CON EL ENEMIGO ADENTRO

Sra. Sotto · Capítulo 31 de 42

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CON EL ENEMIGO ADENTRO

Capítulo 29

Karolyn terminó de ducharse por segunda vez.

Se vistió y descendió al plano inferior con una estupenda sonrisa en los labios. Estaba feliz y había olvidado por completo todo

aquello que atormentaba sus pensamientos. Era esa la vida que deseaba, una vida junto a la mujer que amaba más que a su propia vida, con ella a su lado no necesitaba nada más. Se sentía completa. Había finalmente encontrado su lugar, y su lugar era junto a Juliana, a su lado…

Sonrió cuando salió al exterior y halló al amor de su vida, quien cerca de la piscina iluminada, terminaba de preparar la mesa para la cena. Era maravillosa, llevaba un vestido blanco y el pelo largo y negro le caía sobre los hombros. Karolyn se detuvo varios segundos a contemplarla, era simplemente hermosa.

Juliana encendió la última vela y se volvió hacia la recién llegada. ―Te ves…

―Hermosa… ―Karolyn sonrió como tonta, interrumpiéndola y caminando hacia ella―. Estás… hermosa.

El beso que las unió de inmediato fue intenso, profundo, tan lleno de necesidad que tardaron un par de minutos en desprenderse una de la otra.

―Wow... es lindo aquí ―dijo la teniente y sonrió, observando a su alrededor y luego hacia la mesa muy cercana―. ¿Preparaste todo esto tú sola? ―preguntó mientras tomaba la mano de su amante y juntas se dirigieron a la mesa.

Juliana sonrió y se encogió de hombros. ―Qué más hubiera deseado; pero necesariamente tuve que obtener un poco de ayuda... Paul e Irma son adorables, me colaboraron en todo cuanto solicité de ellos y... ya se han ido.

―¿Se han ido?

―Mj, a descansar, no sé si has visto la cabaña que está aquí detrás; es parte de la propiedad; pero es para el personal de servicio y... estaremos completamente solas.

―Hum... solas ―el brillo en los ojos de Karolyn opacó la luna esa noche. Justo iba a comentar algo más cuando se percató de la mirada

extasiada de la otra sobre ella―. ¡Amor! ¿Qué me miras así? ―preguntó con aquella actitud infantil de una mujer enamorada y se sonrojó un poco.

―Es que eres... oh, es que estás tan hermosa, cielo. Me encantaría que no terminara esta noche ―respondió Juliana, besándole una mano por encima de la mesa.

―Tendremos muchas, innumerables noches como esta, tesoro; todo el resto de nuestras vidas; juntas.

―Claro, bonita... claro ―respondió la heredera Conde y le sonrió―.

¡Ah, pongamos un poco de música!

―¡Sería estupendo! Pero… ¿cómo?

Juliana sonrió, tomando un pequeño control que estaba sobre la mesa y las pequeñas luces alrededor de la piscina descendieron la intensidad y cambiaron de color. ―Cierto que estamos aisladas en medio del mar; pero te prometo que no nos falta nada para ser feliz; no me faltará nunca cómo hacerte feliz ―la miró a los ojos y sonrió, justo en ese momento sonó un teléfono celular en el carrito junto a la mesa donde estaba aún la comida―.

Oh, debió quedársele ese teléfono a Irma cuando montó todo esto para nosotras.

―Tal vez deberíamos llevárselo, puede ser importante para ella.

―No, ¿por qué mejor no respondes tú y si es importante se lo pasamos?... Si no, colgamos y seguimos en nuestra velada.

Karolyn la miró y negó con la cabeza. ―Oh, no, amor, es mucho atrevimiento.

―Responde, cielo... responde, tal vez, se olvidaron aquí el celular por alguna razón ―insistió Juliana.

―Oh... ok, veremos ―dijo Karolyn y aceptó la llamada mientras Juliana llenaba sus copas de vino y sonreía sin mirarla―. ¿Sí? ¿Con quién desea? ―preguntó.

― Sí, ¿es la señorita Scott?

―Oh... ―asustada tapó el micrófono del teléfono y se giró hacia Juliana que le sonrió y le hizo un gesto de que continuara la llamada―.

Mj... s-sí, con ella, ¿con quién tengo el gusto?

― Alguien nos dijo que no necesitábamos presentarnos; que usted nos iba a reconocer de inmediato...

―Mire, no sé cómo obtuvo este número ni cómo sabe de mí; pero...

― ¡Solo escucha, chiquitica! ―exclamó el tipo del otro lado de la línea y comenzaron los primeros acordes de una canción que Karolyn conocía muy bien y se la pasaba cantando fuera en la ducha o las pocas veces que preparó de cenar en el barco.

―¡Oh! ―exclamó y quedó muda, escuchando la canción mientras veía frente a sí la mujer que amaba más que a su vida viéndola como si ella fuera el centro de su universo.

«...Mi meta contigo es ser mejor persona,

reírnos de todo,

hacernos mil bromas.

Mi meta contigo es comprarte un anillo,

para nuestra boda....»

Los ojos de Karolyn no pudieron retener el par de lágrimas que rodaron por sus mejillas y murieron en sus labios, y el nudo en su garganta creció cuando Juliana tomó del suelo junto a ella una hermosa rosa roja y se la entregó a la vez que sus labios simularon un te amo en silencio...

«...Mi meta contigo es viajar y viajar,

conocer los lugares que te gustan más.

Mi meta contigo es huir del peligro,

de todo lo que nos pueda separar...»

Cuando Juliana se puso de pie y le extendió una mano, ya ella no se esforzó por ocultar todas las emociones que le robaban aquellas lágrimas que no dejaban de escapar de sus ojos; y cuando sintió su abrazo y sus labios en su mejilla se sintió la mujer más dichosa del mundo. Se mantuvieron así, abrazadas, hasta que terminó la canción “Mi Meta Contigo” de “Banda Los Sebastianes” y la llamada se cortó.

―Te amo, mi amor... te amo ―murmuró Juliana, sintiendo en sus labios el sabor salado de la felicidad mientras la cubría lentamente de besos y la abrazaba, acariciando su espalda.

―Yo... yo no puedo vivir sin ti.

―Nunca... nunca lo harás, mi amor.

―¡Te amo, Juliana Conde!

Juliana la volvió a besar con esa ternura que solo ella le provocaba.

Luego se separó y le sonrió. ―Ahora cenemos, mi amor ―la condujo de la mano hasta la mesa y se sentaron una frente a otra.

―¿Cómo lograste…? ―Karolyn señaló el teléfono, sonriendo de nuevo como tonta.

―Bastó hacer un par de llamadas ―respondió y le tomó la mano por encima de la mesa, viéndola a los ojos―. Ya te dije que viviré para hacerte feliz, para ver esa hermosa sonrisa en tus labios… No existe nada en este mundo que yo no haría por ti, Karolyn.

Las mejillas de la teniente parecieron incendiarse. ―Te amo ―fueron las únicas palabras que pronunció antes de inclinarse sobre la mesa y besarla.

Mientras cenaban se contaron algunas anécdotas de cuando eran pequeñas. Hablaron de las cosas que les gustaban, descubriendo que tenían más cosas en común de lo que pensaban. Por vez primera ambas se sentían normales, dos chicas normales que tenían una cita romántica, y era lindo sentirse “normal” al menos por una vez en sus vidas. Era eso lo que hacían las personas normales; cenaban, conversaban de cosas normales como las anécdotas de la niñez… planeaban el futuro…

―Es una noche calurosa, ¿no crees? ―Karolyn terminó de beber el vino que quedaba en su copa, la colocó sobre la mesa y, viendo a los ojos de la mujer que tenía en frente, se sacó la blusa de tirantes, mostrándole el hermoso sostén rojo de su traje de baño.

―Oh… ―Juliana también terminó de beber de un sorbo su vino, viendo luego a su chica alzarse e iniciar a zafarse el cierre de la saya corta de mezclilla―. Ciertamente hay mucha… muchísima calor… sí…

Karolyn sonrió mientras se deslizaba la falda por los muslos hasta dejarla caer al suelo y quedar en traje de baño. ―Aún siento… calor…

―Oh sí ―Juliana se aclaró la voz, sintiendo la temperatura de su cuerpo aumentar desmesuradamente―. Deberías… oh ―se humedeció los labios cuando vio caer al suelo el sostén de la otra―. Por Dios ―murmuró sin poder quitarle los ojos de encima mientras se sacaba también la otra parte del traje de baño y se lo lanzó, sonriendo pícara―. No sé cómo este corazón mío aguanta estos golpes de calor ―dijo para sí misma mientras se llevó a los labios aquel pedazo de tela para besarlo y su mirada seguía a la dueña de la prenda dirigirse deprisa hacia la alberca y meterse al agua.

Cuando Karolyn emergió a la superficie, se pasó las manos por la cabeza acomodándose el cabello empapado mientras buscaba con la vista a su amante; pero solo halló lo que reconoció como el vestido blanco que esta llevaba sobre una silla. Luego sonrió al sentirla abrazada a su espalda.

―Haces todo por enloquecerme siempre más ―dijo Juliana y la giró, tomándola por la cintura.

―Estamos a mano entonces, porque yo también estoy muy

―respondió y la besó, bastante intenso a pesar de la brevedad―, muy loca.

―¿Dónde estabas, muchacha? ―preguntó Juliana, acariciándole el cabello mientras se sentía imanada a su mirada―. ¿Por qué no te encontré antes? Ya te necesitaba… desde siempre ―la besó de nuevo.

―Y yo te necesitaba a ti, mi vida.

―Ven ―dijo Juliana y, sin darle tiempo a más, la haló por una mano hasta llegar a los peldaños de uno de los extremos, en donde la luz llegaba más leve y justo desde donde podían ver hacia el mar al otro lado de la hermosa cerca de plantas que dividía el área de la piscina y jardín―. Te necesito ―murmuró mientras se sentaba en uno de los quicios bajo el agua y la haló hasta traerla rápidamente sobre sí.

―Y yo te necesito a ti ―respondió Karolyn, acariciándole las manos que apretaban sus caderas y fue por sus labios.

Una de las manos de Juliana fue hasta su nuca y la sujetó mientras aquel beso iniciaba a aumentar de intensidad. Su otra mano se rodó un par de veces a lo largo del muslo de la chica a horcajadas sobre ella y luego se deslizó hasta uno de sus senos… abandonó su boca y con la lengua recorrió lentamente el camino de sus labios a su pecho.

Karolyn gimió al sentir aquella boca atrapar uno de sus pezones y de inmediato respondió a la caricia con un gemido, hundiendo sus dedos entre el pelo de Juliana.

―Me encantas ―murmuró, hundiéndole las uñas involuntariamente en la espalda al sentir una mano acariciarle ávidamente entre los muslos, rozándole un poco más a cada desliz su sexo palpitante.

―Te amo… yo te amo… ―repitió Juliana entre un beso y otro mientras inició a jugar con un dedo a lo largo de su abertura, lentamente. Su respiración se tornó brusca cuando entró en ella percibió el calor húmedo en su interior.

Karolyn gimió y se mordió los labios, cerrando los ojos a la vez que buscaba desesperadamente destruir cada milímetro de espacio entre sus cuerpos. Cuando su pelvis golpeó contra la palma de la mano de Juliana se quedó inmóvil unos segundos, deleitándose con cada movimiento en su interior de aquel dedo que se movía como si buscara la gloria en ella…

Apretó los muslos y casi lloriqueó como una chiquilla cuando la otra retiró aquella mano de entre sus piernas.

―Sube ―ordenó Juliana, golpeando el último peldaño justo al nivel del agua, humedeciéndose los labios mientras subía hasta donde indicó―.

Necesito tu boca, mi amor… aquí ―dijo de rodillas, jugueteando con un dedo sobre su propia pelvis.

―Por Dios ―contestó la teniente y rápidamente fue por su boca mientras presionaba su cuerpo, obligándola a acostarse.

―Voltéate, cielo… quiero lo mismo de ti.

A partir de ese momento perdieron la noción del tiempo y de la realidad, una sumergida en la otra y sintiendo en sí mismas la cercana erupción entre sus piernas a cada beso, a cada invasión a sus intimidades provocadas por sus lenguas. Karolyn aferró los muslos abiertos debajo de ella y los apretó con fuerza cuando inició a sentir las primeras señales de que muy pronto se abandonaría a un intenso orgasmo; y ya no pudo resistirse más cuando sintió las uñas de Juliana hundirse en su trasero indicándole que ella estaba igual… Sonrió, levemente suspendida en el aire, y deslizó su lengua un par de veces por el sexo satisfecho de su amante mientras sentía los húmedos besos sobre su clítoris complacido; luego se retiró de encima y fue por un beso de su boca.

―Te amo, mi amor.

Juliana sonrió. ―Yo muchísimo más.

Luego las unió un abrazo mientras sus respiraciones se calmaban al unísono. No tenían ni idea de cuántas veces hicieron el amor al aire libre, y aún en la habitación continuaron amándose, como si por más que lo hicieran no saciaran aquella necesidad de una por la otra; o como si inconscientemente temieran que fuera esa la última vez, conociendo el arriesgado plan de las próximas horas.

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