó la taza encima de la meseta e inició a caminar hacia ella―. ¿Cómo dormiste? ―preguntó, trepando en la cama para besarla.
―Mmmmm… estupendamente ―suspiró sonriendo; pero su sonrisa desapareció al ver la repentina seriedad en el rostro de la otra―. ¿Qué sucede?
Juliana se puso de pie. ―Como pensaba Mijail logró escapar y…
―¿Qué?
―En las noticias hablan de la presunta muerte de la teniente Scott…
Encontraron tu placa entre los escombros del almacén.
―¿Creen que estoy muerta? ―Karolyn se puso de pie de inmediato―.
¡Dios! Tengo que llamar a mis padres… mi mamá… n-no puedo dejar que sufran pensando que estoy muerta… yo…
―Amor… ―Juliana fue tras ella que buscaba sus ropas por el suelo―.
No creo que sea una buena idea.
Karolyn se detuvo a mirarla. ―¿De qué hablas? Mis padres tienen que saber que estoy viva.
―Karolyn... ―era la primera vez que aquellos labios dibujaban su nombre, y lo hicieron justo al aferrarla de un brazo, hallando sus ojos y toda su atención―. Es que también... hallaron unas... unas fotos. La policía...
―¿Fotos? ―preguntó la teniente, presintiendo por donde venía el asunto.
―Mj, fotos de ayer cuando me encontraste en el otro apartamento y...
las tiene tu padre.
―¿Mi padre? ―preguntó la chica mientras sus ojos se humedecieron, pensando en la reacción de su padre.
―Esas fotos también se filtraron en la prensa, imagino cómo...
―¡Ese enfermo ruso!
―Sí, con toda certeza... el hecho es que el capitán Scott, el jefe del departamento de operaciones especiales; tu padre... dio una conferencia de prensa hace un rato y salió por todos los medios. Yo creo que... antes de hacer cualquier cosa, deberías verla ―dijo Juliana y le besó la mejilla mientras le soltó el brazo y le indicó con la mano hacia el ordenador abierto sobre el diván―. Yo bajaré a alistar un auto, luego de todo esto tendré que buscar un sitio más seguro, para mí... o para las dos; es tu elección.
Cuando Juliana salió hacia las escaleras, Karolyn se vistió a medias y fue hasta el portátil, había un video pausado donde estaba congelada la imagen de su padre frente a varios micrófonos. Respiró profundo, puso el ordenador sobre sus piernas y, con cierto temor interno, presionó sobre el play.
― ¿Qué hay de cierto en la información que rueda en todos los medios, sobre el operativo efectuado la reciente noche en contra de la mafia rusa que opera en nuestra ciudad, capitán? ¿Cierto que la cabeza Mijaíl Yasikov logró evadir las autoridades y escapar? ―preguntó una de las reporteras.
La mirada del capitán Scott vagaba entre los rostros de aquellos reporteros. Karolyn lo conocía bien, sabía que hubiera preferido que se lo tragara la tierra antes que afrontar una rueda de prensa; y que si lo había hecho, era porque algo muy importante amenazaba sus principios y le urgía aclararlo en público.
― Así es... y en efecto, Yasikov logró escapar, pero ya está cerrado el paso para él en los aeropuertos y cualquier tipo de vía que pueda utilizar para escapar. Todo el cuerpo de policía está comprometido con su aprensión y no descansaremos hasta atraparlo.
― También tenemos en nuestro poder, capitán, reveladoras fotos en las que aparece uno de sus agentes... su hija, la teniente Scott, involucrada...
íntimamente y es evidente su inmersión sentimental también con otro de los rostros más buscados por su propio departamento; Juliana Conde... la heredera del imperio que fundara su padre, enmascarando negocios sucios que recientemente salieron a la luz pública. ¿Qué tiene que decir respecto a esto, capitán?
Solo quien lo conociera bien, hubiera comprendido la sombra que nubló aún más su rostro.
― Como también debe conocer la prensa, estamos hablando de... mi única hija... de quien presumimos su muerte en las innumerables explosiones sucedidas paralelamente a nuestro operativo en unas viejas construcciones; prefiero no abordar el tema.
― Capitán; disculpe que insista, pero la cuestión presume oscuridad alrededor de la incorruptibilidad de su equipo de agentes, poniendo en tela de juicio la honestidad de nuestro cuerpo policial completo... incluso la suya al ser el padre de...
― ¡Deténgase, reportera! ¡¿Qué cree?! ¡Soy un oficial condecorado y llevo años al frente del departamento que, mientras usted y la mayoría duerme, sale a jugarse la vida para garantizarle un sueño tranquilo! ¡No ponga en tela de juicio mi nombre y mi prestigio! ―ante tales insinuaciones el capitán Scott perdió la calma.
― Solo intento aclarar la situación, para que quede firme en la palestra pública que nuestros agentes no son todos...
― Al respecto solo le diré algo... ―respiró profundo y miró a la cámara―. Como hemos informado, la teniente Scott perdió la vida en esas explosiones, lo cual tal vez fue... cosa del destino; pues yo... prefiero eso mil veces, a verla al lado de una figura criminal como lo es probadamente Juliana Conde, esa no es la hija que crie... con permiso ―y sin decir más, se escabulló, rehuyéndole a los micrófono y cámaras hacia el interior del departamento.
Karolyn se cubrió el rostro con ambas manos y sofocó el llanto que iniciaba a apoderarse de ella. El dolor que sentía por lo que su padre pensara de ella era intenso, y sus últimas palabras llenas de decepción aún hacían eco en su mente.
Juliana terminó de hacer unas llamadas y de guardar algunas cosas en el maletero de uno de los autos en el garaje. La angustia la estaba quemando por dentro. Siempre fue una mujer desapegada sentimentalmente; siempre antes de que apareciera aquella mujer que tiraba por tierra todas sus barreras y le robara el corazón tal como lo había hecho. Ahora sentía que ya no podría vivir sin ella; pero estaba lista para aceptar perderla para siempre si su decisión era no seguirla.
Dio un salto de susto cuando cerró la puerta del maletero y la vio parada junto al coche.
―Entonces... ¿a qué hora nos vamos? ―preguntó la teniente y una sonrisa casi imperceptible se dibujó en sus labios.
―¿Estás segura? ¿Es esto lo que quieres? ―Juliana la miró a los ojos con cierta seriedad.
Karolyn se le acercó y la tomó de la cintura. ―Yo quiero estar contigo, Juliana. Nunca en mi vida he estado tan segura de algo como lo estoy ahora; quiero estar contigo… pase lo que pase ―y la besó en los labios, un beso corto pero intenso.
―Karolyn… es muy peligroso, estar conmigo…
―Estar contigo es lo único que deseo… porque yo siento que mi lugar es aquí, junto a ti. A tu lado es donde pertenezco, Juliana ―y la volvió a besar, esta vez un beso más largo y hambriento, un beso que le dejó bien claro que iría con ella hasta al mismísimo infierno.
Juliana se perdió en aquellos labios que tenían el poder de hacerle olvidar todo, absolutamente todo. Esas eran las palabras que necesitaba escuchar, porque era lo mismo que ella deseaba; estar con esa mujer… para siempre.
―Te amo, Karolyn ―susurró, separándose un poco para verla a los ojos.
Karolyn sonrió, sintiendo una descarga eléctrica cada vez que aquella mujer pronunciaba su nombre. ―Y puedes estar segura, Juliana Conde, que yo te amo más.
Esta vez fue Juliana quien se lanzó en busca de sus labios y la apretó fuerte contra sí, sintiendo el irrefrenable deseo de no soltarla jamás. Nunca en la vida sintió tanta necesidad de alguien, nunca en su vida siquiera imaginó que alguien sería capaz de robarle el corazón en tan poco tiempo como lo hizo esa chica.
―Entonces… ¿cuál es el plan? ―preguntó Karolyn determinada, viéndola a los ojos.
―Ok, teniente ―respondió la otra chica y sonrió―. Lo primero es hallar un sitio seguro en donde nadie pueda encontrarnos... lo segundo es fregar de una buena vez a ese hijo de perra ruso, y por último y más importante... desaparecer juntas; ¿estás conmigo en el plan o no?
―Hasta la muerte.
―¡Ven aquí, muchacha loca! ―exclamó y la llevó contra el auto―.
¿Lo sabes que me enloquece tu coraje?... desde que te conocí ―dijo mientras le besaba el cuello y la sujetaba de la faja del pantalón.
―Ah, pues sí estoy loca... loca por ti, desde el mismo momento que nos vimos.
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