Tratado sobre los vampiros
Capítulo 27
Gentes que van en peregrinación después de muertos
HABIENDO MUERTO en la excomunión un estudiante de la ciudad de Saint-Pons, cerca
de Narbona[77], se apareció a uno de sus amigos, y le rogó que fuese a la ciudad de Rhòdes a pedir su absolución al obispo. El amigo se puso en camino mientras estaba nevando; el espíritu que lo acompañaba sin que lo viesen le iba mostrando el camino y quitando la nieve que le estorbaba. Habiendo llegado a Rhòdes y obtenido la absolución para su amigo, el espíritu le condujo de vuelta a Saint-Pons, le dio las gracias por el servicio que le había prestado, y se despidió de él, prometiéndole testimoniar su reconocimiento.
He aquí una letra que me han escrito el 5 de abril de 1745, y que tiene cierta relación con lo que acabamos de ver: «Ha sucedido aquí una cosa estos últimos días relacionada con vuestra Disertación sobre los revinientes, que creo que debía escribíroslo. Un hombre de Létraye, ciudad a algunas leguas de Remiremont, perdió a su mujer a comienzos de febrero último, y se ha vuelto a casar la semana antes de cuaresma. A las once de la noche del día de su boda, su mujer se apareció y habló a la nueva esposa; el resultado de la entrevista fue obligar a la nueva desposada a cumplir siete peregrinaciones por la difunta. A partir de ese día y siempre a la misma hora, la difunta se apareció y habló en presencia del cura del lugar y de diversas personas; el 15 de marzo, en el momento en que la mujer se disponía a partir para ir a san Nicolás, recibió la visita de la difunta, que le dijo que se apresurase, y que no se asustase por las penas que tuviese que sufrir en el viaje».
«La mujer se puso en ruta acompañada de su marido, su cuñado y su cuñada, sin esperarse que la muerta formaría también parte de la comitiva; hasta la puerta de la iglesia de san Nicolás no la abandonó. Habiendo llegado esas buenas gentes a dos leguas de san Nicolás, se vieron obligados a alojarse en el albergue conocido por La Barraca. Allí la mujer se encontró tan mal que los dos hombres se vieron obligados a llevarla hasta el hurgo de san Nicolás. En seguida que estuvo ella bajo la puerta de la iglesia, pudo marchar sin dificultad y no volvió a sentir ningún dolor. El hecho me ha sido referido, a mí y a nuestro padre sacristán, por las cuatro personas en cuestión; lo último que la difunta dijo a la nueva desposada fue que no volvería a hablarle ni a verla una vez que hubiese cumplido la mitad de las peregrinaciones. La manera simple y natural con que esas buenas gentes nos han contado el sucedido me lleva a creer que es cierto».
No se dice que la joven mujer hubiese incurrido en excomunión, sino que, al parecer, estaba ligada por el voto o la promesa que había hecho de cumplir las peregrinaciones, de las que encargó a la otra joven que le había sucedido; también vemos que ella no llegó a entrar en la iglesia de san Nicolás, sino que acompañó solamente a los peregrinos hasta la puerta de la iglesia.
Podemos añadir aquí el ejemplo de la multitud de peregrinos que, en tiempos del Papa León IX, pasaron a los pies de las murallas de Narni, como lo he referido más arriba, y que cumplían su purgatorio yendo de peregrinación en peregrinación.