El inversor inteligente
Comentario al capítulo 18
Lo que fue, será; lo que se ha hecho es lo que se hará; no hay nada
nuevo bajo el sol. Todo aquello de lo que se diga esto es nuevo ya
habrá existido en el pasado, antes de nosotros.
Eclesiastés I, 9-10
Actualicemos la clásica exposición de ocho pares de empresas realizada
por Graham, utilizando la misma técnica de comparación y contraste de la que
fue pionero en sus clases en la Columbia Business School y en el New York
Institute of Finance. Hay que tener en cuenta que estos resúmenes exponen la
situación de estas empresas únicamente en los momentos indicados. Las
acciones que están baratas pueden llegar a estar sobrevaloradas en un
momento posterior; las acciones caras pueden abaratarse. En algún momento
de su vida, prácticamente todas las acciones son una ocasión; en otro
momento serán caras. Aunque existen buenas y malas empresas, no se puede
hablar con propiedad de buenas acciones; sólo existen buenos precios de
acciones, que van y vienen.
Pareja 1: Cisco y Sysco
El 27 de marzo de 2000, Cisco Systems Inc. se convirtió en la empresa
más valiosa de la tierra, ya que su capitalización en la bolsa llegó a ser de
548 000 millones de dólares de valor total. Cisco, que fabrica aparatos que
dirigen los datos por Internet, había colocado sus acciones en bolsa por
primera vez hacía solo diez años. Si hubiese comprado acciones de Cisco en
su oferta pública inicial y las hubiese conservado, habría obtenido una
ganancia que parecería un error tipográfico cometido por un demente:
103 697%, o lo que es lo mismo una media de rentabilidad anual del 217%.
Durante sus cuatro trimestres fiscales anteriores, Cisco había obtenido unos
ingresos de 14 900 millones de dólares y 2500 millones de dólares de beneficio. Sus acciones cotizaban a 219 veces sus beneficios, uno de los
mayores PER atribuidos a una gran empresa en toda la historia.
También estaba Sysco Corp., que se dedicaba al suministro de
alimentación para cocinas industriales y de instituciones, y que llevaba 30
años cotizando en bolsa. Durante sus cuatro últimos trimestres fiscales, el
menú de Sysco había contenido 17 700 millones de dólares en ingresos, casi
un 20% más que Cisco, pero «únicamente» 457 millones de beneficios netos.
Con un valor de mercado de 11 700 millones de dólares, las acciones de
Sysco cotizaban a un ratio de 26, muy por debajo de la media de mercado de
31.
En un juego de asociación de ideas con un inversor típico habría pasado
más o menos lo siguiente:
P: ¿Qué es lo primero que le viene a la mente cuando menciono Cisco Systems? R: Internet… la industria del futuro… gran acción… tremenda revalorización… ¿Puedo
comprar más acciones, por favor, antes de que suban aún más?
P: ¿Qué me dice de Sysco Corp.?
R: Camiones de reparto… puré de verdura… filetes rusos… pastelillos de carne… comida
de colegio… comida de hospital… no gracias, se me ha quitado el apetito.
Está demostrado que las personas suelen asignar un valor mental a las
acciones basándose principalmente en las imágenes emocionales que les
evocan los nombres de las empresas[1]. Sin embargo, el inversor inteligente
siempre busca más allá. Esto es lo que un examen escéptico de los estados
financieros de Cisco y Sysco habría encontrado:
Buena parte del crecimiento de Cisco tanto en ingresos como en
beneficios provenía de adquisiciones. Únicamente desde septiembre,
Cisco había desembolsado 10 200 millones de dólares para comprar
otras 11 empresas. ¿Cómo era posible aunar tan rápidamente a tantas
empresas[2]? Además, prácticamente un tercio de los beneficios
obtenidos por Cisco durante los seis meses anteriores no habían
provenido de su actividad empresarial, sino de exenciones fiscales
sobre opciones de acciones ejercitadas por sus ejecutivos y empleados.
Además, Cisco había ganado 5800 millones de dólares vendiendo
«inversiones», y después había comprado 6000 millones de dólares
más. ¿Qué era Cisco en realidad: una empresa de Internet o un fondo
de inversión? ¿Qué pasaría si esas «inversiones» dejaban de subir?
Sysco también había adquirido varias empresas durante el mismo
período de tiempo, pero únicamente había pagado aproximadamente
130 millones de dólares. Las opciones de acciones concedidas a los
que trabajaban en Sysco únicamente representaban el 1,5% de las
acciones en circulación, en comparación con el 6,9% de Cisco. Si esas
personas liquidaban sus opciones, los beneficios por acción de Sysco
se diluirían mucho menos que los de Cisco. Sysco, además, había
elevado su dividendo trimestral de nueve a diez centavos por acción;
Cisco no pagaba dividendo.
Por último, como destacaba el catedrático de finanzas de Wharton, Jeremy
Siegel, ninguna empresa tan grande como Cisco había sido nunca capaz de
crecer lo suficientemente rápido para justificar un PER superior a 60, por no
hablar de uno superior a 200[3]. Cuando una empresa se convierte en un
gigante, su crecimiento tiene que ralentizarse, ya que de lo contrario acabaría
comiéndose todo el mundo. El gran cómico estadounidense Ambrose Bierce
acuñó el término «incomposible» para referirse a dos cosas que se pueden
concebir por separado, pero que no pueden coexistir simultáneamente. Una
empresa puede ser gigantesca, o puede merecer un PER gigantesco, pero
ambas cosas juntas son incomposibles.
La gigantesca Cisco no tardó mucho en descarrilar. En primer lugar, en
2001, se produjo una «carga» de 1200 millones de dólares para
«reestructurar» algunas de esas adquisiciones. Durante los dos años
siguientes, se filtraron 1300 millones de dólares de pérdidas en esas
«inversiones». Desde 2000 hasta 2002, las acciones de Cisco perdieron
prácticamente tres cuartos de su valor. Sysco, mientras tanto, siguió sirviendo
beneficios, y la acción se revalorizó un 56% durante ese período (véase la
figura 18.1).
Pareja 2: Yahoo! y Yum!
El 30 de noviembre de 1999, las acciones de Yahoo! Inc. cerraron a
212,75 dólares, con una subida del 79,6% desde el inicio del año. Para el 7 de
diciembre, las acciones habían llegado a 348 dólares, una subida del 63,6% en
cinco días de negociación. Yahoo! siguió disparándose hasta el cierre del
ejercicio, y cerró a 432,687 dólares el 31 de diciembre. En un único mes, la
cotización se multiplicó por más de dos, ganando aproximadamente 58 000
millones de dólares para llegar a un valor total de mercado de 114 000
millones de dólares[4].
FIGURA 18.1
Cisco vs. Sysco
Nota: Rendimientos totales del año natural; beneficios netos del ejercicio fiscal.
Fuente: www.morningstar.com.
En los cuatro trimestres anteriores, Yahoo! había conseguido 433 millones
de dólares de ingresos y 34,9 millones de dólares de beneficio neto. Por lo
tanto, las acciones de Yahoo! estaban cotizando a 363 veces sus ingresos y a
3264 veces sus beneficios. (Hay que recordar que un PER muy superior a 25
hacía que Graham frunciera el ceño[5]).
¿Por qué se estaba disparando la cotización de Yahoo!? Después de que el
mercado cerrase el 30 de noviembre, Standard & Poor’s anunció que iba a
incorporar a Yahoo! a su índice S&P 500 a partir del 7 de diciembre. La
entrada en el índice haría que Yahoo! fuese una adquisición obligatoria para
los fondos de índices y otros grandes inversores, y esa repentina subida de la
demanda iba a provocar, con certeza, que la cotización de la acción subiese
aún más, por lo menos temporalmente. Teniendo en cuenta que
aproximadamente el 90% de las acciones de Yahoo! estaban en manos de sus
empleados, las firmas de capital riesgo y otros accionistas restringidos, sólo
flotaban en el mercado unas pocas acciones. Por lo tanto, miles de personas se
lanzaron a comprar las acciones únicamente porque sabían que otras personas
tendrían que comprarlas, y el precio no era un obstáculo.
FIGURA 18.2
Yahoo! vs. Yum!
Notas: Rendimientos totales del año natural; beneficios netos del ejercicio fiscal. Los beneficios netos
de Yahoo! de 2002 incluyen el efecto del cambio de los principios de contabilidad.
Fuentes: www.morningstar.com.
Mientras tanto, Yum! tenía que mendigar. Una antigua división de
PepsiCo que gestionaba miles de restaurantes Kentucky Fried Chicken, Pizza
Hut y Taco Bell, Yum! había conseguido unos ingresos de 8000 millones de
dólares durante los cuatro trimestres pasados, y había conseguido unos
beneficios de 633 millones de dólares con esos ingresos, lo que suponía
multiplicar por 17 el tamaño de Yahoo!. Sin embargo, el valor de mercado de
las acciones de Yum! al cierre del ejercicio era de únicamente 5900 millones
de dólares, o lo que es lo mismo, sólo una diecinueveava parte de la
capitalización de Yahoo! A ese precio, las acciones de Yum! cotizaban
levemente por encima de nueve veces sus beneficios, y únicamente al 73% de
sus ingresos[6].
Como le gustaba decir a Graham, a corto plazo el mercado es una
máquina de votar, pero a largo plazo es una máquina de pesar. Yahoo! ganó el
concurso de popularidad a corto plazo. Sin embargo, a la larga, son los
beneficios lo que importa, y Yahoo! casi no consiguió ninguno. Cuando el
mercado dejó de votar y empezó a pesar, la balanza se inclinó a favor de
Yum! Sus acciones subieron el 25,4% desde 2000 hasta 2002, mientras que
Yahoo! tuvo una pérdida acumulada del 92,4%.
Pareja 3: Commerce One y Capital One
En mayo de 2000, Commerce One únicamente había cotizado en el
mercado desde el anterior mes de julio. En su primera memoria anual, la
empresa (que diseñaba «bolsas o mercados de cambios» de Internet para los
departamentos de compras empresariales) declaró un activo de únicamente
385 millones de dólares y una pérdida neta de 63 millones de dólares sobre
unos ingresos totales que ascendían únicamente a 34 millones de dólares. Las acciones de esta minúscula empresa habían experimentado una subida de casi
un 900% desde su oferta pública inicial, y habían alcanzado una
capitalización total de mercado de 15 000 millones de dólares. ¿Estaba
sobrevalorada? «Sí, tenemos una gran capitalización de mercado», reconoció
el consejero delegado de Commerce One, Mark Hoffman, encogiéndose de
hombros en una entrevista. «Sin embargo, tenemos un gran mercado para
actuar. Estamos apreciando una enorme demanda… los analistas esperan que
tengamos unos ingresos de 140 millones de dólares este año. En el pasado
hemos superado las expectativas».
De la respuesta de Hoffman se pueden extraer dos conclusiones:
Dado que Commerce One ya perdía 2 dólares por cada dólar de ventas,
si cuadruplicaba sus ingresos (como «esperaban los analistas») ¿no
perdería dinero de forma aún más masiva?
¿Cómo era posible que Commerce One hubiese superado las
expectativas «en el pasado»? ¿Qué pasado?
Hoffman estaba preparado para dar respuesta a la pregunta de si su
empresa podría tener beneficios alguna vez: «No cabe ninguna duda que
podemos conseguir que esto sea un negocio rentable. Tenemos planes para
llegar a ser rentables en el cuarto trimestre de 2001, un año en el que los
analistas consideran que tendremos más de 250 millones de dólares de
ingresos».
Aquí vuelven esos analistas otra vez. «Me gusta Commerce One a estos
niveles porque está creciendo más rápidamente que Ariba [un competidor
cuyas acciones también cotizaban aproximadamente a 400 veces sus
ingresos]», dijo Jeannette Sing, una analista del banco de inversiones
Wasserstein Perella. «Si mantienen este ritmo de crecimiento, Commerce One
estará cotizando a 60 o 70 veces sus ventas en 2001». (En otras palabras, soy
capaz de citar el nombre de una empresa cuyas acciones están más
sobrevaloradas que las de Commerce One, por lo tanto Commerce One está
barata[7]).
En el otro extremo se encontraba Capital One Financial Corp., que se
dedicaba a emitir tarjetas de crédito de Visa y MasterCard. Desde julio de
1999 hasta mayo de 2000, la cotización de sus acciones había perdido el
21,5%. Sin embargo, Capital One tenía activos totales por valor de 12 000
millones de dólares y había conseguido unos beneficios de 363 millones de
dólares en 1999, una subida del 32% respecto del año anterior. Con un valor
de mercado de aproximadamente 7300 millones de dólares, las acciones cotizaban a 20 veces los beneficios netos de Capital One. Era posible que no
todo fuese bien en Capital One, la empresa había incrementado muy poco sus
reservas para préstamos fallidos, aunque la proporción de impagados y
fallidos suele aumentar mucho en las recesiones, pero el precio de sus
acciones reflejaba por lo menos un cierto nivel de riesgo de problemas
potenciales.
¿Qué pasó a continuación? En 2001 Commerce One generó 409 millones
de dólares de ingresos. Por desgracia, incurrió en una pérdida neta de 2600
millones de dólares, o lo que es lo mismo, 10,30 dólares de tinta roja por
acción, sobre esos ingresos. Capital One, por su parte, consiguió unos
beneficios netos de casi 2000 millones de dólares desde el año 2000 hasta el
año 2002. La cotización de sus acciones bajó el 38% durante esos tres años,
una evolución que no es peor que la seguida por el mercado en conjunto.
Commerce One, sin embargo, perdió el 99,7% de su valor[8].
En vez de escuchar a Hoffman y a sus analistas falderos, los operadores
deberían haber hecho caso a la sincera advertencia que aparecía en la
memoria anual de 1999 de Commerce One: «Nunca hemos conseguido
beneficios. Esperamos incurrir en pérdidas netas durante el futuro previsible,
y es posible que nunca lleguemos a tener beneficios».
Pareja 4: Palm y 3Com
El 2 de marzo del año 2000, la empresa de conexiones de datos 3Com
Corp. colocó el 5% de su filial Palm, Inc. en el mercado. El 95% restante del
capital de Palm sería escindido a los accionistas de 3Com en los siguientes
meses; por cada acción de 3Com que tuviesen en cartera, los inversores
recibirían 1,525 acciones de Palm.
Por lo tanto, había dos formas de conseguir 100 acciones de Palm:
abriéndose paso a codazos en la oferta pública inicial, o comprando 66
acciones de 3Com y esperando hasta que la sociedad matriz distribuyese el
resto del capital de 3Com. Al recibir una acción y media de Palm por cada
acción de 3Com, se obtendrían 100 acciones de la nueva empresa y se
seguirían teniendo 66 acciones de 3Com.
Pero ¿quién quería esperar unos cuantos meses? Mientras que 3Com tenía
severos problemas para competir con gigantes como Cisco, Palm era el líder
del interesantísimo espacio de los asistentes personales digitales. Por lo tanto,
las acciones de Palm se dispararon desde su precio de oferta inicial de 38
dólares hasta cerrar a 95,06 dólares, una rentabilidad del 150% en el primer día de cotización. Eso arrojaba una valoración de Palm a más de 1350 veces
sus beneficios de los 12 meses anteriores.
Ese mismo día, las acciones de 3Com bajaron de cotización desde 104,13
dólares hasta 81,81 dólares. ¿En qué punto de cotización debería haber
cerrado 3Com aquel día, teniendo en cuenta la cotización de Palm? Los
cálculos son simples:
Cada acción de 3Com daba derecho a recibir 1,525 acciones de Palm.
Cada acción de Palm había cerrado a 95,06 dólares.
1,525 × 95,06 dólares = 144,97 dólares.
Eso es lo que valían las acciones de 3Com basándose únicamente en su
participación en Palm. Por lo tanto, con la cotización de 81,81 dólares, los
operadores estaban afirmando que todas las demás actividades empresariales
de 3Com, combinadas, tenían un valor negativo de 63,16 dólares por acción,
o un total de menos 22 000 millones de dólares. Raramente en la historia ha
habido una acción cuyo precio estuviese determinado de forma más
estúpida[9].
FIGURA 18.3
A punto de palmar
Fuente: www.morningstar.com.
No obstante, había una trampa: de la misma manera que 3Com no valía
realmente menos 22 000 millones de dólares, Palm tampoco valía realmente 1350 veces sus beneficios. Para finales de 2002, las cotizaciones de las dos
acciones estaban sufriendo la recesión de la alta tecnología, pero fueron los
accionistas de Palm los que se llevaron la peor parte, porque habían
prescindido de cualquier sentido común al comprar sus acciones (ver figura
18.3).
Pareja 5: CMGI y CGI
El año 2000 comenzó de la mejor de las maneras posibles para CMGI
Inc., ya que la cotización de sus acciones ascendió hasta 163,22 dólares el 3
de enero, es decir, una subida del 1126% de su cotización del año anterior. La
empresa, una «incubadora de Internet», financiaba y adquiría firmas
emprendedoras de diversas actividades online, entre las que habían estado las
estrellas iniciales theglobe.com y Lycos[10].
En el ejercicio fiscal 1998, durante el cual sus acciones pasaron de 98
centavos a 8,52 dólares, CMGI gastó 53,8 millones de dólares en adquirir
participaciones totales o parciales en empresas de Internet. En el ejercicio
fiscal 1999, durante el cual sus acciones se dispararon, pasando de 8,52
dólares a 46,09 dólares, CMGI desembolsó 104,7 millones de dólares. En los
cinco últimos meses de 1999 sus acciones se dispararon hasta 138,44 dólares,
y CMGI gastó 4100 millones de dólares en adquisiciones. Prácticamente todo
el «dinero» era la divisa particular recién acuñada de la empresa: sus acciones
ordinarias, que en aquel momento estaban valoradas en un total de más de
40 000 millones de dólares.
Era una especie de tiovivo mágico del dinero. Cuanto más subían las
acciones de CMGI, más podía gastarse en compras. Cuanto más se gastaba en
compras CMGI, más subían sus acciones. En primer lugar, las acciones
subían ante el rumor de que CMGI pudiese adquirirlas; después, cuando
CMGI ya las había adquirido, sus propias acciones subían de cotización
porque era propietaria de las otras acciones. A nadie le importaba que CMGI
hubiese perdido 127 millones de dólares en sus actividades de explotación
durante el último ejercicio tributario.
Al sur, en Webster, Massachusetts, a unos 100 kilómetros de la sede
central de CMGI en Andover, estaba la oficina central de Commerce Group
Inc. CGI era todo lo que CMGI no era: se dedicaba a los seguros de
automóviles, que comercializaba principalmente entre los conductores de
Massachusetts, y sus acciones suscitaban muy poco interés, y además la
empresa operaba en un sector anticuado. Su cotización perdió el 23% en 1999, aunque sus beneficios netos, que ascendieron a 89 millones de dólares
únicamente quedaron el 7% por debajo del nivel de los de 1998. CGI llegó
incluso a pagar un dividendo de más del 4% (CMGI no pagaba dividendo).
Con un valor de mercado total de 870 millones de dólares, las acciones de
CGI cotizaban a menos de 10 veces los beneficios que obtendría la empresa
durante 1999.
Y de pronto, súbitamente, la situación cambió por completo. El tiovivo
mágico del dinero de CMGI se detuvo de forma repentina: sus acciones punto
com dejaron de subir, y después cayeron en picado. Al no ser capaz de
venderlas obteniendo beneficio, CMGI tuvo que imputar la pérdida de valor
de las acciones como recorte de beneficio. La empresa perdió 1400 millones
de dólares en el año 2000, 5500 millones de dólares en el año 2001, y casi
500 millones de dólares más en el año 2002. La cotización de sus acciones
pasó de 163,22 dólares a principios de 2000 a 98 centavos a finales de 2002,
lo que supone una pérdida del 99,4%. La aburrida y vieja CGI, sin embargo,
siguió produciendo beneficios firmemente, y sus acciones subieron el 8,5% en
el año 2000, el 43,6% en el año 2001, y el 2,7% en el año 2002, un beneficio
acumulado del 60%.
Pareja 6: Ball y Stryker
Entre el 9 de julio y el 23 de julio de 2002, las acciones de Ball Corp.
sufrieron un retroceso en su cotización, pasando de 43,69 dólares a 33,48
dólares, un recorte del 24% que dejó a la empresa con un valor de 1900
millones de dólares. Durante esas mismas dos semanas, las acciones de
Stryker Corp. también sufrieron una caída de 49,55 dólares a 45,60 dólares un
recorte del 8% que hizo que la valoración de Stryker quedase fijada en un
total de 9000 millones de dólares.
¿Qué pasó para que estas dos empresas perdiesen tanto valor en un plazo
de tiempo tan breve? Stryker, que fabrica implantes ortopédicos y aparatos de
cirugía, realizó únicamente un comunicado de prensa durante esas dos
semanas. El 16 de julio, Stryker anunció que sus ventas habían subido el 15%
hasta llegar a los 734 millones de dólares en el segundo trimestre, mientras
que los beneficios habían subido el 31% hasta llegar a 86 millones de dólares.
Las acciones subieron el 7% al día siguiente, y después se desplomaron cuesta
abajo.
Ball, el fabricante de los famosos «Tarros Ball» utilizados para embotar
frutas y verduras, fabrica en la actualidad embalajes metálicos y de plástico para clientes industriales. Ball no publicó comunicado de prensa alguno
durante esas dos semanas. El 25 de julio, no obstante, Ball anunció que había
obtenido unos beneficios de 50 millones de dólares con un volumen de ventas
de 1000 millones de dólares en el segundo trimestre, una subida del 61% en
beneficios netos respecto del mismo período del ejercicio anterior. Eso hizo
que sus beneficios durante los cuatro trimestres posteriores ascendiesen hasta
los 152 millones de dólares, por lo que las acciones cotizaban justamente a
12,5 veces los beneficios de Ball. Con un valor contable de 1100 millones de
dólares se podían comprar las acciones de la empresa por 1,7 veces el valor de
sus activos tangibles. (No obstante, es cierto que Ball tenía algo más de 900
millones de dólares de deuda).
Stryker estaba en una liga diferente. Durante los cuatro últimos trimestres
la empresa había generado 301 millones de dólares de beneficios netos. El
valor contable de la empresa ascendía a 570 millones de dólares. Por lo tanto,
la empresa cotizaba a un sustancial múltiplo de 30 veces sus beneficios de los
12 últimos meses, y a 16 veces su valor contable. Por otra parte, desde 1992
hasta finales de 2001, los beneficios de Stryker habían crecido un 18,6%
anual; sus dividendos habían crecido prácticamente el 21% al año. En el año
2001, Stryker había gastado 142 millones de dólares en investigación y
desarrollo, para establecer los cimientos del futuro crecimiento.
¿Entonces, qué había hecho que estas dos empresas viesen cómo su
cotización caía por los suelos? Entre el 9 de julio y el 23 de julio de 2002, a
medida que WorldCom se iba a pique hundiéndose en la quiebra, el Dow
Jones Industrial Average cayó desde 9096,09 hasta 7702,34, un desplome del
15,3%. Las buenas noticias de Ball y Stryker se perdieron entre los titulares
negativos y los mercados en crisis, que se llevaron por delante a estas dos
empresas.
Aunque Ball acabó cotizando a un precio mucho más barato que Stryker,
la lección en este caso no es que Ball fuese un chollo y Stryker un gol, pero
de chiripa. Al contrario, el inversor inteligente debería darse cuenta de que los
momentos de pánico del mercado pueden dar lugar a precios excelentes por
buenas empresas (como Ball) y a buenos precios por empresas excelentes
(como Stryker). Ball concluyó el año 2002 a 51,19 dólares la acción, una
subida del 53% desde su punto mínimo de julio; Stryker acabó el año a 67,12
dólares, una subida del 47%. De vez en cuando, tanto las acciones de valor
como las acciones de crecimiento se ponen de oferta. La opción que prefiera
dependerá en gran medida de su personalidad, pero se pueden conseguir
grandes ocasiones en las dos ligas.
Pareja 7: Nortel y Nortek
En 1999, la memoria anual de Nortel Networks, la empresa de
equipamiento de fibra óptica, declaró grandilocuentemente que había sido un
«año de oro financieramente». En febrero de 2000, con un valor de mercado
de más de 150 000 millones de dólares, las acciones de Nortel cotizaban a 87
veces los beneficios que los analistas de Wall Street habían calculado que
produciría en el año 2000.
¿Hasta qué punto era creíble esa estimación? Las cuentas por cobrar de
Nortel, las ventas a los clientes que todavía no habían pagado la factura,
habían crecido en más de 1000 millones de dólares al año. La empresa
afirmaba que ese incremento «estaba impulsado por un crecimiento de las
ventas en el cuarto trimestre de 1999». No obstante, las existencias también
habían aumentado en 1200 millones de dólares, lo que suponía que Nortel
estaba produciendo equipos más deprisa de lo que esas «ventas
incrementadas» eran capaces de colocar entre los clientes.
Mientras tanto, la partida de «cuentas por cobrar a largo plazo», facturas
que todavía no habían sido pagadas, correspondientes a contratos
multianuales, pasaron de 519 millones de dólares a 1400 millones de dólares.
Además, Nortel estaba teniendo graves problemas para controlar los costes; y
sus gastos generales, de venta y de administración (los gastos generales)
habían pasado del 17,6% de los ingresos en 1997 al 18,7% en 1999. En
conjunto, Nortel había perdido 351 millones de dólares en 1999.
Por otra parte estaba Nortek, Inc., que producía cosas encuadradas en el
extremo deprimente del espectro del glamour: burletes vinílicos, timbres de
puerta, extractores de humos, campanas extractoras, compactadores de
basura. En 1999 Nortek ganó 49 millones de dólares sobre unas ventas netas
de 2000 millones de dólares, una subida respecto de los 21 millones de
beneficios sobre unas ventas de 1100 millones en 1997. El margen de
beneficios de Nortek (beneficios netos en porcentaje de ventas netas) había
subido prácticamente en un tercio, pasando de 1,9% a 2,5%. Nortek, además,
había reducido los gastos generales del 19,3% de los ingresos al 18,1%.
En aras de la justicia, hay que reconocer que buena parte de la expansión
de Nortek había provenido de las adquisiciones de otras empresas, no del
crecimiento interno. Lo que es más, Nortek tenía 1000 millones de dólares de
deuda, una gran carga para una empresa tan pequeña. Sin embargo, en febrero
de 2000 la cotización de las acciones de Nortek, que era de aproximadamente
5 veces sus beneficios de 1999, incluía una saludable dosis de pesimismo.
Por otra parte, la cotización de Nortel, 87 veces la estimación de lo que
podría llegar a ganar en el año venidero, contenía una masiva dosis de
optimismo. A la hora de la verdad, en vez de ganar los 1,30 dólares por
acción que habían predicho los analistas, Nortel perdió 1,17 dólares por
acción en el año 2000. Para finales de 2002, Nortel había perdido más de
36 000 millones de dólares.
Nortek, por otra parte, ganó 41,6 millones de dólares en el año 2000, 8
millones de dólares en el año 2001 y 55 millones de dólares en los nueve
primeros meses de 2002. La cotización de sus acciones pasó de 28 dólares por
acción a 45,75 dólares a finales de 2002, un incremento del 63%. En enero de
2003 los directivos de Nortek sacaron a la empresa de la bolsa, comprando
todas sus acciones al público a 46 dólares por acción. Las acciones de Nortel,
por su parte, se desplomaron desde los 56,81 dólares de febrero de 2000 a
1,61 dólares por acción a finales de 2002: una pérdida del 97%.
Pareja 8: Red Hat y Brown Shoe
El 11 de agosto de 1999, Red Hat Inc., un desarrollador de software
Linux, salió a bolsa por primera vez. Red Hat estaba al rojo vivo; y el precio
de oferta inicial fue de 7 dólares; las acciones abrieron la negociación a 23
dólares y cerraron a 26,031 dólares, un incremento del 272%.[11] En un único
día las acciones de Red Hat habían subido más que las de Brown Shoe en los
18 años anteriores. Para el 9 de diciembre las acciones de Red Hat habían
alcanzado los 143,13 dólares, una subida del 1944% en cuatro meses.
Brown Shoe, mientras tanto, iba de tropezón en tropezón. Fundada en
1878, la empresa distribuía al por mayor los zapatos Buster Brown y contaba
con casi 1300 zapaterías en Estados Unidos y Canadá. Las acciones de Brown
Shoe, a 17,50 dólares por acción el 11 de agosto, se desplomaron a 14,31
dólares para el 9 de diciembre. Durante todo el ejercicio de 1999, las acciones
de Brown Shoe habían perdido el 17,6%.[12]
Además de un buen nombre y de una acción recalentada, ¿qué tenían los
inversores de Red Hat? Durante los nueve meses concluidos el 30 de
noviembre, la empresa había obtenido unos ingresos de 13 millones de
dólares, con los que había generado una pérdida neta de 9 millones de
dólares[13]. La actividad empresarial de Red Hat apenas tenía más volumen
que la charcutería de la esquina, y además era mucho menos lucrativa. Sin
embargo, los operadores de mercado, arrebatados por las palabras «software» e «Internet», impulsaron el valor total de las acciones de Red Hat hasta los
21 300 millones de dólares que alcanzó el 9 de diciembre.
¿Qué pasó con Brown Shoe? Durante los tres trimestres anteriores, la
empresa había tenido ventas netas por 1200 millones de dólares y había
conseguido 32 millones de dólares de beneficios. Brown Shoe tenía
prácticamente 5 dólares por acción en efectivo y bienes inmuebles; los
zapatos Buster Brown seguían de moda entre los jóvenes. Sin embargo, aquel
9 de diciembre las acciones de Brown Shoe tenían un valor total de 261
millones de dólares, apenas 1/80 el tamaño de Red Hat, a pesar de que Brown
Shoe había tenido unos ingresos que multiplicaban por 100 los de Red Hat. A
ese precio, Brown Shoe estaba valorada en 7,6 veces sus beneficios anuales, y
en menos de un cuarto de sus ventas anuales. Red Hat, por otra parte, no tenía
beneficios de ningún tipo, mientras que sus acciones cotizaban a más de 1000
veces sus ventas anuales.
Red Hat, la empresa, siguió generando pérdidas. En breve, sus acciones
también lo hicieron. Sin embargo, Brown Shoe siguió generando más
beneficios, y también lo hicieron sus accionistas (véase figura 18.4).
FIGURA 18.4
Red Hat y Brown Shoe
Nota: Rendimientos totales del año natural; beneficios netos del ejercicio fiscal.
Fuente: www.morningstar.com.
¿Qué hemos aprendido? El mercado se burla de los principios de Graham
a corto plazo, pero al final siempre acaban siendo ratificados. Si usted compra
una acción simplemente porque su cotización ha subido, en vez de
preguntarse si el valor subyacente de la empresa está creciendo, antes o
después acabará sintiéndolo mucho. No es una probabilidad. Es una certeza. Capítulo 19