Tratado sobre los vampiros
Capítulo 3
Resurrección de un hombre enterrado hacía tres años,
resucitado por San Estanislao
TODAS LAS VIDAS de santos están llenas de resurrecciones de muertos, con las que se podrían componer gruesos volúmenes.
Estas resurrecciones tienen una relación manifiesta con la materia que aquí tratamos, porque se trata de personas muertas, o tenidas por tales, que se aparecen en cuerpo y en alma a los vivos, y que viven después de la resurrección. Me contentaré con referir la historia de san Estanislao obispo de Cracovia, que resucitó a un hombre muerto desde hacía tres años, con circunstancias tan singulares y de una manera tan pública que la cosa está por encima de la más severa crítica; si es verdadera, debe ser considerada como uno de los más insignes milagros que se leen en la historia. Se
alega que la vida del santo fue escrita en el tiempo de su martirio[10], o poco tiempo después, por diferentes autores exactamente informados; pues el martirio del santo, y sobre todo la resurrección del muerto de que vamos a hablar, han sido vistos y conocidos por una infinidad de personas, por toda la corte del rey Boleslao; y este acontecimiento habiendo tenido lugar en Polonia, donde los vampiros son frecuentes todavía hoy, concierne por este respecto más particularmente al asunto de que tratamos.
El obispo san Estanislao, habiendo comprado a un gentilhombre llamado Pedro una tierra situada sobre el Vístula, en el territorio de Lublin, en provecho de su iglesia de Cracovia, le pagó el precio al vendedor en presencia de testigos y con las solemnidades requeridas en el país, pero sin escrituras; pues entonces no se escrituraban sino muy raramente en Polonia estas compraventas, sino que se contentaban con testigos. Estanislao tomó posesión de esta tierra por la autoridad del rey, y su iglesia gozó apaciblemente de ella alrededor de tres años.
En el intervalo murió Pedro, el que la había vendido. El rey de Polonia Boleslao, que había concebido un odio implacable contra el santo obispo, que le había reprendido libremente sus excesos, buscando la ocasión de hacerle daño, incitó a los tres hijos y herederos de Pedro para que reclamasen la tierra que su padre había vendido, so pretexto de que no había sido pagada; les prometió apoyar su demanda, y hacer que recobrasen la tierra. Estos tres gentilhombres, en consecuencia, citaron al obispo en presencia del rey, que estaba entonces en Solec ocupado en impartir justicia en su tienda de campaña, según las antiguas costumbres del país, durante la asamblea general de la nación. Se citó al obispo delante del rey, y sostuvo que había comprado y pagado la tierra en disputa. Los testigos no se atrevieron a dar testimonio de la verdad. El lugar en que se celebraba la asamblea estaba muy cerca de Pietravin, que era el nombre de la tierra en discusión. El día comenzaba a ponerse, y el obispo corría gran riesgo de ser condenado por el rey y sus consejeros. De repente, como inspirado por el espíritu divino, prometió al rey llevarle en tres días a Pedro, su vendedor; la condición fue aceptada con burlas, como imposible de ejecutar.
El santo obispo se vuelve a Pietravin, donde permanece en oración y ayuno con los suyos durante los tres días. El tercero marcha en hábitos pontificales, acompañado del clero y de una multitud del pueblo, a la tumba de Pedro, hace levantar la lápida y cavar hasta que se encontró el cadáver del muerto descarnado ya y corrompido. El santo le ordena salir, para ir a dar testimonio de la verdad ante el tribunal del rey. Se levanta; se le cubre con un manto; el santo lo coge de la mano y lo lleva vivo a los pies del rey. Nadie tuvo la osadía de interrogarlo; pero él tomó la palabra, y declaró que había vendido de buena fe la tierra al prelado, y que había recibido el precio de ella; después de lo cual reprendió severamente a sus hijos, que habían acusado tan maliciosamente al santo obispo.
Estanislao le preguntó si deseaba permanecer en vida para hacer penitencia; él se lo agradeció, pero dijo que no quería exponerse de nuevo al riesgo de pecar. Estanislao lo condujo de nuevo a la tumba, habiendo llegado a la cual, se durmió de nuevo en el Señor. Se puede juzgar que una escena semejante tuvo infinidad de testigos, y que toda Polonia fue informada de ello al instante. El rey se irritó todavía más contra el santo. Lo mató algún tiempo después con su propia mano, cuando salía del altar, e hizo cortar su cuerpo en 72 partes, a fin de que no pudiesen reunirlas para darles el culto que les era debido, como al cuerpo de un mártir de la verdad y de la libertad pastoral.
Venimos ahora a lo que constituye la principal materia de estas investigaciones, que son los vampiros o revinientes de Hungría y de Moravia, y otros semejantes, que se aparecen solamente por poco tiempo en sus cuerpos naturales.