Tratado sobre los vampiros

Augustin Calmet · Capítulo 60 de 66

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Tratado sobre los vampiros

Capítulo 57

 

Visión de san Fursí

 

LA VIDA DE SAN FURSÍ[196], que fue escrita poco después de su muerte, sucedida en tomo al año 653, refiere diversas visiones del santo. Habiendo caído gravemente enfermo y no pudiendo moverse, se vio en medio de las tinieblas como levantado por las manos de tres ángeles, que se lo llevaron fuera del mundo y que después lo volvieron a traer e hicieron que su alma entrase de nuevo en el cuerpo para concluir aquello a que Dios lo destinaba. Entonces se encontró en medio de varias personas que lo lloraban como si hubiese muerto, y que le contaron cómo la víspera de repente había caído desfallecido, de tal modo que pensaban que había fallecido. Hubiese deseado tener en este instante a personas inteligentes a quienes contar lo que había visto. Pero no habiendo a su lado más que gente rústica, pidió y recibió la comunión del cuerpo y la sangre del Salvador, y vivió todavía tres días más.

El martes siguiente cayó en un desfallecimiento semejante a la mitad de la noche; sus pies estaban fríos, y elevando las manos en signo de oración, recibió la muerte con alegría; después vio que descendían los mismos tres ángeles que ya lo habían conducido antes. Lo elevaron como la primera vez; pero, en vez de los cantos melodiosos y agradables que entonces había oído, no escuchó sino los aterradores aullidos de los demonios, que comenzaron a combatir contra él y que le lanzaban dardos inflamados. El ángel del Señor los detenía con su escudo y los apagaba. El demonio reprochó a Fursí algunos malos pensamientos y algunas debilidades humanas; pero los ángeles lo defendían diciendo: «Si no ha cometido pecados capitales, no perecerá».

No pudiendo el demonio reprocharle nada que fuese digno de la muerte eterna, vio a dos santos de su país, san Beán y san Medán, que lo consolaron y le anunciaron los males con que Dios debía castigar a los hombres, a causa principalmente de los pecados de los doctores de la Iglesia y de los príncipes que gobiernan a los pueblos; los doctores por su negligencia en anunciar la palabra de Dios, y los príncipes por los malos ejemplos que daban a sus pueblos. Después de lo cual lo enviaron de regreso a su cuerpo.

Entró en él con repugnancia, y comenzó a contar todo lo que había visto. Le dieron friegas en el cuerpo con aguardiente, y sintió gran calor entre los dos hombros.

Después de esto se puso a predicar por toda la Hibernia; y Beda el Venerable[197] dice que había en su monasterio un viejo monje que decía que había conocido a una persona muy grave y digna de fe, que había oído contar las visiones al mismo san Fursí. El santo no dudaba que su alma no se hubiese separado del cuerpo cuando fue raptado en éxtasis.