CON EL ENEMIGO ADENTRO
Capítulo 32
― Deténganse, ya es la distancia acordada; desde ahí continúan solas chicas ―indicó Rubén a través de los pequeños radiotransmisores.
Will apagó el motor y las luces de la lancha, debían evitar a toda costa que la embarcación fuera descubierta. Si no hacían ruido, no tendrían problema porque desde donde estaban y con la pequeña pendiente que sobresalía desde una de las orillas de tierra, no era visible desde el viejo muelle de la guarida rusa.
―Aquí está la cuerda ―dijo Will mientras las chicas se colocaban el oxígeno y el resto del equipo de buceo―. Recuerden atarla segura antes de salir a tierra, no la pueden perder a la hora más importante.
―No te preocupes, lo tendremos bajo control ―respondió Karolyn, acomodándose luego la careta de buceo.
Juliana tomó las bolsas impermeabilizadas y las ató a la cuerda, luego asintió hacia Will. ―Es hora.
―Tengan mucho cuidado, Rubén permanecerá guiándolas desde arriba,
¿ok?
―Ok.
Ambas se lanzaron al agua y nadaron hacia tierra firme, trajinando consigo la cuerda bien atada a la lancha donde Will las esperaría...
Al cabo de un rato iniciaron a entrever finalmente los gigantescos pilotes del viejo muelle. Juliana iba delante y se volvió un momento hacia Karolyn, alumbrándola con la linterna de buceo que llevaba colocada en la frente, checando que todo estuviera bien con ella. La teniente le hizo un gesto positivo para que prosiguiera.
Continuaron nadando entre los pilotes hasta entrar en una parte del muelle que estaba techada y pudieron ver un par de lanchas flotando encima
de ellas. Juliana desató las bolsas y las entregó a Karolyn, luego ató fuerte la cuerda a uno de los gruesos pilotes. Ambas se deshicieron de los pesados tanques de oxígeno y también los amarraron muy bien a la cuerda, después emergieron de inmediato a la superficie…
Quedaron por un momento escondidas entre las dos lanchas cuando escucharon un par de voces de extraño acento que retumbaban en el lugar; pero al cabo de unos minutos se fueron alejando hasta desaparecer por completo. Juliana nadó hasta las tablas del pavimento y, cuando se aseguró que el lugar estuviera desierto, le hizo señas a la otra chica para que la siguiera.
Una vez en la superficie, se quitaron las máscaras de buceo, logrando finalmente respirar por la nariz. Abrieron las bolsas, descubriendo el armamento que traían en su interior…
―¡Ey…! ―un sujeto de muy mal aspecto apareció prácticamente de la nada y las sorprendió; pero amabas reaccionaron de inmediato y, antes que lograra proferir otra palabra, lo silenciaron disparándole certeramente con sus pistolas equipadas con silenciador.
La bala de Juliana le perforó el cráneo mientras la de Karolyn le atravesó el pecho de lado a lado. Ambas se miraron por unos instantes y en sus labios se dibujó una sonrisa cómplice.
―Buena puntería, teniente ―comentó la heredera Conde mientras se abrochaba el cinturón repleto de armas y municiones.
Karolyn sonrió mientras también se armaba, colocándose un chaleco antibalas al igual que la otra. ―En realidad había mirado a su cabeza
―bromeó, haciendo reír a la otra.
―Me ocupo yo de esconder el cuerpo, tú informa al “genio” que ya estamos dentro.
Se deslizaron silenciosas entre autos viejos en desuso y contenedores oxidados, como dos sombras más aquella noche, y a su paso colocaban pequeñas cargas de explosivos que, pese a su pequeño tamaño, al activarse al mismo tiempo con solo presionar un botón, harían volar gran parte del sitio. Había una construcción bastante moderna a varios metros; contrastaba con el lugar, y parecía una fortaleza.
―Ahí está el nido de la gallina de los huevos de oro ―dijo Juliana mientras contaba unos cuatro hombres que se movían delante de la entrada―. Cuento cuatro...
―Ey, genio... confirma si son cuatro a la entrada ―dijo Karolyn, llevándose una mano al dispositivo en su oído, luego asintió mirando hacia Juliana y le hizo una seña para avanzar por las sombras.
Dos de los sujetos no supieron qué sucedía, para cuando tuvieron noción de que no estaban solos, lo único que sintieron fue el dolor momentáneo de sus cuellos rotos; y para cuando los otros dos los vieron caer e intentaron llevar las manos a sus armas, una bala en la cabeza de cada uno los hizo caer.
Las chicas se deslizaron con sigilo y arrastraron los cuerpos a la oscuridad, debían ganar el mayor tiempo posible sin ser descubiertas.
Sabían que la mayor concentración de hombres estaba en el interior del pequeño búnker; y contaban con Rubén que había hackeado las cámaras del sistema de seguridad, evitando así que notaran la ausencia de los guardias del patio.
A un par de metros de la entrada se detuvieron y colocaron otro par de cargas.
―¿Lista? ―preguntó Juliana con los ojos apuntados en dirección a Karolyn.
―Siempre, ¿y tú? ―respondió la teniente y preguntó de regreso.
―Casi, solo me falta algo ―contestó Juliana y la jaloneó del cinturón, atrayéndola bruscamente a sí, yendo por su boca en busca de un beso muy intenso.
Luego se miraron a los ojos y permanecieron serias, con la respiración igual de agitadas.
―¿Lista ahora?
―Ahora sí ―Juliana sonrió y se mordió los labios―. Necesitaba saber que entre las dos todo está bien.
―Entre las dos todo siempre estará bien, a pesar de las tonterías que haces. Ahora vamos adentro.
Juliana asintió y echó a correr, atravesando la puerta de entrada mientras Karolyn la seguía y ambas se colocaban las gafas de visión nocturna que traían.
―¡Ahora! ―exclamó Karolyn, advirtiendo a Rubén que era el momento y al instante el lugar quedó envuelto en las tinieblas.
Las chicas irrumpieron en el sitio con un arma en cada mano, formando un gran caos en la oscuridad. Juliana disparó contra los tres sujetos que jugaban a cartas alrededor de una mesita en una esquina sin darles el tiempo siquiera de entender que rayos estaba pasando, mientras Karolyn sacó del juego a los dos gorilas que bajaban las escaleras que conducían a un segundo piso…
En pocos segundos iniciaron a escuchar las voces y gritos de los demás guardias que se hallaban en el lugar, desesperados por hallarse a oscuras y sin saber cuántos eran los que estaban atacándolos. Corrían como locos arma en mano mientras las chicas se paseaban escurridizas por aquella pequeña fortaleza en busca de la puerta que conducía al sótano, donde sabían que Yasikov guardaba su fortuna.
De repente dos hombres le cortaron el camino, apareciendo por una puerta lateral del pasillo que recorrían; pero para cuando se dieron cuenta de la presencia de ambas, un par de balas se incrustaron en sus cráneos…
Una ráfaga de disparos las sorprendió en el corredor y los proyectiles impactaban contra el pavimento y las paredes muy cerca de ellas, corrieron buscando reparo y lograron ocultarse detrás de una pequeña columna al final de aquel pasillo, quedando prácticamente acorraladas, sin vía de fuga.
―Mierda ―musitó Juliana mientras llevaba la mano a su cinturón.
―¿Qué diablos…? ―Karolyn se llevó las manos a los oídos cuando vio a Juliana quitar el seguro de la granada y lanzarla contras los sujetos que les disparaban con ametralladoras.
Las dos se agacharon instintivamente un par de segundos antes de escuchar la fuerte detonación y los gritos de los hombres antes de explotar, embadurnando el corredor con sus restos.
―¡¿Estás bien?! ―preguntó Juliana, gritándole mientras le tomó el rostro con una mano.
―¡Perfecta! ¡La próxima vez solo avísame, por Dios!
La heredera sonrió y le lanzó un beso en el aire mientras se ponía de pie. ―¡Andando, teniente! ¡A hacer lo que vinimos a hacer y largarnos ya!
―dijo y echó a correr, haciéndole señas para que la siguiera hasta el otro extremo del corredor en donde se hallaba la puerta que conducía al sótano, la cual atravesaron disparando a todo lo que se moviera ahí abajo.
Rubén las seguía guiando a través de su juguetito y fue así como se enteraron de la llegada del jefe.
―¡Mierda! ―exclamó Karolyn, colocando cargadores llenos en sus armas―. ¡Yasikov está aquí!
―¿Qué? ―preguntó Juliana, deteniéndose frente a una gran puerta de metal en el pasillo subterráneo.
―¡Está entrando con una docena de hombres! ¡Estamos perdidas!
Juliana pegó la espalda a la pared y miró al techo mientras maldijo en voz baja, luego fue hasta la mujer que amaba y la tomó de la cintura viéndola a los ojos, apoyando su frente en la de ella.
―Saldremos con vida de aquí, no tengas la menor duda... ¿Confías en mí?
―Más que en mí misma ―respondió sin pensarlo Karolyn y sus labios buscaron aquellos que, aun en medio de cualquier situación, le provocaban aquellas ganas de besarlos y adherirse a ellos como si fueran la cura de todo mal.
―¡Terminemos esto entonces y acabemos con el maldito nido y de paso con todas sus ratas rusas!
OceanofPDF.com