El inversor inteligente
Comentario al capítulo 2
Los estadounidenses cada vez son más fuertes. Hace veinte años
hacían falta dos personas para transportar alimentos por valor de diez
dólares. Hoy en día basta con un crío de cinco años.
Henny Youngman
¿Inflación? ¿A quién le importa la inflación?
Después de todo, el crecimiento anual del coste de los bienes y servicios
registró un promedio de menos del 2,2% entre 1997 y 2002, y los economistas
creen que hasta ese tipo mínimo puede estar sobrevalorado[1]. (Piense, por
ejemplo, en cómo se han desplomado los precios de los ordenadores y la
electrónica de consumo, y cómo ha mejorado la calidad de muchos productos,
lo que significa que los consumidores están obteniendo un mejor valor por su
dinero). En los últimos años es probable que el verdadero tipo de inflación en
Estados Unidos haya rondado el 1% anual, un incremento tan infinitesimal
que muchos expertos han proclamado que la «inflación ha muerto[2]».
La ilusión del dinero
Existe otro motivo por el que los inversores pasan por alto la importancia
de la inflación: lo que los psicólogos denominan la «ilusión del dinero». Si
consigue un incremento salarial del 2% un año en el que la inflación llega al
4%, es prácticamente seguro que se sentirá mejor que si sufriese un recorte
salarial del 2% durante un año en el cual la inflación fuera igual a cero. Sin
embargo, las dos modificaciones salariales le dejarían prácticamente en la
misma situación: un 2% peor después de la inflación. Mientras la variación
nominal (o absoluta) sea positiva, lo consideramos positivo, aunque el
resultado real (o después de la inflación) sea negativo. Además, cualquier
variación de su salario será más vívida y específica que el cambio
generalizado de precios en el conjunto de la economía[3]. De la misma
manera, a los inversores les encantaba conseguir un 11% en sus depósitos a plazo en 1980, y están profundamente decepcionados obteniendo únicamente
el 2% en 2003, aunque perdiesen dinero después de la inflación en aquella
época y se mantengan en un nivel similar a la inflación en la actualidad. El
tipo nominal que obtenemos aparece impreso en los anuncios del banco y en
los pasquines que colocan en sus escaparates, y si ese número es elevado nos
sentimos bien. Sin embargo, la inflación erosiona ese número elevado de
manera subrepticia. En lugar de colocar anuncios, la inflación se limita a
robar nuestro patrimonio. Por eso es tan fácil pasarla por alto, y por eso es tan
importante medir el éxito de la inversión no sólo en función de lo que se
obtiene, sino en función de lo que se conserva después de la inflación.
En un plano aún más básico, el inversor inteligente debe estar siempre en
guardia frente a cualquier cosa imprevista o subestimada. Hay tres buenos
motivos para considerar que la inflación no ha muerto:
En un período tan reciente como el que va de 1973 a 1982 Estados
Unidos experimentó uno de los períodos inflacionistas más dañinos de
su historia. Medidos en función del índice de precios al consumo, los
precios se multiplicaron por más de dos durante ese período,
ascendiendo a un tipo anualizado de casi el 9%. Únicamente en 1979
la inflación alcanzó el 13,3%, paralizando la economía con el
fenómeno que se conoció como «estagflación», que llevó a muchos
comentaristas a dudar de que Estados Unidos pudiese competir en el
mercado mundial[4]. Los bienes y servicios que costaban 100 dólares a
principios de 1973 costaban 230 dólares a finales de 1982, lo que
reducía el valor del dólar a menos de 45 centavos. Ninguna persona
que viviese en esa época bromearía con tal grado de destrucción del
patrimonio; nadie que sea prudente puede dejar de protegerse frente al
riesgo de que ese fenómeno se repita.
Desde 1960, el 69% de los países del mundo con economías orientadas
al mercado han sufrido por lo menos un año en el que la inflación ha
ascendido a un tipo anualizado del 25% o más. Como media, esos
períodos de inflación han destruido el 53% de la capacidad de compra
de los inversores[5]. Estaríamos locos si no esperásemos que Estados
Unidos fuese a quedar, de una o de otra manera, al margen de tal
desastre. No obstante, estaríamos aún más locos si llegásemos a la
conclusión de que es imposible que esto pueda ocurrir en dicho país[6].
El crecimiento de los precios hace posible que la Administración
estadounidense abone sus deudas con dólares abaratados por la
inflación. Erradicar por completo la inflación va en contra de los
intereses de cualquier Administración pública que tome prestado
dinero con regularidad[7].
Media protección
¿Qué puede hacer, entonces, el inversor inteligente para protegerse frente
a la inflación? La respuesta normal sería «comprar acciones», pero como
ocurre con frecuencia con las respuestas ordinarias, no es completamente
cierto.
La figura 2.1 muestra, respecto de cada uno de los años que van de 1926 a
2002, la relación entre la inflación y los precios de las acciones.
Como se puede ver, en los años en los que los precios de los bienes y
servicios al consumo se redujeron, como ocurre en la parte izquierda del
gráfico, la rentabilidad de las acciones fue terrible, con un mercado que llegó
a perder hasta el 43% de su valor[8]. Cuando la inflación superó el 6%, como
ocurre en los ejercicios del extremo derecho del gráfico, las acciones también
se hundieron. El mercado perdió dinero en 8 de los 14 años en los cuales la
inflación superó el 6%; el rendimiento medio de esos 14 años fue un escaso
2,6%.
Mientras que una inflación moderada hacía posible que las empresas
trasladasen a los clientes el incremento de costes que experimentaban en sus
materias primas, la inflación elevada provoca el caos, y obliga a los clientes a
reducir al mínimo sus adquisiciones y deprime la actividad en toda la
economía.
Los datos históricos son claros: desde la aparición de unos datos exactos
del mercado de valores en 1926, ha habido 64 períodos quinquenales (es
decir, de 1926 a 1930, de 1927 a 1931, de 1928 a 1932, etc., hasta llegar a
1998 – 2002). En 50 de esos 64 períodos quinquenales (lo que supone el 78%
del tiempo) las acciones tuvieron resultados mejores que la inflación[9]. Es
impresionante, pero imperfecto; significa que las acciones no han sido
capaces de mantenerse a la altura de la inflación aproximadamente una quinta
parte del tiempo.
Dos acrónimos al rescate
Afortunadamente, se pueden incrementar las defensas contra la inflación
extendiendo las inversiones más allá de las acciones. Desde los últimos escritos de Graham han aparecido dos instrumentos para combatir la inflación
que están a disposición general de los inversores.
REIT. Los Real Estate Investment Trusts son entidades que son
propietarias de inmuebles de naturaleza residencial y comercial, y se dedican
a su explotación a través del alquiler[10]. Agrupados en FII, o Fondos de
Inversión Inmobiliaria, los REIT son bastante eficaces a la hora de combatir
la inflación. La mejor opción es el Vanguard REIT Index Fund; otras
opciones de coste relativamente reducido son Cohen & Steers Realty Shares,
Columbia Real Estate Equity Fund y Fidelity Real Estate Investment Fund[11]. Aunque es poco probable que un fondo REIT sea un instrumento infalible a la
hora de combatir la inflación, a largo plazo debería ofrecer cierta defensa
contra la erosión del poder adquisitivo sin deteriorar la rentabilidad general.
TIPS. Los TIPS, o Treasury Inflation Protected Securities (Valores del
Tesoro Protegidos frente a la Inflación) son obligaciones de la Administración
estadounidense, emitidas por primera vez en 1997, que aumentan
automáticamente de valor cuando sube la inflación. Como estos instrumentos
están respaldados por la solvencia de Estados Unidos, están cubiertos, al igual
que todas las obligaciones de la Administración estadounidense, frente al
riesgo de incumplimiento (o impago de intereses). Además, los TIPS también
garantizan que el valor de la inversión no se verá erosionado por la inflación.
En un sencillo instrumento, se asegura frente a la pérdida financiera y la
pérdida de poder adquisitivo[12].
Sin embargo estos instrumentos tienen un inconveniente: cuando el valor
de las obligaciones TIPS aumenta, la agencia tributaria estadounidense
considera que ese incremento es una renta sujeta a impuestos, aunque se trate
exclusivamente de una ganancia sobre el papel (salvo que se venda la
obligación a su nuevo precio superior). ¿Qué motivo tiene la agencia
tributaria estadounidense para actuar de esta manera? El inversionista
inteligente recordará las sabias palabras del analista financiero Mark
Schweber: «La única pregunta que nunca se debe hacer a un burócrata es
“¿Por qué?”». Por esta exasperante complicación tributaria, los TIPS son más
adecuados para los fondos de pensiones con pago de impuestos diferidos
como los IRA, Keogh o 401(k), en donde no incrementarán los ingresos
imponibles.
Se pueden adquirir TIPS directamente a la Administración de Estados
Unidos en www.publicdebt.treas.gov/of/ofinflin.htm o en un fondo de
inversión de bajo coste como Vanguard Inflation-Protected Securities o
Fidelity Inflation-Protected Bond Fund[13]. Directamente o a través de un
fondo de inversión, los TIPS son el sustituto de la parte de los fondos de
jubilación que mantendría en efectivo de no existir este instrumento. No haga
operaciones de mercado con ellos; los TIPS pueden sufrir volatilidad a corto
plazo, por lo que es mejor considerar que se trata de una pertenencia
permanente, vitalicia. Para la mayoría de los inversores, destinar por lo menos
un 10% de los activos de jubilación a TIPS es una forma inteligente de
mantener una parte de los fondos de manera absolutamente segura, y
absolutamente al margen de las largas e invisibles zarpas de la inflación. Capítulo 3