El inversor inteligente
Comentario al capítulo 10
Agradezco a la mujer milesia el que, viendo al filósofo Tales ocupado
de continuo en la contemplación de la bóveda celeste y con los ojos
siempre vueltos hacia arriba, le pusiera a su paso algo para hacerle
tropezar, por advertirle de que sería el momento de ocupar su
pensamiento en las cosas de las nubes cuando hubiere provisto las
que estaban a sus pies. Ciertamente, aconsejábale mirarse más a sí
mismo que al cielo.
Michel de Montaigne
¿Necesita ayuda?
En los gloriosos días de finales de la década de 1990, muchos inversores
optaron por actuar por su cuenta. Realizaron su propia investigación, eligieron
las acciones por sí mismos, y realizaron sus operaciones a través de un
corredor online, con lo que en la práctica estos inversores puentearon la
costosa infraestructura de investigación, asesoramiento y ejecución de
operaciones de Wall Street. Por desgracia, muchos de estos aficionados al
bricolaje financiero decidieron hacer valer su independencia justo en los
momentos anteriores a que comenzase la peor etapa de recesión en el
mercado desde la Gran Depresión, con lo que en última instancia acabaron
teniendo la impresión de que habían hecho una locura al lanzarse a hacer las
operaciones en solitario. Por supuesto, eso no es necesariamente cierto; las
personas que delegaron todas las decisiones a un corredor tradicional también
perdieron dinero.
Sin embargo, muchos inversores encuentran consuelo en la experiencia,
capacidad de juicio y segunda opinión que un buen asesor financiero puede
proporcionar. Algunos inversores necesitan un tercero independiente que les
indique el tipo de rendimiento que tienen que conseguir con sus inversiones, o
cuánto dinero adicional tienen que ahorrar, para poder alcanzar sus objetivos
financieros. Otros simplemente se benefician del mero hecho de tener a otra
persona a la que echar la culpa cuando sus inversiones pierden dinero; de ese modo, en vez de torturarse de forma agónica sufriendo eternas dudas sobre su
propia capacidad, tendrán a alguien a quien criticar, que habitualmente podrá
defenderse y animarles a la vez. Éste puede ser precisamente el tipo de
impulso psicológico que necesiten para seguir invirtiendo con firmeza en un
momento en el que otros inversores pueden ver cómo flaquea su ánimo. En
definitiva, de la misma manera que no hay ningún motivo por el que no pueda
usted gestionar su propia cartera, tampoco hay ninguna razón para
avergonzarse de buscar ayuda profesional para gestionarla[1].
¿Qué le puede indicar que necesita ayuda? A continuación indicamos
algunas señales:
Grandes pérdidas. Si su cartera perdió más del 40% de su valor desde el
principio de 2000 hasta finales de 2002, cosechó unos resultados aún peores
que los propios catastróficos resultados del mercado. No tiene ninguna
importancia que sus pérdidas se debiesen a que se mostrase usted indolente,
despreocupado o simplemente desafortunado; después de una pérdida tan
monstruosa, su cartera está pidiendo ayuda a gritos.
Presupuestos desquiciados. Si tiene que hacer constantemente juegos
malabares para llegar a fin de mes, no tiene ni idea de en qué gasta el dinero,
le resulta imposible ahorrar de manera periódica, o le resulta
permanentemente imposible pagar sus facturas puntualmente, sus finanzas
están descontroladas. Un asesor le puede ayudar a controlar su dinero
elaborando un plan financiero exhaustivo que indique de qué manera, y
cuánto, debe usted gastar, ahorrar, tomar prestado e invertir.
Carteras caóticas. Demasiados inversores pensaron que estaban
diversificados a finales de la década de 1990 porque tenían acciones de 39
empresas «diferentes» de Internet, o siete fondos de acciones de empresas en
crecimiento estadounidenses «diferentes». Sin embargo, eso es lo mismo que
pensar que un coro compuesto exclusivamente por sopranos puede cantar
«Old Man River» mejor que una soprano solista. Por muchas sopranos que
añadamos, el coro nunca será capaz de llegar a esas notas bajas, salvo que
incorpore a algún barítono al grupo. De la misma manera, si todas sus
participaciones suben y bajan al unísono, carecerá de la armonía de inversión
que aporta la verdadera diversificación. Un plan profesional de «asignación
de activos» le será útil.
Cambios importantes. Si trabaja usted por cuenta propia y necesita
organizar un plan de jubilación, si sus padres están envejeciendo y no tienen
unas finanzas bien organizadas, o si la universidad de sus hijos parece imposible de pagar, un asesor no sólo le aportará tranquilidad, sino que le
ayudará a mejorar de verdad su calidad de vida. Además, un profesional
preparado puede asegurarse de que se beneficie y de que cumpla con la
imponente complejidad derivada del derecho tributario y de las normas que
rigen la jubilación.
Confíe y después compruebe
Recuerde que los artistas del fraude financiero se forran consiguiendo que
usted confíe en ellos y logrando que no los investigue. Antes de colocar su
futuro financiero en manos de un asesor, es indispensable que encuentre a
alguien que no sólo le haga sentirse cómodo, sino que además sea una
persona cuya honradez esté fuera de toda duda. Como solía decir Ronald
Reagan, «Confíe y después compruebe». Empiece por pensar en unas cuantas
personas a las que conozca bien y en las que confía absolutamente. Pregunte a
esas personas si pueden recomendarle a un asesor en el que confían y que, en
su opinión, presta un buen servicio a cambio de sus honorarios. Un voto de
confianza de alguien a quien usted estima es un buen punto de partida[2].
Cuando tenga el nombre de un asesor y de la empresa para la que trabaja,
así como la especialidad a la que se dedica —¿es un corredor?, ¿un
planificador financiero?, ¿un profesional de la contabilidad?, ¿un agente de
seguros?— puede comenzar su análisis detallado. Introduzca el nombre del
asesor y de su empresa en un buscador de Internet como Google para ver si
aparece algo (busque términos como «multa», «demanda», «reclamación»,
«medidas disciplinarias», o «suspensión»). Si el asesor es un corredor de
bolsa o un agente de seguro, póngase en contacto con la oficina de la
comisión de valores de su estado (se puede encontrar un interesante directorio
de vínculos online en www.nasaa.org) para preguntar si se han presentado
reclamaciones de los clientes o si se han emprendido acciones disciplinarias
contra el asesor[3]. Si está considerando la posibilidad de contratar a un
profesional de la contabilidad que también presta servicios de asesoría
financiera, la autoridad supervisora de los profesionales de contabilidad de su
estado (a la que podrá localizar a través de la National Association of State
Boards of Accountancy en www.nasba.org) le indicará si su historial está
limpio.
Los planificadores financieros (o las firmas para las que trabajan) deben
estar inscritos en los registros de la Comisión del Mercado de Valores de
Estados Unidos o de las autoridades supervisoras competentes en materia de valores del estado en el que esté domiciliada su oficina. Como parte del
proceso de inscripción, el asesor debe presentar un documento con dos partes
denominado Formulario ADV. Debería poder examinarlo y descargarlo en las
siguientes direcciones web: www.advisorinfo.sec.gov, www.iard.com, o en el
sitio web de la autoridad supervisora de valores de su estado. Preste especial
atención a las páginas de información sobre declaraciones, en las que el
asesor tiene que declarar cualquier acción disciplinaria emprendida por las
autoridades. (Se sabe que algunos asesores poco escrupulosos retiran estas
páginas antes de entregar el formulario a sus clientes potenciales, por lo que
debería usted encargarse de obtener por su cuenta un ejemplar completo). Es
una buena idea comprobar el historial del planificador financiero en una
segunda fuente como www.cfp-board.org, ya que algunos planificadores que
han sido objeto de medidas disciplinarias fuera de su estado de origen pueden
tratar de escaparse por los vericuetos de las normas. Tiene más indicaciones
sobre la forma de realizar esta investigación exhaustiva en el recuadro
siguiente.
Palabras de advertencia
La necesidad de realizar una investigación preliminar no concluye después de
contratar a un asesor. Melanie Senter Lubin, directora de la Comisión de Valores del Estado de Maryland, sugiere que debe usted ponerse en guardia cuando escuche palabras y expresiones que puedan ser un anticipo de futuros problemas. Si su asesor no deja de pronunciarlas, o de tratar de obligarle a hacer cualquier cosa que le haga sentirse incómodo, «póngase en contacto con las autoridades lo antes posible», dice Lubin. Éstas son las expresiones que deberían hacer saltar las alarmas:
«Offshore».
«La oportunidad de la vida».
«Banco de primera categoría».
«Este chiquitín va a ser un genio».
«Garantizado».
«Tiene que darse prisa».
«Es seguro».
«Nuestro modelo informático exclusivo».
«Los que saben invertir lo están comprando».
«Estrategia de opciones».
«No puede fallar».
«No se puede permitir el lujo de quedarse al margen».
«Podemos conseguir mejores resultados que el mercado».
«Lo acabará lamentando si no…».
«Exclusivo».
«Debería concentrarse en los resultados, no en las comisiones». «¿No quiere hacerse rico?».
«No puede perder».
«El potencial es enorme».
«No hay riesgo de malos resultados».
«Le he dicho a mi madre que lo haga».
«Confíe en mí».
«Operaciones con mercancías genéricas».
«Rentabilidades mensuales».
«Estrategia activa de asignación de activos».
«Podemos limitar el riesgo de pérdida».
«No hay nadie más que sepa cómo hacerlo».
Llegar a conocerlo bien
Un importante boletín de planificación financiera consultó a docenas de
asesores recientemente para recopilar sus ideas sobre la forma en que los
clientes deberían abordar las entrevistas para conocerlos[4]. A la hora de
seleccionar a un asesor, sus objetivos deberían ser:
Determinar si está interesado en ayudar a los clientes, o si simplemente
se limita a aplicar una rutina.
Concretar si comprende los principios fundamentales de la inversión,
tal y como están señalados en este libro.
Evaluar si tiene la suficiente formación, preparación y experiencia para
ayudarle.
A continuación recogemos algunas de las preguntas que los clientes
potenciales deberían plantear, si siguiesen las recomendaciones de los
importantes planificadores financieros que participaron en la encuesta:
¿Por qué se dedica a esta actividad? ¿Cuál es el enunciado de misión de su
empresa? Además de su despertador, ¿qué hace que se levante por la mañana?
¿Cuál es su filosofía de inversión? ¿Utiliza acciones o fondos de
inversión? ¿Recurre al análisis técnico? ¿Hace sus operaciones en función de
la coyuntura? (Una respuesta afirmativa a cualquiera de las dos últimas
preguntas es una señal negativa para usted).
¿Se centra exclusivamente en la gestión de activos, o también ofrece
asesoramiento sobre planificación tributaria, patrimonial y de jubilación,
elaboración de presupuestos y gestión de deudas y seguros? ¿Podría explicar
de qué manera su formación, su experiencia y sus títulos le cualifican para
ofrecer ese tipo de asesoramiento financiero[5]?
¿Cuáles son las necesidades que suelen compartir sus clientes? ¿De qué
manera puede ayudarme a alcanzar mis objetivos? ¿De qué manera va a
supervisar y a informarme sobre mis avances? ¿Me va a facilitar una lista de control que yo pueda utilizar para comprobar de qué forma está poniendo en
práctica cualquier plan financiero que preparemos?
¿De qué manera elige las inversiones? ¿Qué método de inversión cree que
permite conseguir mejores resultados, y qué pruebas puede mostrarme de que
ha conseguido ese tipo de éxito para sus clientes? ¿Qué hace cuando una
inversión tiene malos resultados durante todo un año? (Cualquier asesor que
responda «vender» no es un buen candidato).
A la hora de hacer recomendaciones de inversión: ¿Acepta algún tipo de
retribución abonada por terceros? ¿Por qué, o por qué no? ¿En qué
circunstancias? ¿Cuánto, en dinero en efectivo, cree que debería pagar por sus
servicios durante el primer año? ¿Qué haría que esa cifra aumentase o se
redujese a lo largo del tiempo? (Si los honorarios van a consumir más del 1%
de sus activos al año, probablemente debería tratar de encontrar otro
asesor[6]).
¿Cuántos clientes tiene, y con qué frecuencia se comunica con ellos?
¿Cuál ha sido el logro obtenido para un cliente del que más orgulloso se
siente? ¿Cuáles son las características comunes de sus clientes favoritos?
¿Cuál es la peor experiencia que ha tenido con un cliente, y de qué manera la
resolvió? ¿Cuál es el criterio para determinar que un cliente hable con usted o
con alguno de sus ayudantes? ¿Cuánto tiempo suelen mantener los clientes
abierta una cuenta en su empresa?
¿Puede ver un modelo de estado de cuenta? (Si no puede comprenderlo,
pida al asesor que se lo explique. Si no puede comprender su explicación, no
es el asesor adecuado para usted).
¿Cree que tiene usted personalmente éxito financiero? ¿Por qué? ¿De qué
manera definiría el éxito financiero?
¿Qué tipo de rentabilidad anual media cree que puede obtener con mis
inversiones? (Cualquier cifra superior al 8% o al 10% no es realista).
¿Me va a facilitar su currículum, su formulario ADV y por lo menos tres
referencias? (Si el asesor o su empresa están obligados a presentar un
formulario ADV y el asesor no le va a facilitar una copia de ese formulario,
levántese y váyase, y agarre fuertemente la billetera mientras sale por la
puerta).
¿Se ha presentado alguna vez una reclamación formal contra usted? ¿Por
qué motivo lo despidió el último cliente que lo hizo?
Derrotar a su peor enemigo
Por último, debe tener en cuenta que los asesores financieros
verdaderamente buenos no salen de los árboles. Frecuentemente, los mejores
suelen tener todos los clientes que son capaces de atender, y únicamente
estarán dispuestos a aceptarlo como cliente si les parece que encaja usted
bien. Por lo tanto, ellos también le plantearán algunas preguntas difíciles,
como por ejemplo:
¿Por qué tiene la impresión de que necesita un asesor financiero?
¿Cuáles son sus objetivos a largo plazo?
¿Cuál ha sido su mayor frustración en su relación con otros asesores
(usted incluido)?
¿Tiene un presupuesto? ¿Vive de acuerdo a lo que gana? ¿Qué porcentaje
de sus activos se gasta cada año?
Dentro de un año, cuando analicemos lo que ha ocurrido, ¿qué tendré que
haber conseguido para que esté usted satisfecho con su progreso?
¿De qué manera gestiona los conflictos o las discrepancias?
¿Cómo reaccionó emocionalmente al período bajista de mercado que
comenzó en el año 2000?
¿Cuál es su peor pesadilla financiera? ¿Y su mayor esperanza financiera?
¿Qué tipo de rendimiento sobre la inversión considera razonable? (Base
su respuesta en el capítulo 3).
Cualquier asesor que no plantee preguntas de este estilo, y que no esté
suficientemente interesado por usted para detectar intuitivamente qué otras
preguntas considera usted que son adecuadas, no encajará bien con usted.
Sobre todo, debería confiar lo suficiente en su asesor para permitirle que
le proteja de su peor enemigo: usted mismo. «Usted contrata un asesor»,
explica el columnista Nick Murray, «no para que gestione el dinero, sino para
que le gestione a usted».
«Si el asesor es una línea de defensa entre usted y sus peores tendencias
impulsivas», dice el analista de planificación financiera Robert Veres,
«debería contar con los sistemas necesarios para que ustedes dos puedan
controlar esas tendencias». Entre esos sistemas se pueden mencionar los
siguientes ejemplos:
Un plan financiero exhaustivo que indique de qué manera va usted a
ganar, ahorrar, gastar, pedir prestado e invertir su dinero.
Una declaración de política de inversión que especifique su método
fundamental de inversión.
Un plan de asignación de activos que detalle cuánto dinero va a tener
en cada una de las diferentes categorías de inversión.
Éstos son los pilares básicos sobre los que se deben apoyar las buenas
decisiones financieras, y se deben crear de común acuerdo, entre usted y su
asesor, en vez de ser impuestos de forma unilateral. No debería invertir ni un
dólar ni adoptar una sola decisión hasta que esté convencido de que estos
cimientos sólidos están instalados y son acordes a sus deseos.