CON EL ENEMIGO ADENTRO
Capítulo 25
La teniente despertó en el camarote, sintiendo
un buen olor y, cuando abrió los ojos, halló a
Juliana frente a sí con una bandeja donde le traía un delicioso desayuno que había
personalmente preparado y al lado había una rosa roja.
―Buenos días, preciosa ―colocó la bandeja encima de la cama y tomó la rosa, entregándola a Karolyn, quien no hacía más que sonreír como una tonta.
―Buenos días a ti, mi amor y… gracias ―las mejillas de la teniente tomaron el mismo color de aquella rosa.
―Ah… yo nunca… nunca había sentido la enorme necesidad de regalar una rosa; gracias a ti… por hacerme desear hacerlo contigo
―respondió y le dio un beso corto junto a una sutil caricia en el rostro.
Luego se sentó a los pies de la cama, con una leve pero notoria sombra en la mirada.
―Ey, ¿qué sucede? ―preguntó Karolyn, tomándole una mano.
―Me he comunicado con la persona que tengo en la ciudad, siguiendo los pasos de Mijail Yasikov.
―Mj…
―Se ha apoderado de todo… de los clientes de mi padre, de sus rutas, sus contactos; de todo.
―Juliana… ―dijo Karolyn muy seria y echó a un lado el desayuno―.
Yo te amo más que a nada en esta vida, estoy y estaré a tu lado por siempre; pero para que podamos ser felices tienes que renunciar tú también… a esos negocios oscuros, esa vida al margen de la ley que nunca termina bien y yo… no podría seguirte en eso.
Juliana la miró a los ojos y luego fue por otro beso de sus labios, le tomó el rostro entre sus manos y la miró muy seria a los ojos. ―Lo sé y créeme; yo tampoco quiero tener más que ver con eso… pero me molesta que ese idiota se aproveche de todo para sacar ventaja cuando toda la vida vivió a nuestra sombra, hasta que no termine con él no voy a poder estar quieta.
―Y yo te dije antes de venirme contigo que nos encargaremos de él; pero luego… nunca más en problemas, Juliana… nunca más.
―Luego nunca más, bebé ―respondió la heredera Conde y sonrió, la abrazó fuerte y la besó otra vez antes de ponerse de pie―. Termínate el desayuno, preciosa; yo estaré en el cuatro de los equipos. Te espero ahí, quiero mostrarte algo.
En cuanto la teniente terminó de desayunar y se alistó, apareció en donde Juliana la esperaba y sonrió, volviendo a sonrojarse ante la mirada para nada discreta de la otra, recorriéndola de pies a cabeza.
―Por Dios… ¿Está pasando algo en el cielo que se están cayendo las estrellas?
Karolyn sonrió como una chiquilla. ―Te encanta enamorarme siempre un poquito más, ¿eh?
―Oh, perdón, teniente; pero es que está usted hermosísima
―respondió y la haló por una mano para apretarla contra sí y besarla con necesidad.
Al cabo de unos segundos se despegaron.
Karolyn sacudió la cabeza. ―Wow… o… o me muestras eso que querías mostrarme o sea lo que sea tendrá que esperar.
Juliana soltó una risa y la soltó. ―Claro, claro que sí. Ven.
Caminó hasta la mesa donde había un ordenador portátil abierto y un sistema GPS funcionando en pantalla.
―¿Qué es? ―preguntó Karolyn, mostrándose interesada.
―Ese punto rojo, es el que nos llevará hacia nuestro futuro feliz, tranquilas y lejos del mundo, mi amor.
―Oh… suena fenomenal; pero explícate, cielo ―sonrió y tomó asiento, prestando atención a la pantalla.
―Es un dispositivo de rastreo que mandé a colocar en el furgón blindado, donde Yasikov hace las recogidas de todo su dinero en cada uno de sus negocios una vez por semana.
Karolyn la miró a los ojos y notó el brillo en ellos. ―Oh… ¿Quieres robar ese furgón? ¡Es una locura, Juliana!
―Claro que no, amor, cierto que sería más que una locura; una estupidez robar ese vehículo…
―Ah…
―Robaremos el premio mayor.
Karolyn exorbitó los ojos. ―¡¿Qué?!
―O sea; el sitio adonde este furgón hace la parada final para la entrega.
La teniente la miró y no sabía si reírse o no. ―Si es un vehículo blindado, imagina ya cómo será la caleta donde Yasikov guarda sus millones.
―Millones que le quitaremos, lo suficiente para destruirlo y vivir tranquilas lejos de todo esto para siempre… Yo quiero una vida contigo, tranquilas, quiero no tener que estar al pendiente de que algo o alguien amenace nuestra paz; y para poder tener eso… necesitamos ese dinero, destruyendo de paso a Yasikov.
―No necesitamos tanto dinero así para eso, amor, solo te necesito a ti…
―Y yo a ti, mi vida; los millones son para… ―dijo Juliana mientras abría otra página en el ordenador, mostrándole una playa paradisíaca―.
Para nuestro hogar; una isla virgen ―sonrió―. Nuestra… viviremos en paz y haremos construir nuestro hogar en ese lugar.
―Oh, cielo…
―Adivina cómo se llama ―Juliana volvió a sonreír―. “Carolinaś island”…
―¿Carol…? ¡Oh, es hermosa, tesoro! ―exclamó Karolyn, pasando las fotos del catálogo de venta.
―Entonces… ¿compraremos esa isla o no?
―¡Claro que sí, mujer! ―la teniente la besó, sintiendo una extraña sensación que no había sentido antes; tal vez porque estaba a punto de participar a un robo y esta vez sería ella la ladrona, o sea, se encontraría del lado opuesto al que había jurado servir, y seguramente también sentía aquella rara sensación porque cuando terminaría todo eso se refugiaría en
una isla con la mujer que la tenía tan enamorada que no le importaba trasgredir la ley.
―Bien entonces ―los ojos de Juliana tenían ese brillo de cuando estaba por llevar a cabo un buen negocio; aunque esta vez se trataba de un robo bastante arriesgado y peligros, pero por algún desconocido motivo el brillo en aquellos ojos hacía excitar a la teniente.
―Le quitaremos todo a ese malnacido ―dijo la teniente, colocándose entre la mesa y Juliana, rodeándole el cuello con los brazos.
―Mj... Acabaremos con esa rata ―Juliana percibió como la temperatura del ambiente inició a subir poco a poco―, y entonces podremos vivir en paz tú y yo... yo y tú...
―En una isla, lejos del mundo... completamente solas ―se mordió el labio inferior mientras hundía sus dedos en el cabello suelto de la otra.
―Completamente solas, mi amor... solas tú y yo ―Juliana deslizó sus manos por las curvas de la chica hasta detenerse en sus caderas.
―Para siempre... tú y yo para siempre ―la besó, un beso corto pero ardiente―. Te amo, Juliana... y te deseo... aquí... ahora...
―Por dios, muchacha ―bastaron aquellas palabras para hacerla responder al llamado que ella también sentía en su interior.
―Tómame, mujer... hazme tuya ―las palabras salieron de la boca de la teniente como si fueran una orden.
Juliana obedeció de inmediato, la aferró fuerte de la cintura y la alzó, sentándola en el borde de la mesa, ignorando lo que fuera que cayó al suelo en ese momento. No le importaba nada más que hacerle el amor a aquella mujer que le hacía perder la cabeza. Se apoderó de su boca con extrema avidez. Le mordió los labios, arrancándole un gemido que la estremeció.
La teniente echó la cabeza hacia atrás mientras sentía los labios de la otra acariciarle desesperadamente la piel. Juliana metió las manos bajo su vestido y se lo sacó de un tirón, y luego hundió la cara en su pecho y la mordió suavemente...
―Por dios... Mmmmmmmm ―Karolyn sentía como su cuerpo respondía a cada contacto de aquella boca en su piel―. Te amo ―susurró, sintiendo como le sacaba el sostén y luego aquella lengua húmeda y deliciosa recorrió sus senos.
―Yo te amo más ―afirmó Juliana abriéndole los muslos, llevó su mano hasta aquel sexo empapado de placer―. Mmmmm... ¡Me vuelves loca, Karolyn! ―jadeó salvajemente, sintiendo sus dedos mojarse, no aguantó más y le arrancó las bragas con urgencia.
Karolyn se abrió más para ella mientras sus manos recorrían aquella espalda. La apretó con fuerza, hundiendo sus uñas en la carne de la otra cuando recibió en su interior la sutil caricia de aquel dedo hábil y experto que comenzó a moverse dentro y fuera, suave, lento, mientras con la palma de la mano le presionaba la pelvis haciéndola enloquecer...
Juliana la miró a los ojos, intensificando el ritmo de las caricias.
―Dime de quién eres... ¿mh?
―Oh... ―Karolyn se sentía volar en una dulce y a la vez intensa ascensión y faltaba poco para alcanzar la cúspide―. Tuya... soy tuya... ¡soy de ti, Juliana Conde!... ¡Ahhhh! ―y gritó, entregándose por completo a un orgasmo caudaloso y sublime.
―Te amo ―murmuró la otra, abrazándola con fuerza.
Karolyn se separó un poco para verla a los ojos. ―Y yo te amo a ti…
más… mucho más de lo que puedas imaginar ―la besó suavemente.
En ese momento se separaron al escuchar el ruido del motor de una lancha.
―¿Qué es? ―preguntó la teniente alarmada.
Juliana le sonrió. ―Había olvidado decirte que tendríamos visitas ―la besó rápidamente y se separó por completo.
―Oh… no podían esperar en llegar ―Karolyn la tomó por una mano y la haló de nuevo hacia sí―. Quería un poco más de ti ―se humedeció los labios e hizo luego una mirada triste.
La otra se rio y sacudió la cabeza. ―Eres insaciable, mujer ―la besó―. Esta noche te prometo que te daré todo y cuanto quieras… pero ahora ―se separó de nuevo y recogió del suelo el vestido, el sostén y las bragas de la teniente―, vístete que ya están por subir al yate.
―Ok ―sonrió, tomando las ropas―. Pero antes dame otro beso, por favor.
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