El inversor inteligente
Comentario al capítulo 11
«¿Me podrías indicar hacia dónde tengo que ir desde aquí?».
«Eso depende mucho del lugar al que quieras llegar», respondió el
Gato.
Alicia en el País de las Maravillas, Lewis Carroll
Poner un precio al futuro
¿Qué factores determinan cuánto debería estar usted dispuesto a pagar por
una acción? ¿Qué hace que una empresa valga 10 veces sus beneficios y otra
valga 20 veces sus beneficios? ¿Cómo puede estar usted razonablemente
seguro de que no está pagando una cantidad excesiva por un futuro
aparentemente rosa que se vaya a acabar convirtiendo en una pesadilla
espantosa?
Graham tiene la impresión de que hay cinco elementos que son
decisivos[1]. Los resume de la siguiente manera:
Las «perspectivas generales a largo plazo» de la empresa.
La calidad de su equipo directivo.
Su fortaleza financiera y su estructura de capital.
Su historial de dividendos.
Y su actual tasa de dividendos.
Analicemos estos factores a la luz del mercado actual.
Las perspectivas a largo plazo. Hoy en día, el inversor inteligente debería
comenzar por descargar las memorias anuales (Formulario 10-K) de por lo
menos cinco años de la página web de la empresa o de la base de datos
EDGAR que se encuentra en www.sec.gov[2]. Después tendría que repasar los
estados financieros, recopilando datos que le ayudasen a dar respuesta a dos
preguntas esenciales. ¿Qué hace crecer a esta empresa? ¿De dónde provienen
(y de dónde van a provenir en el futuro) sus beneficios? Entre los problemas
que hay que tratar de identificar están los siguientes:
Que la empresa sea una «adquirente en serie». Una media de más de
dos o tres adquisiciones al año es señal de problemas potenciales.
Después de todo, si la empresa prefiere comprar las acciones de otra
empresa en vez de invertir en sus propios negocios, ¿qué le impide a
usted captar la indirecta y buscar otras empresas? Además será
necesario comprobar el historial de adquisiciones de la empresa. Hay
que ser especialmente precavido con las sociedades bulímicas, aquellas
que engullen grandes adquisiciones para acabar vomitándolas después.
Lucent, Mattel, Quaker Oats y Tyco International están entre las
empresas que han tenido que regurgitar adquisiciones asumiendo
pérdidas de infarto. Otras empresas tienen que realizar
permanentemente cancelaciones contables o imputar cargas contables
que demuestran que han pagado cantidades excesivas por sus
adquisiciones del pasado. Eso es un mal presagio para las operaciones
que se puedan realizar en el futuro[3].
Que la sociedad sea adicta al dinero de otras personas, y que se
dedique incesantemente a suscribir deudas o colocar acciones para
conseguir toneladas de recursos ajenos. Estas enormes aportaciones de
dinero de otras personas se denominan «efectivo procedente de
actividades de financiación» en la cuenta de flujo de efectivo de la
memoria anual. Con estas inyecciones una empresa moribunda puede
tener aspecto saludable, aun cuando sus negocios subyacentes no
generen suficiente efectivo, como pusieron de manifiesto no hace
mucho tiempo los casos de Global Crossing y de WorldCom[4].
Que la empresa sólo tenga una bala en la recámara, y dependa de un
único cliente (o de un puñado de clientes) para obtener la mayor parte
de sus ingresos. En octubre de 1999, el fabricante de fibra óptica
Sycamore Networks Inc. salió a bolsa por primera vez. El folleto de
emisión revelaba que un único cliente, Williams Communications,
representaba el 100% de los 11 millones de dólares de ingresos totales
de Sycamore. Los operadores de mercado valoraron alegremente las
acciones de Sycamore en 15 000 millones de dólares. Por desgracia,
Williams quebró dos años después. Aunque Sycamore había
conseguido otros clientes, sus acciones perdieron el 97% entre 2000 y
2002.
Cuando estudie las fuentes de beneficios y de crecimiento, trate de
identificar tanto los aspectos positivos como los negativos. Entre las señales
positivas podemos destacar las siguientes:
Que la empresa tenga a su alrededor un amplio «foso», o ventaja
competitiva. Al igual que los castillos, es posible que algunas
empresas sean fácilmente conquistadas por los competidores que las
ataquen, mientras que otras son prácticamente inexpugnables. Hay
diversas fuerzas que pueden ampliar el foso que rodea a una empresa:
una fuerte identidad de marca (piense en Harley Davidson, cuyos
compradores se tatúan el logotipo de la empresa en sus cuerpos); un
monopolio o un cuasimonopolio sobre el mercado; economías de
escala, con la capacidad de suministrar grandes cantidades de bienes o
servicios de manera económica (piense en Gillette, que produce hojas
de afeitar a toneladas); un activo intangible único (piense en
Coca-Cola, cuya fórmula secreta de jarabe aromático no tiene
verdadero valor material pero ejerce un impagable dominio sobre los
consumidores); y una resistencia a la sustitución (para la mayor parte
de las empresas no hay alternativa viable a la electricidad, por lo que
es muy poco probable que las empresas eléctricas vayan a ser
sustituidas en breve por empresas de otro tipo[5]).
Que la empresa sea corredor de maratón y no de los cien metros. Al
observar las cuentas de resultados históricas, se podrá apreciar si los
ingresos y los beneficios netos han ido creciendo de manera firme y
uniforme durante los diez años anteriores. Un reciente artículo
publicado en el Financial Analysts Journal confirmaba lo que otros
estudios (y la triste experiencia de muchos inversores) ya habían
puesto de manifiesto: que las empresas que experimentan un
crecimiento más rápido suelen tener tendencia al excesivo
calentamiento y a los estallidos[6]. Si los ingresos están creciendo a un
ritmo a largo plazo del 10% antes de impuestos (o a una cifra de entre
el 6% y el 7% después de impuestos), ese crecimiento puede ser
sostenible. Sin embargo, un crecimiento del 15%, como el que muchas
empresas se marcan como objetivo, es ilusorio. Una tasa de
crecimiento aún mayor, o un súbita expansión explosiva de
crecimiento concentrada en uno o dos años tenderá a desaparecer, con
certeza, de la misma manera que desaparecería de la cabeza de la
carrera un corredor inexperto de maratón que intentase recorrer toda la
distancia como si se tratase de una carrera de cien metros.
Que la empresa siembre y coseche. Por buenos que sean sus productos
o por potentes que sean sus marcas, la empresa debe dedicar dinero a
promover nuevas actividades. Aunque el gasto en investigación y
desarrollo no es una fuente de crecimiento en el momento actual, sí
que puede ser la fuente de crecimiento del futuro, en especial si la
empresa tiene un historial contrastado de rejuvenecimiento de sus
líneas de actividad con nuevas ideas y bienes de equipo. El
presupuesto medio de investigación y desarrollo varía de un sector a
otro y de una empresa a otra. Durante el ejercicio 2002,
Procter & Gamble destinó aproximadamente el 4% de su volumen neto
de ventas a la investigación y desarrollo, mientras que 3M destinó el
6,5% y Johnson & Johnson el 10,9%. A largo plazo, una empresa que
no gaste nada en I+D será, por lo menos, tan vulnerable como otra que
gaste demasiado.
La calidad y el comportamiento del equipo directivo. Los ejecutivos de la
empresa deberían explicar qué van a hacer, y después deberían hacer lo que
han dicho que iban a hacer. Lea las memorias anuales de los ejercicios
anteriores para descubrir las previsiones realizadas por los directivos y para
comprobar si las han cumplido o si se han quedado cortos. Los directivos
deberían reconocer abiertamente sus fallos y asumir la responsabilidad por
ellos, en vez de culpar a víctimas propiciatorias que lo mismo sirven para un
roto que para un descosido, como por ejemplo «la economía», «la
incertidumbre», o una «débil demanda». Compruebe si el tono y el contenido
de la carta del presidente del consejo de administración se mantiene más o
menos constante, o si va cambiando siguiendo las últimas modas de Wall
Street. (Preste especial atención a los años de crecimiento explosivo, como
1999: ¿Anunciaron súbitamente los ejecutivos de una empresa de cemento o
de ropa interior que estaban «en la vanguardia de la revolución del software
de transformación»?).
Estas preguntas también pueden ayudarle a determinar si las personas que
dirigen la empresa van a actuar en beneficio de las personas que son
propietarias de la empresa:
¿Están tratando de alcanzar el número uno?
Una empresa que pague a su consejero delegado 100 millones de
dólares al año haría mejor en tener un buen motivo para hacerlo. (¿Tal
vez ha descubierto, y patentado, la fuente de la juventud? ¿O tal vez ha
descubierto El Dorado y lo ha comprado por 1 dólar el metro
cuadrado? ¿O ha entrado en contacto con vida en otro planeta y ha
negociado un contrato que obliga a los alienígenas a comprar todos sus
suministros a una sola empresa en toda la Tierra?). De lo contrario,
este tipo de indecente aquelarre salarial sugiere que la empresa está
gestionada por los directivos, en beneficio de los directivos.
Si una empresa modifica la cotización de (o hace «nuevas
emisiones» o «canjea») sus opciones sobre acciones ofrecidas a los
directivos, manténgase alejado de ella. Con estas artimañas, una
empresa cancela las opciones sobre acciones existentes (que
normalmente no tendrán ningún valor) que se habían ofrecido a
directivos y empleados y las sustituye por otras nuevas a precios
ventajosos. Si nunca se permite que su valor llegue a cero, mientras
que su potencial de beneficio siempre es infinito, ¿cómo se puede
afirmar que las opciones promueven una buena administración de los
activos de la empresa? Cualquier empresa establecida que se dedique a
modificar el precio de sus opciones, de la forma en que lo han hecho
docenas de empresas de alta tecnología, estará actuando de manera
escandalosa. Cualquier inversor que compre acciones de ese tipo de
empresas estará pidiendo a gritos que lo esquilmen.
Si examina la memoria anual en busca de la nota al pie obligatoria
relativa a las opciones sobre acciones, podrá observar hasta dónde
cuelga el «faldón de opciones pendientes». AOL Time Warner, por
ejemplo, declaró en la portada de su memoria anual que tenía 4500
millones de acciones ordinarias en circulación a 31 de diciembre de
2002, pero en una nota al pie escondida en medio de la memoria se
revelaba que la empresa había emitido opciones sobre 657 millones de
acciones más. Por lo tanto, los futuros beneficios de AOL tendrán que
dividirse entre el 15% más de acciones. Se debería tener en cuenta la
potencial riada de nuevas acciones procedente de opciones sobre
acciones siempre que se trate de calcular el valor futuro de una
empresa[7].
El «Formulario 4», que está disponible a través de la base de datos
EDGAR en www.sec.gov, revela si los altos ejecutivos y los
consejeros de una empresa han estado comprando o vendiendo
acciones. Es posible que existan motivos lícitos para que una persona
de dentro de la empresa venda acciones, como por ejemplo el interés
por diversificar su cartera de inversión, la compra de una casa más
grande o un acuerdo de divorcio; sin embargo, una serie reiterada de
grandes ventas debe interpretarse como una enorme bandera roja. No
es muy razonable que el directivo siga siendo socio suyo si no deja de
vender mientras que usted compra.
¿Son gestores o promotores?
Los ejecutivos deberían dedicar la mayor parte de su tiempo a
gestionar su empresa en privado, y no a promocionarla entre el público
que invierte. Con demasiada frecuencia los consejeros delegados se
quejan de que sus acciones tienen una cotización demasiado baja, por
mucho que dicha cotización suba, olvidándose de la insistencia de
Graham en que los directivos deberían esforzarse por evitar que la
cotización de las acciones baje en exceso o suba exageradamente[8].
Mientras tanto, son demasiados los directores de finanzas que ofrecen
«orientaciones sobre beneficios» o estimaciones aproximadas de los
beneficios trimestrales que va a obtener la empresa. Y algunas
empresas se muestran más aficionadas a darle al (auto) bombo que el
famoso Manolo, lanzando constantemente comunicado de prensa tras
comunicado de prensa, en los que se enorgullecen de «oportunidades»
temporales, triviales o de dudosa existencia.
Unas cuantas empresas, entre las que se puede mencionar a
Coca-Cola, Gillette y USA Interactive han empezado a hacer caso a las
autoridades sanitarias y «simplemente, dicen no» a la obsesión
cortoplazista de Wall Street. Estas pocas empresas valientes están
aportando más datos sobre sus presupuestos actuales y sus planes a
largo plazo, a la vez que se niegan a especular sobre lo que puede
ocurrir en los próximos 90 días. (Si desea examinar un modelo de
comunicación sincera y justa que una empresa puede mantener con sus
inversores, vaya a la base de datos EDGAR en www.sec.gov y
examine las declaraciones 8-K presentadas por Expeditors
International de Washington, que periódicamente publica sus
extraordinarios diálogos de preguntas y respuestas con los accionistas
en dicho sitio).
Por último, pregúntese si las prácticas de contabilidad de la
empresa están diseñadas para que sus resultados financieros sean
transparentes, o si lo que persiguen es que sean opacos. Si las cargas
«no recurrentes» no dejan de recurrir, si las partidas «extraordinarias»
aparecen con tanta frecuencia que lo único que se puede decir de ellas
es que son ordinarias, si los acrónimos como EBITDA adquieren
prioridad sobre los resultados netos, o si se recurre a la publicación de
beneficios «proforma» para enmascarar pérdidas reales, es posible que
esté observando a una empresa que todavía no ha aprendido a poner
los intereses a largo plazo de sus accionistas en primer lugar[9].
Fortaleza financiera y estructura de capital. La definición más sencilla y
básica que es posible dar sobre una buena actividad empresarial es la
siguiente: genera más efectivo del que consume. Los buenos directivos no
dejan de encontrar formas de destinar ese efectivo a un uso productivo. A
largo plazo, las empresas que cumplen este criterio acabarán, de manera prácticamente segura, creciendo en valor, al margen de la evolución que siga
el mercado de valores.
Empiece por examinar la cuenta de flujo de efectivo incluida en la
memoria anual de la empresa. Compruebe si el efectivo procedente de las
operaciones ha aumentado de manera firme, sostenida y uniforme durante los
diez últimos años. Después de hacerlo, puede profundizar aún más. Warren
Buffett ha popularizado el concepto de beneficios del propietario, o lo que es
lo mismo, beneficios netos más amortización y depreciaciones, menos los
gastos de capital normales. Como afirma el gestor de cartera Christopher
Davis, de Davis Selected Advisors: «Si fuese el propietario al 100% de esta
empresa, ¿cuánto dinero en efectivo tendría en el bolsillo al final del año?».
Al introducir ajustes relativos a partidas contables, como la amortización y la
depreciación, que no afectan a los saldos de efectivo de la empresa, los
beneficios del propietario pueden ser una medida más apropiada que los
beneficios netos declarados. Para ajustar más la definición de beneficios del
propietario también debería deducir las siguientes partidas de los beneficios
netos declarados:
Todos los costes de concesión de opciones sobre acciones, que desvían
los beneficios de los accionistas actuales canalizándolos hacia los
bolsillos de los nuevos propietarios que trabajan en la empresa.
Todas las partidas «inusuales», «no recurrentes», o «extraordinarias».
Cualquier tipo de «ingreso» procedente del fondo de pensiones de la
empresa.
Si los beneficios del propietario por acción han crecido a una media
firmemente sostenida de por lo menos el 6% o el 7% durante los diez últimos
años, la empresa es una generadora estable de efectivo, y sus perspectivas de
crecimiento son buenas.
A continuación, observe la estructura de capital de la empresa. Examine el
balance para comprobar qué volumen de recursos ajenos (acciones preferentes
incluidas) tiene la empresa; en general, el endeudamiento a largo plazo
debería estar por debajo del 50% del capital total. En las notas a los estados
financieros compruebe si el endeudamiento a largo plazo está contratado a
tipo fijo (lo que supone que los pagos de intereses serán constantes) o a tipo
variable (lo que supondría que los pagos por intereses fluctuarán a lo largo del
tiempo, y que podrían acabar siendo muy costosos en el caso de que se
produjese una subida de los tipos de interés).
Examine en la memoria anual el cuadro o la cuenta que muestre el «ratio
de beneficios a cargas fijas». Ese cuadro en la memoria anual de
Amazon.com correspondiente al ejercicio 2002 muestra que los beneficios de
Amazon se quedaron a 145 millones de dólares de cubrir sus costes por
intereses. En el futuro, Amazon tendrá que conseguir muchos más ingresos
con sus operaciones o encontrar la forma de tomar prestado dinero a tipos de
interés más bajos. De lo contrario, la empresa podría acabar siendo propiedad
no de sus accionistas, sino de sus obligacionistas, que podrían acabar
reclamando los activos de Amazon si no tuviesen otra forma de garantizar los
pagos de intereses que se adeudan. (Para ser justos, hay que reconocer que el
ratio de beneficios a cargas fijas de Amazon fue mucho más saludable en
2002 que dos años antes, cuando los beneficios se quedaron a 1100 millones
de dólares de cubrir los pagos de la deuda).
A continuación haremos unos breves comentarios sobre los dividendos y
la política de acciones (hay indicaciones adicionales en el capítulo 19):
La carga de la prueba de demostrar que es mejor para los accionistas
no recibir dividendos recae sobre la empresa. Si la empresa ha
conseguido de manera constante mejores resultados que la
competencia, tanto en un entorno favorable como en un entorno
desfavorable de mercado, estará relativamente claro que sus directivos
están aplicando de manera óptima el dinero en efectivo. Sin embargo,
si la actividad de la empresa pierde fuelle, o si sus acciones cosechan
peores resultados que las de sus rivales, los directivos y los consejeros
estarán haciendo un uso inadecuado del efectivo, en caso de que se
nieguen a abonar dividendos.
Las empresas que recurren reiteradamente al desdoblamiento de sus
acciones, y que anuncian estas operaciones en arrebatadores
comunicados de prensa, están tratando a sus inversores como si fuesen
tontos. Como Yogi Berra, que quería que le cortasen la pizza en cuatro
trozos «porque no creo que pueda comerme ocho», los accionistas a
los que les encanta el desdoblamiento de las acciones se olvidan de lo
que realmente es importante. Dos acciones con un valor nominal de 50
dólares no valen más que una acción con un valor de 100 dólares. Los
directivos que recurren a esta técnica para animar la cotización de sus
acciones están promoviendo y aprovechándose de los peores instintos
del público inversor, y el inversor inteligente debería pensárselo dos
veces antes de entregar cualquier cantidad de dinero a ese tipo de
manipuladores condescendientes [10].
Las empresas deberían recomprar sus acciones cuando están baratas,
no cuando están rozando los máximos históricos. Por desgracia, ha
empezado a ser bastante habitual que las empresas vuelvan a comprar
sus acciones en momentos en los que su cotización es excesiva. No
hay forma más desfachatada de malgastar el efectivo de una empresa,
puesto que el objetivo real de esa maniobra consiste en permitir que
los altos ejecutivos se embolsen suculentos y multimillonarios sobres
vendiendo, en nombre de la «ampliación del valor para el accionista»,
las opciones sobre acciones de las que son titulares.
Hay abundantes pruebas incidentales, de hecho, que sugieren que los
directivos que hablan de «aumentar el valor para el accionista» raramente lo
hacen. En el mundo de la inversión, como en la vida en general, la victoria
definitiva suele corresponder a los que hacen cosas, no a los que hablan.