Tratado sobre los vampiros
Capítulo 17
Revinientes de los países septentrionales
TOMÁS BARTHOLIN HIJO, en su tratado titulado De las causas del desprecio de la muerte
entre los antiguos daneses, refiere[44] que cierto islandés llamado Hordus veía a los espectros con sus propios ojos y se batía luchando contra ellos. Esos pueblos no tenían la menor duda que las almas de los muertos volviesen con sus cuerpos, que luego abandonaban para regresar a la tumba. Bartholin cuenta en particular que un tal Asmond, hijo de Alfus, que se había hecho encerrar vivo en el sepulcro de su difunto amigo Asvito, llevándose provisiones para comer, fue sacado poco después todo sangrando, luego de haber estado combatiendo con Asvito, que había vuelto y lo había atacado cruelmente.
Después de esto refiere que los poetas enseñan a evocar las almas por la fuerza de la magia, almas que vuelven en los cuerpos que no están corrompidos, aunque lleven mucho tiempo muertos. Muestra que los judíos han creído lo mismo, que las almas volvían de vez en cuando a visitar sus cuerpos muertos durante el primer año de su deceso. Hace ver que los antiguos pueblos septentrionales estaban persuadidos de que las personas que habían fallecido recientemente se aparecían a menudo con sus cuerpos, de lo que refiere diversos ejemplos. Añade que se atacaba a los espectros peligrosos que atormentaban y maltrataban a todos aquellos que tuviesen campos en los alrededores de sus tumbas; y que le cortaron la cabeza a un tal Gretter, que volvía de esta forma. Otras veces les atravesaban el cuerpo con una estaca, y así se les clavaba en el suelo:
Nam ferro secui mox caput ejus,
peifodique nocens stipite corpus.[45]
Otras veces más se sacaba el cuerpo de la tumba y lo reducían a cenizas: es lo que se hizo con un espectro llamado Gardus, al que tenían por autor de todas las funestas apariciones que en el invierno habían tenido lugar.