El inversor inteligente
Comentario al capítulo 12
Es mucho más probable que te atraque un tío con un bolígrafo que un
tío con una pistola.
Bo Diddley
El juego de los números
El propio Graham se sorprendería al comprobar hasta dónde han llevado
las empresas y sus contables los límites de lo que resulta aceptable en los
últimos años. Con una substancial retribución en forma de opciones sobre
acciones, los altos ejecutivos se dieron cuenta de que podían llegar a ser
fabulosamente ricos simplemente si incrementaban los beneficios de su
empresa durante unos cuantos años seguidos[1]. Cientos de empresas
infringieron el espíritu, cuando no la letra, de los principios contables, y
convirtieron sus memorias financieras en un galimatías, enmascarando los
resultados desagradables con enjuagues cosméticos, ocultando los gastos o
fabricando beneficios a partir de la nada más absoluta. Observemos algunas
de estas indeseables prácticas.
Como si…
Puede que la forma más generalizada de abracadabra contable fuese la
moda de los beneficios «proforma». Hay un viejo dicho en Wall Street que
dice que todas las malas ideas son buenas al principio, y la presentación de
beneficios proforma no es una excepción. El objetivo original era el de
ofrecer una imagen más exacta sobre el crecimiento a largo plazo de los
beneficios mediante el ajuste de las desviaciones de la tendencia que se
produjesen a corto plazo o mediante la deducción de acontecimientos
supuestamente «no recurrentes». Un comunicado de prensa proforma podría,
por ejemplo, indicar lo que habría ganado una empresa durante el ejercicio anterior si otra empresa que acababa de adquirir hubiese formado parte de la
familia durante los 12 meses íntegros.
Sin embargo, a medida que avanzaban los fraudulentos años de la década
de 1990, las empresas no pudieron limitarse a quedarse quietas. Observemos
los siguientes ejemplos de juegos malabares proforma:
Respecto del trimestre concluido el 30 de septiembre de 1999,
InfoSpace Inc., presentó un beneficio proforma como si no hubiese
pagado 159,9 millones de dólares en dividendos correspondientes a las
acciones preferentes.
Respecto del trimestre concluido el 31 de octubre de 2001, BEA
Systems Inc., presentó un beneficio proforma como si no hubiese
pagado 193 millones de dólares en impuestos sobre el salario respecto
de las opciones sobre acciones ejercitadas por sus empleados.
Respecto del trimestre concluido el 31 de marzo de 2001, JDS
Uniphase Corp. presentó un beneficio proforma como si no hubiese
pagado 4 millones de dólares en impuestos sobre salarios, como si no
hubiese perdido 7 millones de dólares en inversiones en acciones
horrorosas, y como si no hubiese incurrido en cargas por importe de
2500 millones de dólares relacionadas con fusiones y con el fondo de
comercio.
En pocas palabras, los beneficios proforma hacen posible que las
empresas muestren los buenos resultados que podrían haber obtenido si su
actuación no hubiese sido tan deficiente como en la práctica fue[2]. En su
condición de inversor inteligente, lo único que debe hacer con los beneficios
proforma es desentenderse de ellos.
Ansia de reconocimiento
En el año 2000, Qwest Communications International Inc., el gigante de
las telecomunicaciones, tenía un aspecto muy sólido. Sus acciones habían
perdido menos del 5%, aunque el mercado había perdido más del 9% aquel
año.
Sin embargo, la memoria financiera de Qwest encerraba una pequeña
revelación desconcertante. A finales de 1999 Qwest había decidido
contabilizar los ingresos de sus listines telefónicos en cuanto se publicaban
los listines, a pesar de que, como sabe cualquier persona que haya contratado
alguna vez un anuncio en las Páginas Amarillas, muchas empresas pagan esos
anuncios en plazos mensuales. ¡Abracadabra! Ése aparentemente inocente «cambio en el principio de contabilidad» elevó los ingresos netos de 1999 en
unos 240 millones de dólares después de impuestos, una quinta parte del
dinero ganado por Qwest en ese ejercicio.
Al igual que la pequeña porción de hielo que corona un iceberg
sumergido, el reconocimiento agresivo de ingresos suele ser frecuentemente
una señal de peligros profundos y grandes, y eso fue lo que ocurrió en el caso
de Qwest. A principios de 2003, después de una revisión de sus anteriores
estados financieros, la empresa anunció que había reconocido beneficios
prematuramente respecto de ventas de bienes de equipo, que había
contabilizado indebidamente los costes de los servicios proporcionados por
personas ajenas a la empresa, que había imputado inadecuadamente los costes
como si se tratase de activos de capital en lugar de gastos, y que había
aplicado un tratamiento injustificable al intercambio de activos como si
fuesen ventas ordinarias. En conjunto, los ingresos de Qwest correspondientes
a los ejercicios 2000 y 2001 habían sido sobrevalorados en 2200 millones de
dólares, incluidos 80 millones de dólares del antiguo «cambio de principio de
contabilidad» que ahora se retrotraía[3].
Pecados capitales
A finales de la década de 1990, Global Crossing Ltd. tenía ambiciones
ilimitadas. Esta empresa con domicilio social en Bermuda estaba
construyendo lo que denominaba la «primera red de fibra óptica mundial
integrada», con una extensión de más de 100 000 millas de cable, tendidos
principalmente sobre el fondo de los océanos. Después de instalar su tendido
por todo el mundo, Global Crossing vendería a otras empresas de
telecomunicaciones el derecho a desplazar su tráfico por su red de cable. Sólo
en 1998, Global Crossing gastó más de 600 millones de dólares en construir
su red óptica. Ese año, prácticamente un tercio del presupuesto de
construcción se cargó contra los ingresos en forma de gasto denominado
«coste de capacidad vendida». Si no hubiese sido por ese gasto por importe de
178 millones de dólares, Global Crossing, que declaró una pérdida neta de 96
millones de dólares, podría haber declarado un beneficio neto de
aproximadamente 82 millones de dólares.
El siguiente año, afirma una nota aparentemente intrascendente al pie en
la memoria anual de 1999, Global Crossing «puso en marcha el método de
contabilidad de contrato de servicios». La empresa dejaría de imputar la
mayor parte de los costes de construcción como gastos contra los ingresos inmediatos que recibía como resultado de la venta de capacidad de su red. En
lugar de eso, una parte importante de esos costes de construcción recibirían
ahora el tratamiento no de gasto de explotación, sino de inversión de capital,
por lo que, por lo tanto, se incrementaría el activo total de la empresa, en vez
de reducir sus ingresos netos[4].
¡Zas! Con un movimiento de la varita mágica, la partida del activo de
«inmuebles y bienes de equipo» de Global Crossing creció en 575 millones de
dólares, mientras que sus costes de venta aumentaban sólo en 350 millones de
dólares, a pesar de que la empresa estaba gastando más dinero que un
marinero borracho.
Los gastos de capital son una herramienta esencial para que los directivos
consigan que una buena empresa aumente de tamaño y llegue a ser aún mejor.
Sin embargo, las reglas de contabilidad maleables permiten a los directivos
inflar los beneficios declarados transformando los gastos de explotación
normales en activos de capital. Como pone de manifiesto el caso de Global
Crossing, el inversor inteligente tendría que asegurarse de que comprende lo
que una empresa está capitalizando, y los motivos por los que lo está
capitalizando.
Una historia de existencias
Al igual que muchos fabricantes de semiconductores, Micron Technology
Inc. sufrió un descenso de las ventas después del año 2000. De hecho, Micron
se vio tan gravemente afectada por la caída de la demanda que tuvo que
empezar a cancelar en su contabilidad el valor de sus existencias, puesto que
era evidente que sus clientes no querían comprarlas a los precios que Micron
había estado pidiendo. En el trimestre concluido en mayo de 2001, Micron
redujo el valor contable de sus existencias en 261 millones de dólares. La
mayor parte de los inversores interpretaron esta cancelación no como un coste
normal o recurrente de las operaciones, sino como un acontecimiento inusual.
Sin embargo, observemos lo que pasó después:
FIGURA 12.1
No lo volveré a hacer más
Fuente: Informes financieros de Micron Technology.
Micron realizó cancelaciones contables de existencias adicionales en
todos y cada uno de los seis siguientes trimestres fiscales. ¿Fue la devaluación
de las existencias de Micron un acontecimiento no recurrente, o se convirtió
en una afección crónica? Es posible discrepar razonablemente en este caso
particular, pero una cosa está clara: El inversor inteligente debería estar
siempre pendiente de la aparición de costes «no recurrentes» que, como el
conejito de las pilas Duracell, duran, y duran, y duran[5]…
La dimensión de la pensión
En el año 2001, SBC Communications Inc., que tenía participaciones en
Cingular Wireless, PacTel y Southern New England Telephone, obtuvo unos
ingresos de 7200 millones de dólares en ingresos netos, un rendimiento
estelar en un año malo para un sector de las telecomunicaciones que estaba
sobredimensionado. Sin embargo, ese beneficio no provino exclusivamente
de la actividad empresarial de SBC: 1400 millones de dólares de esa cifra, el
13% de los ingresos netos de la empresa, provinieron del plan de pensiones de
SBC.
Como SBC tenía más dinero en el plan de pensiones de lo que se
calculaba que era necesario para hacer frente a las futuras prestaciones de sus
empleados, la empresa atribuyó a la diferencia el tratamiento contable de
ingresos ordinarios. Un motivo que explica fácilmente la aparición de ese
superávit: en 2001 SBC incrementó el tipo de rendimiento que esperaba obtener con las inversiones del plan de pensiones, que pasaron del 8,5% al
9,5%, reduciendo la cantidad de dinero que tenía que dotar en la actualidad.
SBC explicó sus optimistas expectativas declarando que «durante todos y
cada uno de los tres años concluidos en 2001, la rentabilidad a diez años de
nuestras inversiones fue superior al 10%». En otras palabras, nuestro
rendimiento en el pasado ha sido elevado, por lo que podemos suponer que
nuestra rentabilidad futura también lo será. Sin embargo ese argumento no
sólo no tenía el más mínimo fundamento lógico, sino que además iba en
contra del hecho de que los tipos de interés se estaban reduciendo hasta
niveles mínimos históricos, con lo que reducían la rentabilidad futura de la
parte en obligaciones de la cartera de inversiones del fondo de pensiones de la
empresa.
En ese mismo ejercicio, de hecho, el Berkshire Hathaway de Warren
Buffett redujo el tipo de rendimiento previsto de sus activos de pensiones del
8,3% al 6,5%. ¿Era realista SBC al suponer que los gestores de su fondo de
pensiones podían conseguir unos resultados significativamente mejores que
los del mejor inversor del mundo? Probablemente no: En 2001, el fondo de
pensiones de Berkshire Hathaway obtuvo un beneficio de 9,8%, mientras que
el fondo de pensiones de SBC perdió el 6,9%.[6]
Hay algunas reflexiones rápidas que tiene que hacer el inversor
inteligente: ¿es la «aportación neta de pensiones» superior al 5% de los
ingresos netos de la empresa? (Si es así, ¿seguiría estando satisfecho con el
resto de los beneficios de la empresa si esas aportaciones desapareciesen en
los años venideros?). ¿Es razonable la «rentabilidad a largo plazo de los
activos del plan» prevista? (En 2003, cualquier tipo superior al 6,5% es
improbable, mientras que un tipo creciente es directamente ilusorio).
Advertencia al inversor
Unas cuantas indicaciones que le serán útiles para no comprar una acción
que acabe siendo una bomba de relojería contable.
Lea las memorias empezando por la última página. Cuando estudie las
memorias financieras de una empresa, empiece su lectura por la última página
y vaya retrocediendo lentamente hacia la primera. Cualquier cosa que la
empresa no quiera que descubra usted estará enterrada al final de la memoria,
y ése es precisamente el motivo por el que usted tiene que empezar por el
final.
Lea las notas. No compre nunca una acción sin haber leído las notas a pie
de página de los estados financieros incluidos en su memoria anual.
Normalmente recogida bajo el título de «resumen de las principales políticas
de contabilidad», una nota de las más importantes describe de qué forma
contabiliza la empresa los ingresos, cómo valora las existencias, qué
tratamiento concede a las ventas a plazo o a las ventas por contrato, cómo
imputa sus costes de marketing, y en definitiva cómo contabiliza otros
aspectos esenciales de su actividad[7]. En las demás notas al pie, trate de
localizar datos sobre la deuda, las opciones sobre acciones, los préstamos a
clientes, las reservas frente a pérdidas y otros «factores de riesgo» que puedan
consumir una gran parte de los beneficios. Entre las cosas que deberían
provocar la activación de sus antenas hay términos técnicos como
«capitalizado», «diferido» y «reestructuración», y palabras sencillas que
indican que la empresa ha modificado sus prácticas de contabilidad, como por
ejemplo «comenzó», «cambió», y «no obstante». Ninguna de estas palabras
significa que no deba usted comprar acciones de esa empresa, pero todas ellas
dan a entender que tiene usted que investigar más. Asegúrese de que compara
las notas a pie de página con las de los estados financieros de, por lo menos,
otra empresa que sea competidora cercana, para comprobar hasta qué punto se
muestran agresivos los contables de la empresa en cuestión.
Lea más. Si es usted un inversor emprendedor que está dispuesto a dedicar
mucho tiempo y energía a su cartera, está obligado, por mera coherencia con
sus objetivos personales, a aprender más sobre la información financiera. Es
la única forma de minimizar las probabilidades de ser engañado por una
cuenta de beneficios alterada. Tiene a su disposición tres libros
fundamentales, llenos de ejemplos oportunos y específicos: Financial
Statement Analysis, de Martin Fridson y Fernando Álvarez, The Financial
Numbers Game, de Charles Mulford y Eugene Comiskey, y Financial
Shenanigans [8] , de Howard Schilit.