El inversor inteligente

Benjamin Graham · Capítulo 38 de 48

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El inversor inteligente

Comentario al capítulo 17

 

El dios de la sabiduría, Odín, se lanzó por el rey de los troles, le hizo

una llave y le exigió que le dijese cómo podría triunfar el orden sobre

el caos. «Dame tu ojo izquierdo», dijo el trol, «y te lo diré». Sin

dudarlo, Odín se sacó el ojo izquierdo. «Dímelo». El trol le dijo, «El

secreto consiste en mirar con los dos ojos».

 

John Gardner

 

Cuanto más cambian las cosas…

 

Graham destaca cuatro casos extremos:

 

Un «gigante con los pies de barro» con una cotización excesiva.

Un conglomerado que estaba construyendo un imperio.

Una fusión en la cual una empresa minúscula absorbe a una empresa

grande.

Una oferta pública inicial de acciones de una empresa que básicamente

no vale nada.

 

En los últimos años se han producido nuevos ejemplos de los extremos

citados por Graham en cantidad suficiente para llenar una enciclopedia. A

continuación ofrecemos un muestrario:

 

Lucent… pero no transparente

 

A mediados del año 2000, las acciones de Lucent Technologies Inc.,

estaban repartidas entre un número de inversores mayor que el de cualquier

otra empresa de Estados Unidos. Con una capitalización de mercado de

192 900 millones de dólares, era la duodécima empresa en valor de Estados

Unidos.

 

FIGURA 17.1

Lucent Technologies Inc.

 

Todas las cifras en millones de dólares. * Otros activos, que incluyen el fondo de comercio.

Fuente: Informes financieros trimestrales de Lucent (Formulario 10-Q).

 

¿Estaba justificada esa gigantesca valoración? Examinemos algunos datos

básicos de la memoria financiera de Lucent correspondiente al trimestre fiscal

concluido a 30 de junio de 2000 (véase figura 17.1[1]).

Un examen más detenido de la memoria de Lucent debería hacer saltar

más luces rojas de alerta que una caravana de camiones de bomberos de

camino al Coloso en Llamas:

 

Lucent acababa de adquirir a un proveedor de bienes de equipo

ópticos, Chromatis Networks, por 4800 millones de dólares, de los

cuales 4200 millones de dólares eran «fondo de comercio» (o coste por

encima del valor contable). Chromatis tenía 150 empleados, ningún

cliente y unos ingresos iguales a… cero, por lo que el término «fondo

de comercio» parece inadecuado; es posible que «pozo sin fondo»

fuese un término más exacto. Si los productos en embrión de

Chromatis no conseguían buenos resultados, Lucent tendría que

revertir el cargo de fondo de comercio e imputarlo como gasto con

cargo a futuros beneficios.

Una nota al pie de página revelaba que Lucent había prestado 1500

millones de dólares a algunos compradores de sus productos. Lucent

también había asumido responsabilidad respecto de 350 millones de

dólares en concepto de garantía de fondos que sus clientes habían

pedido prestados a otros. El total de estas «financiaciones de clientes»

se había duplicado en un año, lo que sugería que los compradores se

estaban quedando sin dinero en efectivo para comprar los productos de

Lucent. ¿Qué pasaría si se quedaban sin efectivo para pagar sus

deudas?

Por último, Lucent había contabilizado el coste de desarrollo de nuevo

software como «activo de capital». ¿En vez de un activo, no era en

realidad un gasto de explotación rutinario que debería abonarse con

cargo a los beneficios?

 

Conclusión: En agosto de 2001 Lucent cerró la división de Chromatis

después de que sus productos atrajesen, según se dijo, únicamente a dos

clientes[2]. En el ejercicio fiscal 2001 Lucent sufrió pérdidas por 16 200

millones de dólares; en el ejercicio fiscal 2002, sufrió pérdidas por otros

11 900 millones de dólares. En esas cifras se incluían pérdidas por valor de

3500 millones de dólares en concepto de «provisiones para fallidos y

financiación de clientes», 4100 millones de dólares por «minoraciones de

valor relacionadas con el fondo de comercio» y 362 millones de dólares en

cargas «relacionadas con capitalización de software».

Las acciones de Lucent, que cotizaban a 51,062 dólares el 30 de junio de

2000, acabaron 2002 a 1,26 dólares, una pérdida de casi 190 000 millones de

dólares en valor de mercado en dos años y medio.

 

El mago de las adquisiciones

 

Para describir a Tyco International Ltd., no podemos más que parafrasear

a Winston Churchill y decir que nunca se había vendido tanto por tantos a tan

pocos. Desde 1997 hasta 2001, este conglomerado con sede en Bermuda gastó

un total de más de 37 000 millones de dólares, la mayor parte de él en

acciones de sociedades que compraban acciones de Tyco de la misma manera

que Imelda Marcos compraba zapatos. Sólo en el ejercicio fiscal del año

2000, según su memoria anual, Tyco adquirió aproximadamente 200

empresas, una media de más de una cada dos días.

¿El resultado? Tyco creció de manera fenomenalmente rápida; en cinco

años, los ingresos pasaron de 7600 millones de dólares a 34 000 millones de

dólares y los ingresos de explotación se dispararon, pasando de una pérdida

de 476 millones de dólares a un beneficio de 6200 millones de dólares. No es

sorprendente que la empresa tuviese una valoración total de mercado de

114 000 millones de dólares a finales de 2001.

Sin embargo, los estados financieros de Tyco eran tan asombrosamente

enigmáticos, por lo menos, como su crecimiento. Prácticamente todos los

años incluían cientos de millones de dólares en cargos relacionados con las

adquisiciones. Estos gastos correspondían a tres categorías principales:

 

1. Costes de «fusión» o «reestructuración» o «de otro tipo no recurrente».

2. «Cargas por minoración de activos duraderos».

3. «Cancelaciones contables de investigación y desarrollo en curso

adquiridas».

 

¿Cómo se han ido produciendo estas imputaciones a lo largo del tiempo?

Como se puede ver en la tabla, las cargas por fusiones y

reestructuraciones, que se supone que no son recurrentes, aparecían en cuatro

de los cinco ejercicios, y ascendían a unos imponentes 2500 millones de

dólares. La minoración de activos duraderos aparecía con la misma

insistencia, y ascendía a más 700 millones de dólares. Las cancelaciones

contables de partidas de investigación y desarrollo adquiridas representaban

otros 500 millones de dólares[3].

 

FIGURA 17.2

 

Tyco International Ltd.

 

Todas las cifras son las que originariamente se declararon, expresadas en cientos de millones de dólares.

Los totales de «fusiones y adquisiciones» no incluyen los acuerdos de agrupación de intereses.

Fuente: Informes anuales de Tyco International (Formulario 10-K).

 

El inversor inteligente debería preguntar:

Si la estrategia de crecimiento mediante adquisiciones de Tyco era una

idea tan brillante, ¿cómo es posible que tuviese que gastar una media

de 750 millones de dólares al año para corregir los desajustes

provocados por ella?

Si, como parece claro, Tyco no se dedicaba a hacer cosas, sino a

comprar otras empresas que hacían cosas, ¿cómo es posible calificar

de no recurrentes sus gastos de fusión y reorganización? ¿No formaban

parte de los costes normales de la actividad ordinaria de Tyco?

Teniendo en cuenta que las cargas de contabilidad de las adquisiciones

realizadas en el pasado se acumulaban en las cuentas de los siguientes

ejercicios, lastrando los beneficios, ¿quién era capaz de decir cómo iba

a ser el beneficio del año siguiente?

 

De hecho, los inversores ni siquiera podían decir cuáles eran los

beneficios de los ejercicios pasados. En 1999, después de una inspección de

contabilidad realizada por la Comisión del Mercado de Valores de Estados

Unidos, Tyco añadió 257 millones de dólares a sus cargas de fusiones y

reestructuración en los gastos del ejercicio 1998, lo que supone que también

en ese ejercicio hubo costes «no recurrentes». Simultáneamente, la empresa

reorganizó las cargas que había declarado originalmente en 1999: los cargos

de fusión y reestructuración se redujeron en 929 millones de dólares, mientras

que los cargos por minoración de activos duraderos aumentaron en 507

millones de dólares.

Era evidente que Tyco estaba creciendo de tamaño, pero ¿también estaba

creciendo en rentabilidad? Nadie ajeno a la empresa podía decirlo con

seguridad.

Conclusión: En el ejercicio fiscal 2002, Tyco perdió 9400 millones de

dólares. La cotización de las acciones, que había cerrado a 58,90 dólares a

finales de 2001, concluyó 2002 a 17,08 dólares, una pérdida del 71% en doce

meses[4].

 

La sardina que se tragó la ballena

 

El 10 de enero de 2000, America Online Inc. y Time Warner Inc.

anunciaron que se iban a fusionar en una operación que inicialmente se valoró

en 156 000 millones de dólares.

A 31 de diciembre de 1999, AOL tenía 10 300 millones de dólares en

activos, y sus ingresos durante los 12 meses anteriores habían ascendido a

5700 millones de dólares. Time Warner, por otra parte, tenía 51 200 millones de dólares en activos y unos ingresos de 27 300 millones de dólares. Time

Warner era una empresa inmensamente mayor, se utilizase la medición que se

utilizase, salvo una: la valoración de su capital. Como America Online había

hipnotizado a los inversores simplemente por el hecho de estar en el sector de

Internet, sus acciones cotizaban al estupendo multiplicador de 164 veces sus

beneficios. El capital de Time Warner, una bolsa variada de televisión por

cable, películas, música y revistas, cotizaba aproximadamente a 50 veces los

beneficios.

Al anunciar la operación, las dos empresas la denominaron «fusión

estratégica de iguales». El presidente de Time Warner, Gerald M. Levin,

declaró que «las oportunidades son ilimitadas para cualquier persona que esté

conectada con AOL Time Warner», sobre todo, añadió, para sus accionistas.

Flotando en éxtasis ante la perspectiva de que sus acciones pudiesen, al

fin, conseguir el caché de una de las empresas favoritas de Internet, los

accionistas de Time Warner aprobaron abrumadoramente la operación. Sin

embargo, pasaron por alto unas cuantas cosas:

 

Esta «fusión de iguales» estaba diseñada para ofrecer a los accionistas

de America Online el 55% de la empresa combinada, aunque Time

Warner era cinco veces mayor.

Por segunda vez en tres años, la Comisión del Mercado de Valores de

Estados Unidos estaba investigando si America Online había

contabilizado indebidamente los costes de marketing.

Prácticamente la mitad del activo total de America Online, con un

valor de 4900 millones de dólares, estaba compuesto por «valores de

capital disponibles para la venta». Si la cotización de las acciones de

empresas de tecnología se desplomaba, desaparecería buena parte de la

base de activos de la empresa.

 

Conclusión: El 11 de enero de 2001 las dos empresas finalizaron su

fusión. AOL Time Warner Inc. perdió 4900 millones de dólares en 2001, y,

en la pérdida más colosal registrada en la historia por una empresa, otros

98 700 millones de dólares en 2002. La mayor parte de estas pérdidas

tuvieron su origen en la cancelación de valor de America Online. Para finales

de 2002, los accionistas para quienes Levin había pronosticado oportunidades

«ilimitadas» no tenían nada que enseñar, salvo una pérdida aproximada del

80% del valor de sus acciones desde el momento en el que se realizó el primer

anuncio de la operación[5].

¿Se puede suspender inversión preescolar?

 

El 20 de mayo de 1999, eToys Inc. colocó el 8% de sus acciones entre el

público. Cuatro de los bancos de inversión más prestigiosos de Wall Street,

Goldman, Sachs & Co.; BancBoston Robertson Stephens; Donaldson,

Lufkin & Jenrette; y Merrill Lynch & Co., garantizaron la colocación de

8 320 000 acciones a 20 dólares cada una, obteniendo con la operación 166,4

millones de dólares. La cotización de las acciones se disparó, cerrando a

76,5625 dólares, un incremento del 282,8% en el primer día de negociación.

A ese precio, eToys, (que tenía 102 millones de acciones) alcanzó un valor de

mercado de 7800 millones de dólares[6].

¿Qué tipo de empresa conseguían los compradores por ese precio? Las

ventas de eToys habían crecido el 4,261% en el ejercicio anterior y habían

incorporado 75 000 nuevos clientes en el último trimestre. Sin embargo, en

sus 20 meses de actividad, eToys había conseguido unas ventas totales por

valor de 30,6 millones de dólares, respecto de las cuales había incurrido en

una pérdida neta total de 30,8 millones de dólares, lo que suponía que eToys

gastaba 2 dólares por cada dólar de juguetes que vendía.

El folleto de la oferta pública inicial también revelaba que eToys utilizaría

parte de los ingresos de la oferta para adquirir otra organización que operaba

online, Baby-Center, Inc., que había perdido 4,5 millones de dólares sobre

unas ventas de 4,8 millones de dólares durante el ejercicio anterior. (Para

hacerse con esta joya, eToys únicamente tendría que pagar 205 millones de

dólares). Además, eToys «reservaría» 40,6 millones de acciones de capital

ordinario para su futura emisión a nombre de su equipo directivo. Por lo tanto,

si eToys llegaba a ganar dinero en algún momento, sus resultados netos

tendrían que dividirse no entre 102 millones de acciones, sino entre 143

millones de acciones, lo que suponía diluir cualquier potencial futuro

beneficio por acción en prácticamente un tercio.

Cualquier comparación que se haga entre eToys y Toys «R» Us Inc., su

principal rival, es impactante. En los tres meses precedentes, Toys «R» Us

había obtenido 27 millones de beneficios netos y había vendido más de 70

veces más productos que los que eToys había vendido en todo el año. Y sin

embargo, como muestra la figura 17.3, el mercado de valores atribuía a eToys

un valor de casi 2000 millones de dólares más que a Toys «R» Us.

Conclusión: El 7 de marzo de 2001 eToys solicitó la declaración de

quiebra después de acumular pérdidas netas por valor de más de 398 millones

de dólares en su breve vida como sociedad cotizada. Las acciones, que alcanzaron un máximo de 86 dólares por acción en octubre de 1999, hicieron

su última aparición en la lista de cotización a un penique.

 

FIGURA 17.3

 

Una historia de juguetes

 

Todas las cifras en millones de dólares.

Fuentes: Los informes presentados por las empresas a la Comisión del Mercado de Valores.