CON EL ENEMIGO ADENTRO

Sra. Sotto · Capítulo 19 de 42

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CON EL ENEMIGO ADENTRO

Capítulo 17

Karolyn sabía bien en dónde se efectuaría la

reunión tan importante, lo había averiguado con ayuda de Lucy, así que tomó el corredor

que la guiaba hasta la puerta reforzada como

la del despacho de Felina. Al llegar disparó a la cerradura, haciéndola saltar y pateó la puerta, irrumpiendo en el sitio.

―¡Entréguense, policía estatal! ―gritó, alcanzando ver a Felina.

La tipa comenzaba a bajar por unas escaleras que debían conducir a algún túnel secreto del cual la agente no tenía previo conocimiento.

―¡Detente! ―gritó la teniente y se abalanzó tras una columna para esquivar el disparo de la encargada del lugar; el cual respondió de inmediato, acertando en el cráneo de la implacable meretriz―. ¡Maldición!

―rugió, caminando pistola apuntada al frente hacia la entrada de la escalinata subterránea.

Volvió a presionar el intercomunicador en su oído; pero no alcanzó a hablar, un disparo al aire tras de sí la hizo voltear presta a disparar a quien fuera, quedándose momentáneamente paralizada. De pie frente a ella, con los ojos vidriosos y aquella mirada helada e imperturbable con que la conoció; estaba Juliana Conde, apuntándole de igual a igual.

―Agente… ―pronunció Juliana y sus labios dibujaron una sonrisa que pareció más una mueca.

―¡Juliana Conde... entrégate y le respetamos la vida! ―exclamó la teniente, dominando sus nervios.

―¿Y si no? ¿Me va a disparar? ―comenzó a decir la heredera mientras se movía lentamente alrededor de la mesa en el centro sin dejar de apuntarle.

Los ojos de Karolyn no abandonaban aquellos que tenían aquel magnetismo sobre ella desde la primera vez que los vio. ―No me obligue… ―dijo con un hilillo de voz y las manos le temblaban.

―Pues no le quedará de otra… agente ―contestó la patrona Conde y disparó nuevamente una bala que pasó silbando junto a su oído.

En ese momento el intercomunicador de Scott sonó y se escuchó la voz del capitán:

«¡Teniente, teniente! ¡Confirme su situación! ¡Repito, confirme su situación! ¡Dos refuerzos van hacia el privado!»

Karolyn movió su pistola y, sin pensarlo dos veces, se disparó en un brazo, rozándolo apenas mientras caminaba bordeando la mesa hasta Juliana Conde que la miraba algo incrédula. La empujó con trabajo mientras se presionaba el brazo que ella misma se había herido.

―¡De prisa, sal de aquí! ―ordenó la teniente en voz moderada, señalando con la cabeza hacia las escaleras en el suelo―. ¡Rápido, corre y no te detengas, trataré de que ganes un poco de tiempo!

La otra chica la miró una vez más, la vio sangrando y algo en su mirada se suavizó… ¿Por qué lo estaba haciendo? ¿Por qué la estaba ayudando?

Pero no tenía tiempo para martirizarse buscando respuestas a sus preguntas, así que obedeció tras escuchar la cercanía de los demás agentes que venían por ella...

Y cuando los agentes llegaron al sitio, hallaron solamente a la teniente Karolyn Scott sangrando en una esquina.

―¡¿Teniente?! ―gritó uno, corriendo hacia ella para socorrerla.

―¡Estoy bien! ¡Estoy bien! ―ella tomó un profundo respiro y se levantó―. ¡Vallan por ella, maldición! ―ordenó con la voz firme mientras sus ojos rezaban en silencio, pidiendo que Juliana Conde lograra escapar.

La heredera Conde detuvo su loca carrera en un callejón cuando escuchó las llantas de un auto chirriar a sus espaldas y detenerse luego a pocos pasos de ella. La puerta trasera se abrió y ella abordó de inmediato el vehículo que velozmente retomó la marcha, desapareciendo del lugar.

―¿Adónde diablos vas? ―preguntó ella cuando lo vio tomar una vía que no conducía a la residencia Conde.

El que estaba a su lado en el asiento posterior la miró. ―Al aeropuerto... El jet está listo para sacarla a usted y al patrón del país hasta que las aguas se calmen. Esas son las órdenes.

―Mierda ―murmuró ella, cubriéndose el rostro entre las manos y ahogando el grito de rabia que amenazaba con emerger de su interior.

Sentía muchas ganas de gritar. No podía creer que todo el trabajo y esfuerzo de una vida se habían destruido en una noche. No dejaba de darse la culpa… era culpa de su ineptitud y de su poca inteligencia para escoger a las personas. Se había dejado distraer y engatusar por unos lindos ojos.

¿Cómo pudo ser tan estúpida? Y pensar que una parte de ella lo intuía. La vez que sorprendió aquella chica en el área reservada del despacho se le había encendido una alarma en su cabeza, advirtiéndola de que algo no andaba bien con ella; pero no le hizo caso y se dejó llevar por… ni sabía exactamente por qué.

―¡Maldición! ―el tipo a su lado volteó la mirada, viendo por el cristal de atrás las luces intermitentes y escuchando el chillido de las sirenas de un par de patrullas a sus espaldas.

El chofer presionó con fuerza el acelerador, volteando a la derecha y tomando una vía más traficada con la esperanza de despistarlos; pero lo único que hizo fue llamar la atención de otro auto de la policía que inició la persecución.

Juliana miró al sujeto a su lado. ―Llama al piloto y dile que… que parta de inmediato.

El tipo sacudió la cabeza mientras tomaba su fusil. ―No, patrona, ya estamos cerca, lo lograremos…

―¡Haz lo que te ordeno, carajo! ¡Llama y diles que despeguen; pero ya! ¡No llevaré a estos pendejos adonde mi padre! ¡Ahora! ―rugió la patrona, empuñando su arma y abriendo la ventanilla.

Juliana comenzó a disparar como loca contra uno de los autos que la seguían y su mirada viajó por unos segundos al cielo, viendo un helicóptero que se unía a la persecución…

Ya habían transcurrido unas cuatro horas desde la irrupción en la Villa donde se hallaban prisioneras y esclavizadas más de cuarenta mujeres. La teniente Scott caminaba por el salón en el cual trabajó por tantos días como bailarina. Su mirada se perdió unos segundos en las chicas que estaban

siendo examinadas por los médicos y luego miró hacia algunos de sus colegas que se llevaban esposados a los que habían logrado capturar, y entre estos se hallaban tres de los más grandes capos criminales del país, uno había logrado escapar al igual que los Conde, por lo cual, según su capitán, la misión había sido un total desastre…

―¡¿Cómo cojones es posible que cinco patrullas y un helicóptero hayan perdido de vista el auto?! ¡Maldita sea! ―la voz alterada del capitán que hablaba al teléfono llamó la atención de la chica.

―¿Qué sucede? ―preguntó ella, caminando hacia él.

―Juliana Conde logró escapar…

Fueron esas las únicas palabras que ella escuchó, las palabras que tanto deseaba sentir, palabras que le devolvieron el alma al cuerpo. Contuvo una sonrisa que iniciaba a curvar sus labios, fingiéndose furiosa y frustrada al igual que su capitán.

―¡¿Ahora qué diablos sucede?! ―el capitán respondió a su celular―.

¡¿Qué?! ―una extraña sonrisa se apoderó de sus gruesos labios―. ¿Estás seguro que el avión en cuestión era de los Conde? Llegaré enseguida, quiero verlo con mis propios ojos.

―¿Q-qué sucede? ―preguntó Karolyn con un hilillo de voz.

―Un avión explotó hace unos veinte minutos y se sospecha que se trate del jet privado de los Conde… Saldré para allá de inmediato. Esta noche parece no tener fin ―el capitán se dispuso a abandonar el lugar.

Ella lo siguió de inmediato. ―Vengo con usted…

―No ―él se volvió a mirarla―. Tú ve a medicarte esa herida y luego a descansar, teniente.

―Estoy bien, capitán.

―¡Es una orden, teniente! ―la miró directamente a los ojos y suavizó su expresión―. Necesitas un buen descanso, Karolyn. Estoy muy orgullo de ti. Haz hecho un excelente trabajo, teniente…

―Papá ―ella le sostuvo la mirada―, estoy bien…

―Ve a casa y llama a tu madre. Son meses que no duerme y obviamente me da la culpa a mí por no haberte hecho desistir de esta misión… dice que soy un monstruo por haber mandado a mi propia hija…

―Es mi trabajo y fui yo quien insistió por esta misión ―ella le sonrió y lo abrazó fuerte.

―Ve a medicarte esa herida, teniente ―él se zafó del abrazo, le besó la frente y luego se marchó.

Karolyn lo vio marcharse y fue entonces que una lágrima se desprendió de sus ojos, una lágrima que se apresuró en enjugar cuando escuchó tras de sí una voz familiar.

―¡¿Carol?!

Se volvió de inmediato. ―Lorena, ¿cómo estás?

―Feliz de que todo esto haya finalmente terminado, y es gracias a ti

―la chica le sonrió y la abrazó fuerte―. Quien diría que eras una agente infiltrada.

La teniente también sonrió. ―Mi verdadero nombre es Karolyn Scott… teniente Karolyn Scott.

―Wow ―Lucy se les unió, sonriendo―. ¿Teniente? ―le sonrió con los ojos aguados―. Gracias… gracias por habernos salvado ―y también la abrazó.

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