CON EL ENEMIGO ADENTRO

Sra. Sotto · Capítulo 39 de 42

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CON EL ENEMIGO ADENTRO

Capítulo 37

Los dos guardias que custodiaban la puerta del

cuarto de hospital se hicieron a un lado

cuando vieron a la “doctora” de lentes

enormes salir, transportando la camilla con la

paciente aparentemente dormida. Ambos miraron hacia la prisionera.

―Le he dado un sedante ―comentó la chica, percatándose de aquellas miradas desconfiadas encima de su chica―. Estará inconsciente por un par de horas. El vehículo de traslado nos espera en el estacionamiento interno.

Los guardias la siguieron hasta el ascensor y uno de ellos se precipitó para presionar el botón. Karolyn los observaba con disimulo a través de aquellos lentes. El corazón le latía muy fuerte. Estaba muy nerviosa. Había pasado toda su vida deseando convertirse en una paladina de la justicia y defensora de los más débiles, y lo había conseguido. Era una magnifica agente de policía, una teniente, con un prometedor futuro… pero como dice el dicho: “El amor todo lo puede” . Y poco le importaba infringir la ley por aquella mujer que se había convertido en su único deseo. Haría de todo por ella, por ese amor…

Finalmente las puertas del ascensor se abrieron ante ellos. Karolyn entró de espaldas, trajinando la camilla consigo hasta el fondo. Los dos agentes también entraron y se quedaron frente a la puerta, de espaldas a ella. Uno de ellos presionó el botón que los llevaría hacia el plano tierra y volteó la mirada hacia la “doctora” que le asintió levemente con una sonrisa que envolvió sus ojos; pero en ese instante el intercomunicador de su colega emitió un ruido y luego se escuchó fuerte y clara la voz del capitán Scott, haciendo temblar a la chica de grandes anteojos:

«Agente Rodríguez, me acaban de comunicar que han abandonado la posición. ¿Qué rayos está sucediendo?»

Ambos agentes intercambiaron una mirada fugaz y llevaron las manos a la funda de sus armas; pero no tuvieron tiempo de desenfundarla ya que Karolyn fue más veloz que ellos y, con un movimiento bastante rápido y casi asombroso, penetró la aguja de una jeringa en el cuello del que tenía más cerca, suministrándole una grande dosis de un potente sedativo a la vez

que apuntaba con su arma al otro policía, quien vio al colega desplomarse en el suelo en pocos instantes.

―Nadie tiene que salir herido, agente ―dijo la chica con voz calma, quitándose con la mano libre el cubrebocas mientras escuchaba aún la voz alterada y desesperada de su padre por el intercomunicador.

―T-teniente Scott… ―tartamudeó el policía, reconociéndola y sin apartar aún la mano de la funda donde reposaba su arma.

―No cometas ninguna estupidez, agente Rodríguez… podemos salir de aquí todos vivos ―ella le mostró otra jeringuilla que contenía el mismo sedativo que le había inyectado al otro.

El agente le sostenía la mirada con admirable coraje y al escuchar el sonido inconfundible del seguro quitado en otra arma, sus ojos se incrustaron en los de Juliana Conde, quien también le apuntaba, sosteniendo con firmeza la pistola con su mano esposada.

―Mejor la escuchas, muchacho… porque yo no lo pensaría dos veces en hacerte volar los sesos ―lo amenazó con aquella mirada fría como hielo.

El chico tragó en seco, sabiendo que hablaba en serio, que no lo dudaría ni un segundo en teñir las paredes metálicas del ascensor con su sangre. Así que tomó la decisión más sabia y alzó las manos a la altura de su cabeza mientras la voz en su intercomunicador se dejó de escuchar, lo que alarmó aún más a Karolyn, conociendo a su padre, sabía que estaría ahí con todo el departamento de policía de la ciudad en cuestiones de minutos.

No tenían tiempo que perder. Karolyn le suministró el sedativo al policía, quien no se opuso en lo absoluto y al igual que su compañero se desplomó segundos después en una esquina.

―Las llaves ―dijo Juliana, haciendo tintinear las esposas que la aprisionaban a aquella camilla.

De inmediato la exteniente buscó las llaves, encontrándolas encima del agente Rodríguez. Liberó finalmente a Juliana al mismo tiempo que el ascensor se detuvo en el estacionamiento interno donde las esperaba Will para llevarlas bien lejos de allí.

―¡Vamos, rápido! ―exclamó la chica, aferrando a Juliana por su brazo sano mientras descendía de la camilla y arrastrándola fuera del elevador

deprisa.

Un disparo les impidió llegar a la ambulancia en donde esperaba Will.

Otros cuatro guardias salieron de inmediato de otro elevador y comenzó una cacería en donde sabían que ya no valdrían sedantes ni medios términos; y rendirse no era jamás una opción.

―¡¿De dónde diablos salieron?! ―exclamó Juliana mientras se agachaba detrás de uno de los autos estacionados, pistola en mano.

―¡Mierda! ¡Se suponía que debíamos llegar a la ambulancia antes de que ellos nos alcanzaran, seguramente el capitán los alertó! ―respondió la exteniente, disparando hacia los uniformados que también habían hallado donde cubrirse.

Will había abandonado el vehículo cuando vio a las chicas, seguramente con la intención de ayudar a Karolyn, pensando que sacaría a la patrona en la camilla. Un grave error, ya que el fuego de la ley no le permitió volver al vehículo, así que trató de llegar hasta ellas…

―¡Si tan solo hubieras seguido el plan en el muelle, qué distinto hubiera sido! ―reclamó Karolyn mientras disparaba nuevamente.

―Lo siento, ¿vale?... ¡Sé que no me alcanzará la vida para pedirte perdón!

Karolyn disparó, alzándose un sobre el auto y luego se lanzó al suelo nuevamente y la miró a los ojos. ―Sabes que ya te perdoné... Aquí estoy, no podía ser diferente.

Por un momento se quedaron perdidas una en los ojos de la otra, hasta que con cierta brusquedad Juliana la empujó a un lado y alzó la pistola, disparando contra uno de los guardias que había logrado escabullirse entre los autos y apareció a espaldas de Karolyn. El tipo cayó al suelo, llevándose las manos al pecho.

―¡Rayos!

―¡¿Cuántos son?! ―preguntó Karolyn, exorbitando los ojos.

―¡De momento creo que eran cuatro con en el que cayó!

Will corrió, disparando como un loco y se lanzó al suelo hasta llegar a ellas. El fiel compañero jamás las dejaría, Juliana se había ganado su lealtad

y contaba con ella para siempre.

―¡¿Están bien?! ―preguntó, reparando de inmediato en la mancha de sangre sobre la venda que cubría todo un hombro de Juliana y le inmovilizaba un brazo.

―Sí, es solo el movimiento, estaré bien.

―Regresaré a la ambulancia y vendré por ustedes, es nuestra única oportunidad ―dijo el sujeto, buscando la aprobación de las chicas.

―¡Demasiado riesgoso! ―exclamó Juliana, negando con la cabeza.

―Will tiene razón ―dijo Karolyn―. El resto está por llegar y si no salimos antes, no lograremos escapar.

―¡Rayos!... ¡Ve, te cubrimos! ―la Condesa terminó aceptando aquella loca idea y a la cuenta de tres tanto ella como Karolyn iniciaron a disparar contra los oficiales, mientras Will echó a correr rápidamente hacia la ambulancia.

Todo sucedió muy rápido. El fiel aliado de Juliana Conde llegó a la ambulancia; pero justo al abrir la puerta varios disparos impactaron sucesivamente en su espalda....

El tiempo pareció detenerse para Juliana cuando lo vio doblarse del dolor y aferrarse a sus últimos instantes de vida para abrir fuego contra el enemigo; logrando derribar a uno de ellos, pero los otros dos tenían blanco fácil y no se midieron para descargar una lluvia de disparos sobre él.

―¡Nooooooooo! ―gritó su patrona al verlo caer, sabiendo que era para siempre. Se puso de pie, disparando contra la pareja de oficiales con una mezcla de dolor y rabia.

―¡Juliana, cúbrete! ―gritó Karolyn y se paró junto a ella uniéndose al fuego abierto sin restricciones.

La pareja de oficiales recibió una muerte rápida. No esperaban tal reacción al descubierto y el factor sorpresa los tomó desprevenidos, trayendo consigo un desenlace fatal.

Juliana corrió hacia el cuerpo sin vida de quién, más que uno de sus mejores hombres, era considerado por ella un amigo... tal vez el único.

―Oh, Will ―dijo, hincándose junto a él mientras colocaba la pistola en el suelo y le levantaba la cabeza―, esto no debió suceder, es mi culpa

―se lamentó sin preocuparse por esconder las lágrimas.

―Lo siento... Lo siento, cielo ―Karolyn la abrazó y le besó la frente, luego miró alrededor, inquieta―. Pero Will murió por un motivo, y no puede ser en vano... Tenemos que irnos, Juliana.

―No puedo solo irme y dejarlo así.

―Ey, ¡escúchame! ―exclamó la exteniente y le tomó el rostro entre sus manos, obligándola a verle a la cara―. ¡Tenemos que salir de aquí, y es ahora! Ya perdimos a Will; ¡no hagamos que su muerte haya sido en vano!

Juliana asintió y recogió su arma del suelo, luego se alzó. ―¿En la ambulancia?

―¡Sí, de prisa!

Subieron de inmediato al vehículo. Las llaves estaban puestas y Karolyn tomó el volante ya que Juliana tenía un brazo inmovilizado. El motor rugió y emprendió la marcha, bordeando el cuerpo de Will en el asfalto del estacionamiento; pero justo cuando estaban a punto de llegar a la puerta una camioneta oscura les apareció de frente, obligando a Karolyn a estrellarse contra una de las columnas…

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