El inversor inteligente
Comentario al capítulo 20
Si no nos anticipamos a los imprevistos, si no esperamos lo
inesperado en un universo de infinitas posibilidades, estamos a
merced de cualquiera y de cualquier cosa que no pueda ser
etiquetada, programada o clasificada.
Agente Fox Mulder, Expediente X.
Para empezar, no pierda
¿Qué es el riesgo?
Las respuestas serán diferentes dependiendo de a quién, y cuándo, le
formule la pregunta. En 1999 el riesgo no significaba perder dinero;
significaba ganar menos dinero que otra persona. Lo que les daba miedo a las
personas era tropezarse con alguien en una barbacoa y descubrir que esa
persona se estaba haciendo más rica más rápidamente haciendo operaciones
intradía con empresas punto com aún más deprisa que ellas. Después,
súbitamente, en el año 2003 riesgo pasó a significar que el mercado de
valores siguiese cayendo hasta acabar con cualquier traza de riqueza que
todavía le quedase.
Aunque su significado pueda parecer tan volátil y fluctuante como los
propios mercados financieros, el riesgo tiene atributos profundos y
permanentes. Las personas que hacen las mayores apuestas y consiguen las
mayores ganancias durante los períodos alcistas de mercado son casi siempre
las mismas que sufren las peores pérdidas en los períodos bajistas de mercado
que inevitablemente siguen a los primeros. (Tener «razón» hace que los
especuladores estén cada vez más dispuestos a asumir una mayor cantidad de
riesgo, a medida que su confianza se va desbordando). Y después de haber
perdido grandes cantidades de dinero, se hace necesario apostar aún más para
volver al lugar de partida, como ocurre con los jugadores de casino o de
hipódromo que se lo juegan al todo o nada después de cada apuesta fallida.
Salvo que tenga una suerte extraordinaria, ésa es una receta para el desastre.
No es sorprendente que cuando se le pidió que resumiese todo lo que había aprendido durante su prolongada carrera sobre la forma de hacerse rico, el
legendario financiero J. K. Klingenstein, de Wertheim & Co., respondiese
sencillamente: «No perder[1]». El siguiente gráfico muestra lo que quería
decir.
FIGURA 20.1
El coste de las pérdidas
Imagínese que encuentra una acción que usted cree que puede crecer al 10% anual aunque el mercado
únicamente crezca un 5% anualmente. Lamentablemente, siente usted tal entusiasmo que paga un
precio demasiado elevado, y la acción pierde el 50% de su valor el primer año. Aunque la acción
posteriormente generase el doble del rendimiento del mercado, usted necesitará más de 16 años para
sobrepasar al mercado, simplemente porque pagó demasiado, y perdió demasiado, al principio.
Perder algo de dinero es parte inevitable de las actividades de inversión, y
no hay nada que se pueda hacer para evitarlo. Sin embargo, para ser un
inversor inteligente es necesario asumir la responsabilidad de asegurarse que
nunca se pierda la mayoría o la totalidad de su dinero. La diosa hindú de la
fortuna, Lakshmi, suele aparecer representada de pie, de puntillas, preparada
para salir corriendo en cuanto se parpadee. Para mantenerla simbólicamente
en su sitio, algunos de los devotos de Lakshmi atan su estatua con tiras de
tejido o clavan sus pies al suelo. Para el inversor inteligente, el «margen de
seguridad» de Graham desempeña una función similar: al negarse a pagar demasiado por una inversión, se reducen al mínimo las probabilidades de que
su patrimonio desaparezca o se destruya súbitamente.
Piense en este ejemplo: durante los cuatro trimestres que concluyeron en
diciembre de 1999, JDS Uniphase Corp., la empresa de fibra óptica, generó
673 millones de dólares en ventas netas, con las que sufrió una pérdida de 313
millones de dólares. Sus activos tangibles ascendían a 1500 millones de
dólares. Sin embargo, el 7 de marzo de 2000, las acciones de JDS Uniphase
alcanzaron los 153 dólares por acción, lo que arrojaba para la empresa un
valor total de mercado de aproximadamente 143 000 millones de dólares[2].
En aquel preciso momento, al igual que la mayoría de las acciones de
empresas de la «Nueva Era» se vino abajo. Cualquiera que hubiese comprado
acciones aquel día y las hubiera mantenido hasta finales del año 2002 tuvo
que hacer frente a las perspectivas indicadas en la figura 20.2.
FIGURA 20.2
Alcanzar el umbral de rentabilidad es muy difícil
Si hubiese adquirido acciones de JDS Uniphase a su precio máximo de 153,421 dólares el 7 de marzo
de 2000, y todavía las conservase a finales de 2002 (cuando cerró a 2,47 dólares), ¿cuánto tiempo
tardaría en volver a alcanzar el precio de compra a diversos tipos medios anuales de rendimiento?
Incluso con una sólida tasa de rendimiento anual del 10%, se necesitarían
más de 43 años para volver a recuperar el nivel en el que se compró esta
acción sobrevalorada.
El riesgo no está en nuestras acciones, sino en nosotros
El riesgo existe en otra dimensión: dentro de usted. Si sobreestima todo lo
que sabe realmente sobre las inversiones, o sobreestima su capacidad para
superar un desplome temporal de los precios, no importa cuál sea la
composición de su cartera o cuál sea la evolución del mercado. En última
instancia, el riesgo financiero no reside en los tipos de inversión que tenga en
cartera, sino en el tipo de inversor que sea usted. Si quiere saber de verdad
qué es el riesgo, vaya al baño más cercano y asómese al espejo. Eso es el
riesgo, lo que le mira desde el otro lado del espejo.
Cuando se mire en el espejo, ¿qué debería buscar? El psicólogo ganador
del premio Nobel, Daniel Kahneman, explica dos factores que caracterizan a
las buenas decisiones:
«Confianza bien calibrada» (¿entiendo esta inversión tan bien como a
mí me parece?).
«Sufrimiento bien anticipado» (¿cómo reaccionaré si mi análisis
resulta ser erróneo?).
Para averiguar si su confianza está o no bien calibrada, mire en el espejo y
pregúntese: ¿Qué probabilidades hay de que mi análisis sea correcto? Piense
cuidadosamente en estas cuestiones:
¿Qué experiencia tengo? ¿Qué tal lo he hecho en el pasado cuando me
he enfrentado a situaciones similares?
¿Cuál es el historial de otras personas que han tratado de hacer esto en
el pasado[3]?
Cuando yo compro, hay otra persona que vende. ¿Hasta qué punto es
probable que yo sepa algo que esta otra persona (o empresa) no sepa?
Cuando yo vendo, hay otra persona que compra. ¿Hasta qué punto es
probable que yo sepa algo que esta otra persona (o empresa) no sepa?
¿He calculado cuánto tiene que subir esta inversión para que recupere
mi dinero después de pagar impuestos y los costes de operación?
A continuación, mire en el espejo para averiguar si es usted el tipo de
persona que es capaz de anticipar correctamente su sufrimiento. Comience
por preguntarse: «¿Comprendo plenamente las consecuencias que tendría el
hecho de que mi análisis fuese erróneo?». Responda a esa pregunta teniendo
en cuenta estas cuestiones:
Si acierto, podría ganar mucho dinero. Sin embargo, ¿qué pasa si me
equivoco? Atendiendo a los resultados históricos de inversiones
similares, ¿cuánto podría llegar a perder?
¿Tengo otras inversiones que me ayuden a capear la situación si esta
decisión acaba siendo errónea? ¿Tengo acciones, obligaciones o
fondos con un historial contrastado de subida cuando este tipo de
inversión evoluciona a la baja? ¿Estoy arriesgando una cantidad
exagerada de mi capital con esta nueva inversión?
Cuando me digo: «Tienes una elevada tolerancia hacia el riesgo»,
¿cómo he llegado a saberlo? ¿He perdido alguna vez mucho dinero con
una inversión? ¿Cómo me sentí? ¿Compré más, o liquidé mi posición?
¿Me estoy basando únicamente en mi fuerza de voluntad para decidir
que no voy a ceder al pánico en el peor momento? ¿O he controlado
mi comportamiento anticipadamente mediante la diversificación,
mediante la firma de un contrato de inversión, y mediante la técnica
del promedio de coste monetario?
Debería recordar siempre, en las palabras del psicólogo Paul Slovic, que
«el riesgo es una combinación de dosis iguales de dos ingredientes:
probabilidades y consecuencias[4]». Antes de invertir, debería asegurarse de
que ha evaluado de manera realista su probabilidad de acertar y la forma en
que va a reaccionar a las consecuencias de haberse equivocado.
La apuesta de Pascal
El filósofo de inversión Peter Bernstein resume todo esto de otra manera.
Se remonta a Blaise Pascal, el gran matemático y teólogo francés
(1623-1662), que creó un experimento de reflexión según el cual un agnóstico
debía apostar sobre si Dios existía o no. Lo que debe poner en juego esta
persona para realizar la apuesta es su conducta en la vida; el premio definitivo
de la apuesta es el destino de su alma después de la muerte. En esta apuesta,
afirma Pascal, «la razón no puede decidir» la probabilidad de la existencia de
Dios. Dios existe o no existe, y únicamente la fe, que no la razón, puede dar
respuesta a esa pregunta. Sin embargo, mientras que las probabilidades en la
apuesta de Pascal son las mismas que cuando se arroja una moneda al aire, las
consecuencias son absolutamente claras e indiscutiblemente ciertas. Como
explica Bernstein:
Supongamos que actúa usted como si Dios existe y usted vive de manera virtuosa, en
abstinencia, cuando en realidad no hay Dios. Habrá renunciado a algunas cosas buenas de la Epílogo
vida, pero también habrá tenido recompensas. Por el contrario, supongamos que actúa usted
como si Dios no existiese y vive una vida de pecado, egoísmo y lujuria cuando en realidad
Dios existe. Es posible que se haya divertido y que haya tenido grandes emociones a lo largo
de la relativamente breve duración de su vida, pero cuando el día del juicio final llegue, estará
usted metido en un tremendo aprieto[5].
Bernstein llega a la siguiente conclusión: «A la hora de adoptar decisiones
en condiciones de incertidumbre, las consecuencias deben dominar a las
probabilidades. Nunca sabemos lo que va a pasar en el futuro». Por lo tanto,
al igual que le ha recordado Graham en todos los capítulos de este libro, el
inversor inteligente debe centrarse no sólo en conseguir que el análisis sea
correcto. También debe asegurarse frente a las pérdidas si su análisis resulta
ser erróneo, cosa que ocurrirá de vez en cuando incluso con los mejores
análisis. La probabilidad de cometer por lo menos un error en algún momento
de su vida de inversión es prácticamente del 100%, y esas probabilidades
están absolutamente fuera de su control. No obstante, usted sí que tiene
control sobre las consecuencias que tendría su equivocación. Muchos
«inversores» pusieron prácticamente todo su dinero en las acciones de las
empresas punto com en 1999; un estudio realizado online entre 1338
estadounidenses por la revista Money descubrió que prácticamente una
décima parte de ellos tenía, como mínimo, el 85% de su dinero invertido en
acciones de empresas de Internet. Al desentenderse de la recomendación de
Graham de contar con un margen de seguridad, estas personas apostaron por
la opción errónea de la apuesta de Pascal. Ante la certeza de que conocían las
probabilidades de acertar, no hicieron nada para protegerse frente a las
consecuencias de equivocarse.
Simplemente con mantener su cartera constantemente diversificada, y
negarse a arrojar su dinero a las últimas y alocadas modas que hayan captado
el interés del Sr. Mercado, podrá asegurar que las consecuencias de sus
errores nunca serán catastróficas. Sea lo que sea lo que el Sr. Mercado le
proponga, siempre podrá decir, con una tranquila confianza, «Esto también
pasará».