Tratado sobre los vampiros

Augustin Calmet · Capítulo 50 de 66

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Tratado sobre los vampiros

Capítulo 47

 

Razonamiento sobre esta materia

 

LOS AUTORES HAN RAZONADO mucho sobre estos sucesos.

1. Unos los han creído milagrosos.

2. Otros los han visto como puro efecto de imaginaciones fuertemente alteradas o de arraigados prejuicios.

3. Otros han pensado que no había en todo esto sino algo muy simple y natural, al no estar esas personas verdaderamente muertas y, por tanto, poder obrar naturalmente sobre los otros cuerpos.

4. Otros han pretendido que era obra del mismo demonio. Entre éstos algunos han

mantenido[147] que hay demonios benignos, diferentes a los demonios malhechores y enemigos del hombre, a los que han atribuido acciones juguetonas e indiferentes, para distinguirlos de los malos demonios que inspiran a los hombres el crimen y el pecado, que los maltratan y les causan la muerte y una infinidad de males. Pero ¿qué mayores males se pueden temer de los verdaderos demonios y de los más malignos espíritus que los que los revinientes de Hungría causan a las personas que chupan hasta matarlos?

5. Otros dicen que no son los muertos los que se comen sus propias carnes o vestiduras, sino serpientes, o ratas, topos, linces o cualesquiera otros animales

voraces, o incluso los que los paganos llamaban estrigas[148], que son unos pájaros que devoran a los animales y a los hombres, y que les chupan la sangre. Algunos han afirmado que estos ejemplos se daban principalmente en las mujeres, y sobre todo en tiempos de peste; pero tenemos ejemplos de revinientes de todo sexo, y sobre todo de hombres; aunque los que hayan muerto de peste, envenenamiento, rabia, ebriedad o de una enfermedad epidémica sean más proclives a volver, al parecer porque su sangre se coagula más difícilmente, y además porque a veces se entierra a algunos que no están muertos del todo, del miedo que hay a dejarlos demasiado tiempo sin sepultura y que puedan contagiar a otros.

Se añade que los vampiros no se conocen sino en ciertos países como Hungría, Moravia o Silesia, que son donde estas enfermedades son más comunes, y donde los pueblos, que están mal alimentados, son propensos a padecer ciertos desarreglos causados u ocasionados por el clima y la alimentación, y aumentados por los prejuicios, la imaginación y el terror, capaces de producir o de acrecentar las más peligrosas enfermedades, como la experiencia diaria nos lo prueba a cada momento. En cuanto a lo que algunos sostienen que se oye a algunos muertos que comen o mastican como los cerdos en la tumba, esto es manifiestamente fabuloso, y no puede basarse sino en ridículas prevenciones.