CON EL ENEMIGO ADENTRO

Sra. Sotto · Capítulo 22 de 42

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CON EL ENEMIGO ADENTRO

Capítulo 20

Juliana abrió el ordenador portátil que tenía sobre la mesa, buscó en sus bolsillos la memoria flash que le entregara Ricardo y cuando se disponía a sentarse un par de toques a su puerta llamaron su atención, poniéndola alerta. Llevó una mano a su espalda y echó garras a la pistola que ahora la acompañaba siempre. Se colocó detrás de la puerta y no percibió sonido alguno, hasta que volvieron a tocar.

Apretó con fuerza el arma y giró lentamente el picaporte. Cuando la puerta se abrió, aferró con fuerza el cuello de la chaqueta de Karolyn y la trajinó de un halón brusco, lanzándola contra la pared.

―¡¿Para quién trabajas?! ―exclamó Juliana, dando un paso atrás mientras le apuntaba.

―¡Soy yo! ¡Calma! ―gritó de inmediato la teniente, quitándose la gorra que llevaba y alzando las manos―. Vengo sola, lo juro... vine por ti.

La expresión en el rostro de Juliana cambió, pese a que continuaba con el ceño fruncido y sin bajar el arma. ―No confío en ti ―dijo y sonrió sarcásticamente―. No sé qué rayos haces aquí ni cómo me encontraste; pero debo reconocer que estás muy loca.

―Sé que te cuesta confiar; pero debes creerme ―dijo Karolyn, llevando una mano lentamente a su espalda.

―¡Quieta! ¡¿Qué haces?! ―gritó la heredera Conde y la encañonó más cerca.

―Quiero solo demostrarte que puedes confiar en mí ―respondió la teniente, mostrándole su arma y lanzándola luego sobre una poltrona cercana―. No estoy aquí como... policía... estoy aquí porque me importas.

Juliana se mantuvo inmóvil y callada por unos instantes, luego explotó en ira. ―Digas lo que digas no volveré a fiarme de ti; ¡tú me traicionaste, maldita sea!

―¡Yo estaba haciendo mi trabajo, gracias al cual decenas de mujeres recuperaron sus vidas, lejos de esa esclavitud y esos abusos!

―¡Mentira... mentira! ¡Es mentira todo lo que dices y sale constantemente en la tele! ¡Jamás traficamos personas, jamás permitiría que

trataran así a una mujer! ¡Yo las empleaba, yo les daba sustento!

―¡Tú no eras más que quien se ocupaba de resolver lo más difícil porque siempre te mantuvieron a ciegas! ―gritó Karolyn, perdiendo la paciencia y arrebatándole el arma velozmente.

Juliana la miró a los ojos y alzó las manos. ―Ok, agente... tú ganaste, me encontraste; aquí me tienes, ya puedes terminar “tu misión”... termina a lo que viniste.

―¡Qué terca que eres, mujer! ¡Que no vine a apresarte! No estoy aquí por ninguna misión ni porque quiera confundirte ni traicionarte...

―Termina ya... estoy vencida, no juegues más conmigo, ya no más mentiras.

―Yo estoy aquí por ti; ¡porque yo... me enamoré de ti! ―exclamó la teniente, lanzando el arma en la misma poltrona en que antes lanzó la suya y fue por aquella mujer a la que deseaba tanto besar más que nada en el mundo.

Sus labios se encontraron de inmediato y cuando Juliana la estrechó de la cintura, sintió que recuperaba eso que le faltaba desde el día en que dejó de verla.

―Yo te amo, Juliana Conde ―dijo entre un beso y otro mientras el fuego que las consumía cada vez que estaban cerca comenzaba a crecer, prometiendo arrasar con todo lo que las separara.

―Yo te amo a ti ―respondió la otra chica, tomándola del cabello para verla a los ojos―. Yo muero de amor por ti ―confesó y fue de nuevo por su boca llena de necesidad de sus besos, aquellos besos que ya necesitaba más que al aire para vivir.

La espalda de Karolyn impactó de nuevo contra la pared; pero esta vez no se quejó porque su boca se estaba saciando de los besos de aquella mujer con la cual soñaba cada noche desde la primera vez que sus ojos se encontraron, desde ese día en que Juliana la salvó de ser el objeto de un macabro juego.

―Esto es una locura ―murmuró Juliana, sacándole la chaqueta―.

Estás corriendo un grave peligro estando aquí conmigo…

―No me importa ―respondió la agente, alzando los brazos para que la despojara del pullover ya que iniciaba a sentir mucha calor―. No me importa ―repitió, echando la cabeza hacia atrás y jadeando al sentir los

labios húmedos de Juliana acariciar la piel de su cuello―. Lo único que me importa es que te encontré… ¡Yo te quiero a ti y lo demás no me importa!

―exclamó, aferrándola de repente por los hombros y girándola velozmente, invirtiendo los roles.

Ahora era Juliana quien se hallaba contra la pared mientras las manos de Karolyn le arrancaban con torpeza y necesidad las ropas de encima, ansiando contacto con su piel… con su piel desnuda. Ninguna de las dos lograba pensar en otra cosa que no fuera aquello que ambas sentían la una por la otra, y que ya le habían dado un nombre; era amor. Sus cuerpos se incendiaron de pasión y no deseaban más que poseerse.

Los labios de la teniente fueron posando cálidos besos desde su boca hasta su cuello, luego desde su cuello hasta su pecho. Jugó un poco con los pezones de sus senos, besándolos y sintiéndolos endurecerse por la excitación. Una de sus traviesas manos se deslizó por debajo de sus bragas y la sintió gemir y gimió ella misma al tocar su sexo tremendamente húmedo, sucio… Sus dedos resbalaron muy suave entre aquellos labios hinchados hasta hallar la abertura. Hundió un dedo dentro de ella, sintiéndola estremecer mientras le presionaba la pelvis con la palma de la mano. Fue de nuevo por sus labios, moviendo lentamente el dedo en su interior, se los mordió a la vez que extrajo toda su mano y aferró la faja del pantalón deportivo, haciéndoselo deslizar por los mulos y arrodillándose frente a ella.

Juliana abrió un poco las piernas y ahogó un fuerte gemido cuando sintió la lengua de su amante introducirse entre sus pliegues y acariciarle el clítoris; al inicio toques suaves, lentos, delicados… y luego un poco más fuerte ahí donde sabía le encantaba. Su saliva se mezclaba con la humedad de su sexo, expandiéndola por todas partes, acrecentando el placer. Sentía que en cualquier momento el alma se le escaparía del cuerpo. Hundió una mano en su cabello, sintiendo en todo su cuerpo los primeros espasmos del orgasmo que se acercaba cada vez más y que amenazaba con dejarla completamente vacía…

Karolyn sonrió satisfecha cuando la sintió convulsionar y jadear salvajemente, y fue entonces que la otra la tiró del pelo, halándola hacia arriba en busca de sus labios.

Un par de horas después, reposaban satisfechas una en brazos de la otra sobre la cama. Karolyn sonrió cuando sintió los labios en su frente y el agarre de aquel abrazo que la envolvía hacerse más estrecho. Fue en ese momento que dio gracias al cielo por conocer aquella nueva sensación que no había encontrado antes y juró que no la perdería jamás.

―¿En qué piensas? ―preguntó Juliana, acariciándole el rostro suavemente con las yemas dedos.

―Puedes estar segura de que todo lo que ocupa mi cabeza está aquí, muy cerquita ―respondió la teniente y sonrió, dándole luego un beso fugaz pero intenso en los labios.

―¿Qué sucederá ahora?... Esto es una locura.

―Puede ser; pero he pasado mi vida deseando sentir algo que me haga capaz de cometer locuras ―respondió Karolyn y le tomó la barbilla para verla a los ojos―. Yo no voy a perderte, Juliana Conde.

Inicialmente Juliana la miró muy seria y, tras unos segundos de absoluto silencio, la besó y volvió a estrecharla muy fuerte. ―Nos separa un mundo entero ―dijo y quedó mirando al vacío.

―No me importa, ni tu mundo ni el mío; si al final es el mismo. Mira

―la teniente sonrió, tomándole la palma de la mano en la suya, la besó y la llevó junto a su pecho―, estamos ahora en el mismo mundo, la misma cama, bajo los mismos riesgos... ya te lo dije; yo no voy a perderte.

―Nos separan muchas cosas, agente... yo... soy todo eso que debes combatir... y no es seguro estar a mi lado, créeme ―dijo Juliana, sonriendo con los ojos aguados.

―Pues mira que... nunca he sentido lugar más seguro que este ―ahora fue Karolyn quien la apretó fuerte―. Y antes que lo digas; sé de tus problemas con Yasikov y de la orden de arresto en tu contra y adivina qué; ni el ejército nacional ruso ni el de este país juntos, van a separarme de ti.

―¿Sabes lo que significa estar conmigo?

―Ser feliz ―respondió la agente con una sonrisa sincera.

―Tu trabajo y...

―Y todo, todo eso es nada comparado contigo. Solo... tengo algo que pedirte, y es que... olvida esta guerra absurda y vayámonos lejos de aquí, por favor... juntas.

Juliana la besó de nuevo, la acarició y no pudo contener una lágrima que se escapó de sus ojos. ―No puedo huir de Yasikov... porque no estaríamos tranquilas en ninguna parte... no podría vivir en paz con la zozobra de tenerlo respirando en mi nuca, tras mis pasos... ni sabiendo que el asesino de mi padre sigue vivo.

Pese a que una gran parte de Karolyn deseaba tanto gritarle que su padre se lo merecía por todo el mal que había hecho, otra parte, una parte pequeña pero sensata de ella la entendía; malvado o no, era siempre su padre, el hombre que la creció y, escuchando a Juliana hablar de él con tanta tristeza en los ojos, se veía claramente que le había dado bastante amor paterno.

Karolyn la besó en la boca, sintiendo el sabor salado de una lágrima en sus labios. Luego se separó un poco para verla a los ojos. ―La venganza no te llevará a la gloria, ni te devolverá a tu padre… por favor…

―No se trata solo de venganza, se trata también de sobrevivencia

―respondió Juliana muy seria.

―Ok ―la teniente la volvió a besar y luego se puso de pie ante la mirada interrogante de la otra―. Ahora tengo que irme… tengo una importante cena con mi… familia ―inició a vestirse―; pero volveré cuando termine la cena y… hablaremos de esto con calma.

Juliana la observó vestirse por unos instantes. ―No creo que sea pru…

―Ah, por cierto ―la interrumpió la teniente, trepando de nuevo a la cama y besándola―, me llamo Karolyn… Karolyn Scott ―le sonrió.

Juliana también sonrió. ― Teniente… teniente Scott ―precisó, haciéndole entender que sabía perfectamente quien era.

―Eso es solo un pequeño detalle ―la volvió a besar―. Mmmmm…

―luego se saboreó los labios―. Ok… ahora sí me voy; pero volveré esta noche y hablaremos.

―¿Hablaremos? ―preguntó Juliana, mordiéndose los labios y luego la haló hacia sí, besándola intensamente.

La agente correspondió al beso y sonrió luego, poniéndose de pie y mirando a todos lados en busca de su blusa; pero recordó que estaba en la

sala. De repente sintió las manos de Juliana rodearle la cintura y besarla en un hombro.

―Necesitas cambiarte la venda ―Juliana la volvió a besar en el mismo lugar, viendo un poco más abajo del hombro la venda que cubría la herida un poco ensangrentada―. ¿Te duele?

Karolyn rodó entre sus brazos para verle a los ojos. ―Ni siquiera la recordaba ―sonrió y la besó―. No quisiera irme…

―Pero debes.

―Mj… pero regresaré lo antes posible, te lo prometo.

Se besaron y se abrazaron tan fuerte como si fuera la última vez, como si no existiera un mañana. Sentían que se pertenecían y que nada ni nadie las podría separar jamás, porque un amor así, un amor que no cree en diferencias, que no se detiene ante los obstáculos, es un amor que triunfa…

es un amor para siempre. El de ellas era un amor para la historia.

Karolyn salió del edificio sonriendo. Hasta ella misma se veía tonta; pero nunca en su vida se había sentido así y estaba dispuesta a renunciar a todo, hasta a su propia vida por aquella mujer que se le había metido en el alma.

Cruzó la calle y se encaminó hacia donde había aparcado su auto y, mientras caminaba ensimismada, tropezó con un chico que trotaba por la acera.

―Disculpe ―se disculpó con una sonrisa y se dispuso a retomar la marcha; mas un mareo repentino la hizo detener de nuevo mientras el desconocido la aferraba por un brazo―. ¿Qué diablos…? ―parpadeó varias veces, sintiendo de repente algo en su cuello que dolía. Se llevó una mano hasta ahí, tocando algo muy parecido a un dardo, era bastante pequeño―. ¿Quién…? ―de repente sus ojos se cerraron y perdió el equilibrio, cayendo en los brazos del desconocido.

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