Tratado sobre los vampiros
Capítulo 60
Imposibilidad moral de que los revinientes salgan de las
tumbas
HE PROPUESTO YA la objeción fundada en la imposibilidad de que los vampiros salgan de las tumbas y vuelvan a entrar en ellas, sin que parezca que hayan removido la tierra al salir y al entrar; nadie nunca ha podido responder a esta dificultad, ni responderá jamás. Decir que el demonio sutiliza y espiritualiza los cuerpos de los vampiros es afirmar una cosa sin prueba ni verosimilitud.
La fluidez de la sangre, la color bermeja, la flexibilidad de los vampiros no deben sorprendernos, ni tampoco que les crezcan las uñas y los cabellos, ni que los cuerpos permanezcan incorruptos. Vemos todos los días cuerpos que no experimentan corrupción y que conservan un color bermejo después de la muerte. Esto no resulta extraño en los que mueren sin enfermedad de muerte súbita, o de ciertas enfermedades conocidas por los médicos que no quitan la fluidez de la sangre ni la flexibilidad de los miembros.
Respecto al crecimiento de los cabellos y de las uñas en los cuerpos que no están corrompidos, la cosa es completamente natural. Sigue existiendo en estos cuerpos una cierta circulación lenta e imperceptible de los humores que causa ese crecimiento de las uñas y de los cabellos, del mismo modo que vemos todos los días las cebollas ordinarias y los bulbillos crecer y aumentar, aunque sin ningún alimento ni humedad extraídos de la tierra.
Podemos decir otro tanto de las flores, y en general de todo lo que depende de la vegetación en los animales y en las plantas.
La persuasión en que están los pueblos de Grecia del retorno de los brucolacos no está mejor fundada que la de los vampiros y revinientes. Únicamente la ignorancia, el prejuicio y el terror han dado nacimiento entre los griegos a esta vana y ridícula creencia que se ha mantenido hasta nuestros días. La relación que hemos referido del señor de Tournefort, testigo ocular y buen filósofo, bastará para desengañar a los que todavía pretendiesen mantenerla.
La no corrupción o la incorruptibilidad de los que han fallecido en la excomunión está todavía menos fundada que el retorno de los vampiros y las vejaciones que los brucolacos causan a los vivos: la antigüedad no ha creído en nada semejante. Los griegos cismáticos y los herejes separados de la iglesia romana, que han muerto ciertamente en la excomunión, deberían, pues, según este principio, permanecer incorruptos, lo que es contra la experiencia y repugna al buen sentido; y si los griegos pretenden ser la verdadera iglesia, entonces todos los católicos romanos, que han dejado de estar en comunión con ellos, deberían permanecer también incorruptibles. Los ejemplos citados por los griegos o no prueban nada o prueban demasiado. Los cuerpos que no se han corrompido, ¿estaban realmente excomulgados o no? Si no estaban señaladamente y realmente excomulgados, su no corrupción no prueba nada; e, incluso, si hubiesen estado verdadera y señaladamente excomulgados, todavía habría que probar que no existía ninguna otra causa de su no corrupción, lo que no se probará jamás.
Además, una cosa tan equívoca como la no corrupción no puede emplearse como prueba en una materia tan seria como ésta. Se conviene en que a menudo los cuerpos de los santos son preservados de la corrupción; esto pasa por cierto entre los griegos como entre los latinos; por tanto, no se puede concluir que esta misma no corrupción sea una prueba de que una persona esté excomulgada.
En fin, la prueba es unívoca y general, o solamente particular: quiero decir, todos los excomulgados permanecen incorruptos, o solamente algunos. No se puede sostener que todos los que mueren en la excomunión sean incorruptibles. Sería preciso para esto que todos los latinos respecto a los griegos, o los griegos respecto a los latinos, fuesen incorruptibles, lo que no es el caso. La prueba es, pues, frívola y no concluye nada. Desconfío mucho de todas las historias que se refieren para probar la presunta no corrupción de los excomulgados. Si las examinásemos de cerca, encontraríamos sin duda muchas falsedades.