CON EL ENEMIGO ADENTRO
Capítulo 26
Juliana fue a recibir a los recién llegados. Eran Will junto a un chico con espejuelos de nombre Rubén; pero todos lo llamaban “el mago”, porque
era el mejor hacker que existiera en el planeta, o al menos así él mismo se definía. Juliana lo necesitaba para que entrara en el sistema de seguridad de la “caja fuerte” de Mijail y así poder llevar a cabo con suceso el descabellado plan que tenía en la cabeza.
―Buenos días ―saludó la chica, extendiéndoles la mano consecutivamente y observó de pies a cabeza al desconocido, dirigiéndose luego a él―. Entonces... ¿eres tú un maldito genio?
El joven sonrió y se acomodó los anteojos en la nariz. ―No hay sistema que se me resista ―dijo con aire de suficiencia.
―Eso espero ―respondió ella muy seria, adoptando aquella postura autoritaria e imperante que mantenía siempre, sobre todo con desconocidos, luego se dirigió a Will―. ¿Te aseguraste de que no te siguieran de ningún modo?
―Tranquila, patrona, no nos siguió nadie; así como nadie sabe que trabajo para usted.
―Es muy importante que continúes sin revelarlo. Ahora síganme...
vayamos al cuarto de los equipos a ver qué tan bueno resulta el genio… y si vale todo el dinero que voy a pagar.
Rubén sonrió e hizo un gesto de autosuficiencia, luego tanto él como Will la siguieron hasta el sitio en donde ya Karolyn estaba lista esperándolos, había escuchado todo desde la llegada.
―Buen día, señores ―dijo la teniente, aclarándose la voz.
―Buenos días, señorita ―respondió Will respetuosamente; sin embargo, para el joven era como si hubiera visto salir el sol.
―Buenos días... ―dijo Rubén y se quedó anonadado, viendo a Karolyn―. Es... un placer conocerte; yo soy...
―Este ―dijo Juliana, poniendo una mano pesadamente en el hombro del chico―, es el maldito genio que va a hackear la seguridad de Yasikov, bueno... eso es de momento ―le entregó un papelito con algunos datos.
Will le lanzó una mirada indiscreta al chico y este rápido agachó la cabeza.
―B-bueno, ¿puedo usar un ordenador? ―dijo, cambiando el tema.
―Por supuesto ―respondió Karolyn de inmediato y le señaló la silla junto a la mesa en donde estaba listo un portátil.
―Gracias, bonita ―respondió el chico y se sentó luego de lanzarle una sonrisa idiota que seguramente consideraba muy seductora.
La teniente miró por un momento hacia Juliana y la vio seria como nunca. ―Esperemos todo salga bien, cielo ―le dijo y le sonrió mientras se cruzaba de brazos... en su interior intuía la sombra de los celos en su amante y eso la divertía un poco.
―Así será, si no con este... con otro; no será tan difícil hallar un maldito genio capaz ―Juliana lanzó una mirada fulminante al chico.
Los minutos iniciaron a transcurrir y Rubén se adentró en la red, usando códigos raros y con esa intensidad que lo hacía parecer demente; tan característico en quienes se dedicaban a lo que él, y casi al cabo de un par de horas golpeó la mesa.
―¡Lo tengo! ―exclamó.
―¿Seguro? Explícanos ―dijo Juliana, acercándose con los demás.
―He logrado desbloquear los códigos de acceso a los sistemas operativos del lugar al que pertenece la dirección electrónica que me dio, ahora tengo acceso a sus cámaras, sus sensores, o sea; todo equipo electrónico... desde aquí.
―Interesante... ―dijo Juliana, fijándose en la pantalla―. Quiero que me conectes a sus cámaras... quiero ver todo el movimiento de ese sitio.
―Crearé el vínculo de acceso y lo minimizaré en su monitor, así podrá checarlo cuando quiera ―dijo el chico y comenzó a mover los dedos sobre el teclado.
―Muy bien, Rubén... muy bien... ―Juliana le colocó la mano en el hombro pesadamente, una vez más―. Al parecer saldrás de aquí con tu pago inicial ―sonrió―. Ven un momento conmigo... te entregaré la primera parte del dinero.
Karolyn se sentó frente a la laptop mientras el chico obedeció la orden y Will esperaba en silencio sentado en una silla.
―Espera aquí ―dijo Juliana y entró al camarote, saliendo enseguida con un sobre abultado que entregó al chico―. Irás a tu casa y no hablarás con nadie sobre lo que hiciste aquí, es más... ni siquiera estuviste aquí,
¿entendido?
―Sí, descuide.
―Te mandaré a buscar siempre con Will, la próxima vez para terminar la operación.
En ese momento ambos observaron a Karolyn abandonar el cuarto de los equipos y dirigirse a la proa, tal vez en busca de un poco de aire.
―Otra cosa, Rubén...
―¿Ah? Sí, diga ―respondió el joven, volviendo su atención nuevamente hacia ella.
Juliana sonrió, luego se le acercó un poco, ya seria. ―La próxima vez que subas a este barco, si quieres hacerlo y regresar a tierra; deja tus babas en el muelle, muchacho.
―No entiendo por...
―La chica a la que le ves como si fueras idiota; es mi compañera en esta operación, por lo cual, es tu patrona también; y por encima de eso, es mi chica.
―Oh... ―el chico se puso colorado―. P-perdón, no sabía... yo...
―Tranquilo, puedo comprender tu reacción; pero ahora que sabes cómo son las cosas aquí, no quiero volver a verte mirándola con esa cara de hoy... o créeme; tendré que desmembrarte y alimentar los tiburones por todo un día con todos tus pedazos ―el tono frío y aquella mirada de hielo sobre el chico lo hicieron tragar en seco.
Fue entonces que la voz de Karolyn que se acercaba cortó la tensión.
―¿Todo bien, cariño?
―Sí, cielo ―respondió Juliana y sonrió―. Aquí... ultimábamos detalles.
―Yo deseo tomar un baño, el agua se ve divina y hace calor… ―la mirada de Karolyn fue a parar al agua del mar que se veía tranquila y muy
cristalina―. Luego me ducho y preparo un almuerzo delicioso para ambas
―se le acercó y besó a Juliana en los labios, haciendo que el chico bajara la mirada―. Tú termina de ultimar los detalles.
Juliana sonrió mientras la vio de nuevo alejarse; pero exorbitó los ojos al verla sacarse el vestido y quedar en ropa de baño ante la mirada extasiada del muchacho.
―Ey… ―ella llamó rápido la atención del chico que se puso más rojo que un tomate mientras sintieron a Karolyn lanzarse al mar.
―P-perdón ―el chico se arregló los espejuelos; pero volvió a mirar hacia donde estaba Karolyn―. ¿No decía usted que había… tiburones?
―A los tiburones les atrae el olor a sangre… por eso hablé también de desmembramiento ―contestó ella, fulminándolo con la mirada y luego sonrió al verlo bastante asustado.
―Patrona ―Will se acercó―, ya he guardado en la nevera los víveres que le traje ―era una frase en código, con eso le quiso decir que había guardado en uno de los cuartos la bolsa llena de armas que ella le había pedido, y sí, también había traído algo de comida.
―Gracias, Will ―ella le sonrió con aprecio.
―Ahora nosotros nos marcharemos, patrona, y nos veremos dentro de dos días como acordado ―dijo Will, haciéndole señas al chico para que lo siguiera.
―Salúdame a tu esposa. Nos vemos ―ella los vio dirigirse hacia la lancha amarrada al barco.
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